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es una fecha histórica que se celebra por todos los polacos, sin distinción de siglas políticas, con banderas nacionales

La Marcha por la Independencia: El centenario de Polonia

José Luis Orella
El 11 de noviembre es la fiesta nacional de Polonia que conmemora la recuperación de su soberanía después de 124 años de ocupación extranjera. Los repartimientos de 1795 culminaron su desaparición entre Prusia, Rusia y Austria-Hungría. Desde entonces, los polacos mantendrán su identidad por la voluntad de su compromiso. Mientras las autoridades imperiales legislaban por la integración sus comunidades polacas, ellos mantendrán su identidad cultural y religiosa. La diáspora intelectual concienciará a los polacos de su legado cultural y a los europeos de su existencia. La imagen épica de una Polonia mesiánica se divulgará a través de la obra de sus poetas románticos: Adam Mickiewicz, Juliusz Slowacki, Zygmunt Krasinski y Cyprian Norwid, y en la narrativa de Henryk Sienkiewicz, primer polaco que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1905, por su trilogía ambientada en el período final de la dinastía Vasa, A sangre y fuego (1884), El diluvio (1886) y Un héroe polaco (1888). En la actualidad podemos disfrutar de sus sonetos en el excelente volumen de Poesía polaca del Romanticismo de la edición bilingüe de catedrático Fernando Presa.
A su vez la identidad polaca se mantendrá por la salvaguarda que la Iglesia Católica realizará, manteniendo vivo el idioma y favoreciendo a través del movimiento cooperativo el mantenimiento del mundo campesino polaco, ante las políticas colonizadoras germanas y rusas. El 11 de noviembre de 1918, Polonia recuperaba su soberanía nacional. La derrota de los imperios trajo la restauración del Estado polaco, con el difícil engarce de las viejas provincias, y la defensa de unas nuevas fronteras a precio de sangre. Los centros políticos que surgieron para capitalizar la restauración del futuro Estado polaco fueron varios: el Comité Nacional Polaco de París; el Consejo de Regencia de Varsovia; el Gobierno de Lublin y la Comisión Polaca de Liquidación de Cracovia. La derrota militar de los imperios centrales facilitó la puesta en libertad de Józef Piłsudski el 10 de noviembre, de la prisión de Magdeburgo. Al día siguiente Alemania firmó el armisticio con los aliados, y ante su inminente llegada a Varsovia le fue entregada por parte del Consejo de Regencia, los plenos poderes que habían disfrutado. El Consejo de Regencia proporcionó a Józef Piłsudski una pequeña base de funcionarios y de unidades militares para controlar la nueva capital. Pocos días después el Gobierno de Lublin y la Comisión Polaca de Liquidación de Cracovia reconocieron al nuevo jefe de Estado. En enero de 1919 vendrá el reconocimiento final por parte del Comité Nacional Polaco de París, liderado por Roman Dmowski, que a su vez lo recibía por parte del jefe de Estado como su interlocutor oficial ante los aliados, y a uno de sus más famosos miembros, el compositor Ignazy Paderewski, se le nombrará primer ministro del nuevo ejecutivo en Varsovia. 
El 11 de noviembre es una fecha histórica que se celebra por todos los polacos, sin distinción de siglas políticas, con banderas nacionales. Los ataques realizados por la prensa contra la marcha del centenario, constituyen un insulto grave y una ignorancia supina sobre lo que significa esta fecha para el pueblo polaco, similar a nuestro 2 de mayo o el 12 de octubre, la de mayor relieve de nuestra historia. Recuperada la independencia en 1989 por la caída del comunismo, resulta triste comprobar cómo se ataca desde instituciones europeas a un país que sólo pretende aportar a la Unión Europea los principios fundacionales que los socios del tratado de Roma firmaron en un lejano 1957.
 

 

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