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Diario YA

La innovación agrícola en el siglo XXI

La agricultura es desde hace milenios uno de los medios de producción más importantes para el hombre. Es de esperar, por tanto, que las innovaciones tecnológicas, de gestión y producción estén constantemente renovando al sector para hacerlo más rentable, más seguro de acuerdo con las exigencias de la población y más eficiente para combatir, adaptarse y superar el cambio climático de este siglo y sus repercusiones negativas que inciden en el quehacer agrícola.
El siglo XXI, con la llegada de las tecnologías de información y de comunicación y la sociedad del conocimiento, ha sido el siglo más productivo en cuanto a innovaciones en la agricultura.

Innovaciones tecnológicas en la agricultura moderna
Desde los años sesenta del siglo pasado se pueden rastrear los primeros cambios a la modernidad en el modo en que se gestiona la producción agrícola. Pese a ello, no es hasta la entrada de este siglo cuando las empresas, compañías y todos los sectores de la agricultura asumen el compromiso de adaptarse a lo que ya es la inminente penetración de la tecnología en la vida diaria. De igual modo, cada vez son más los simposios y conferencias internacionales que versan son el AgTech (tecnología agrícola y agropecuaria) y hasta el agricultor más apartado de la ciudad está al tanto de algunas variables que ayudan a contrarrestar los efectos adversos de los malos cultivos.
En este orden de ideas, los productores tienen a su favor algunas innovaciones que se han instalado en el sector para contribuir a una siembra más rentable. A saber, los más importantes son los reseñados a continuación.

Mejora en la calidad de los productos de cultivo
Lo cual ha sido respaldado por tratados y convenios internacionales para lograr un cambio definitivo a una agricultura ecológica (la Unión Europea, por ejemplo, está en pleno apogeo de su plan Horizon 2020, para el cual ha destinado un promedio de 80 mil millones de euros). La calidad de los productos incide en una mejora de los cultivos y es por ello que las empresas han realizado una  inversión en productos de calidad. Tal es el caso, por ejemplo, de Symborg cuyos regeneradores microbianos e inoculantes biológicos proporcionan las mejores condiciones para una siembra productiva.

Incursión en métodos de labranza cero
El cual consiste en la preparación previa de las tierras de cultivo sin la necesidad de utilizar equipos mecánicos en el proceso. Algunas de las ventajas de la labranza cero son que se reduce la erosión de las tierras a cultivar, se mantiene la estructura del suelo, se libera una menor cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera y se minimiza el trabajo técnico de la maquinaria convencional para efectuar la labranza. Esta alternativa de cultivo apunta principalmente a la rentabilidad económica y a la transición a métodos más ecológicos con el medio ambiente.

Desarrollo de cultivos más resistentes
No es un secreto que cada año los picos de temperatura se incrementan en la mayoría de las zonas de cultivo de La Tierra. Esto genera que la planta no pueda desarrollarse con naturalidad y las cosechas (o incluso la siembra), no obtengan el resultado que se espera de ellas. Con una población mundial que se acerca a los 8 mil millones de habitantes, idear métodos para desarrollar cultivos más resistentes es ya una necesidad en vista de las particularidades alimenticias y climáticas del siglo XXI.
Estos métodos apuntan a varias direcciones, pero uno de los que ha incursionado con una mayor penetración es la creación de cultivos capaces de soportar el estrés por calor. Las innovaciones genéticas, por tanto, están del lado de los productores agrícolas para evitar pérdidas de cultivos que desestabilizarían la economía mundial.

Uso de drones y softwares especializados
Ya no es necesario que un agricultor recorra cada centímetro de su cultivo para valorar la evolución de este. La tecnología de drones es un punto extra que se suma a estas innovaciones, pues con ellos es posible controlar las variables que determinan si un cultivo será productivo o no. Un ejemplo de esto es que con ellos es posible detectar plagas de un insecto en una zona específica, y en tiempo real, para poder acudir y sanear el área con rapidez evitando su propagación.
El uso de drones en la agricultura trabaja a la par con softwares especializados. Programas de medición de parámetros, de automatización de riego, de control de calidad y selección de las mejores cosechas ya son una realidad en el día a día de los productores agrícolas.
Finalmente, todo esto tendría poco valor si no se realizan planes de gestión pública en colaboración entre los gobiernos para alcanzar las metas pactadas. En España, por ejemplo, el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), ente adscrito al Ministerio de Alimentación, Agricultura y Medio Ambiente, desarrolla políticas de formación permanente para asegurar que las generaciones futuras utilicen las innovaciones tecnológicas como un aliado en las diferentes etapas de su proceso de producción.