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Diario YA

 

 

Calidad de objetivo. Aspiración a conocer los objetos con independencia de valoraciones subjetivas o personales

La objetividad

Enrique De la Puente En mi último artículo “Virtualidad versus Realidad” comentaba cómo vivíamos en una sociedad, en la que la virtualidad se iba imponiendo poco a poco, gracias a los medios que la tecnología ponía a disposición de las personas, de forma que éstas percibían por ello una versión incompleta de la realidad, lo cual podía tener consecuencias si las decisiones que se adoptaban adolecían de defectos en las premisas tenidas en cuenta.

Si aceptamos que objetividad es el valor de ver el mundo como es y no como nos gustaría que fuera, ya se presenta una primera dificultad, si la imagen que se nos ofrece de ese mundo no es la real sino la virtual.

Tanto en su sentido ontológico, o epistémico, o ético, las definiciones que se encuentran sobre objetividad en distintos textos, están hechas por seres humanos, que como tales son una mezcla de sentimientos, experiencias y raciocinios, por lo que pueden estar hechas con subjetividad y adolecer de alguna distorsión. Pero analizando esos textos, lo que sí parece claro es que se acepta que es subjetiva la expresión en la que se manifiesta la opinión del autor y objetiva cuando se tratan los conceptos sin la menor implicación personal, como algo concreto. La pregunta inmediata es ¿es esto posible?

Objetividad. Veamos algunas de esas definiciones:

• f. Calidad de objetivo. Aspiración a conocer los objetos con independencia de valoraciones subjetivas o personales. Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

• (obxetiβi'ðað) sustantivo femenino cualidad de lo que se basa en los hechos y en la lógica Debes evaluar con toda objetividad. Copyright © 2013 K Dictionaries Ltd.

• sustantivo femenino imparcialidad.

• Sentido ontológico. La objetividad en sentido ontológico caracteriza a aquello que es propio de un objeto o, con mayor generalidad, aquello que constituye un objeto. Sea en voz pasiva, como mera constatación de algo ya constituido, o en el sentido activo de una objetivación, esto es, el proceso de constitución de un objeto no preexistente.

• Se entiende habitualmente por objetividad de un objeto aquello en lo que consiste su realidad.

• Sentido epistémico.

El concepto de objetividad depende, por un lado, del concepto de objeto que manejamos y, por otro, de las reglas normativas propias del área en cuestión. En ciencia, dichas reglas constituyen la metodología científica propia de cada disciplina. La objetividad en sentido epistémico no es sinónimo de verdad, aunque a menudo solemos confundir los dos conceptos. Es más bien un "índice de confianza" o de "calidad" de los conocimientos y representaciones. Tampoco es sinónimo de fidelidad al objeto ("fiel a la realidad"), a pesar de que éste sea uno de sus criterios más frecuentemente mencionados, porque los criterios normativos que permiten distinguir lo objetivo de lo que no es, son fijados en cada ámbito por la comunidad de los miembros o expertos del mismo.

• Sentido ético. La objetividad de un sujeto está relacionada con planteamientos tan epistémicos como morales. La encontramos habitualmente formulada en términos de neutralidad, imparcialidad, o impersonalidad. Se trata de un distanciamiento del sujeto respecto de él mismo en aras de acercarse al objeto, desde una concepción en la que objetividad y subjetividad se excluyen mutuamente. Se supone que para ser objetivo, a la hora de expresar un juicio, el sujeto debe abandonar todo aquello que le es propio (ideas, creencias o preferencias personales) para alcanzar la universalidad.

Aparte de lo ya comentado sobre la percepción de un concepto como real o virtual, se deduce de las definiciones anteriores que lo verdaderamente importante de la Objetividad o la Subjetividad es lo que representan para los seres humanos, en su relación de unos con otros y aquí ya aparece otra circunstancia relacionada con la comunicación, ya que en ésta siempre habrá un emisor, una cadena de transmisión y un receptor y el emisor puede ser objetivo o subjetivo, la cadena de transmisión del mensaje puede desvirtuarlo o no y por último el receptor puede a su vez ser objetivo o subjetivo. ¿Me estoy liando? No, mi formación es científica y tengo que considerar todas las hipótesis y circunstancias que concurren en un fenómeno, antes de establecer una conclusión. Otra cosa que hay que tener en cuenta es que, aunque parece que en el mundo de la ciencia la objetividad es más fácil, alguna realidad o verdad establecida por la misma, ha dejado de serlo cuando con mejores medios investigaciones posteriores han cambiado alguna ley o alguna teoría.

Ya están relacionadas la realidad, la virtualidad, la verdad, la verdad matizada y la falsedad. En lo que se refiere a las relaciones entre individuos, la credibilidad o la falta de ella del emisor; teniendo en cuenta el proceso de la comunicación, habrá que pensar también en el grado de fiabilidad del mismo; en cuanto a los receptores del mensaje, que también juegan su papel, hay que considerar que pueden ser confiados, aceptándolo como llega, o desconfiados hasta el punto de analizarlo y cambiar la interpretación de su contenido.

Ser objetivo no es fácil ya que exige trasmitir lo que se percibe sin que la formación, los sentimientos o los razonamientos alteren lo que se transmite. Es por esta causa por lo que la objetividad tiene tanto valor, al suministrarnos una realidad, virtualidad o verdad, para que sea el receptor del mensaje el que obre sin interferencias de otros. Todavía es más complicado cuando el emisor habla de su personalidad, al añadirse a todo el proceso las emociones o la falsa percepción que cada cual tiene de sí mismo.

Cuando alguien no es objetivo transmite lo que percibe, añadiendo circunstancias que de alguna manera desvirtúan la esencia del mensaje según su propia visión y como es muy corriente en la sociedad actual que el bombardeo continuo de las redes sociales insinúen o, atribuyéndose un conocimiento e imparcialidad que casi nunca tienen, establezcan lo que es verdad o falso, o lo que es bueno o malo y, para empeorar las cosas, además se suprimen de los programas las clases de filosofía, que, cuando están impartidas por buenos profesores, enseñan a pensar y a adquirir criterios de análisis para que la formación de las personas sea más completa y cada vez más adecuada. Tengo muy lejos las clases de filosofía de D. Blas Cantón, magnífico profesor del que guardo un gran recuerdo, pero creo recordar que nos contaba en clase, pues así eran sus clases que a algunos les producía sueño, que metafísicamente la realidad existe independientemente de la consciencia de quien la percibe, pero epistemológicamente el perceptor tiene que ser protagonista poniendo a trabajar su razón, para que a través de determinadas reglas de la lógica pueda llegar al conocimiento de la realidad; esta realidad sería única e inmutable. Hasta aquí lo aprendido en clase, pero la vida va enseñando cosas y luego se lee por ejemplo a Orwell y en una de sus novelas había un departamento, creo que se llamaba Departamento de Historia, que iba cambiando y estableciendo la realidad histórica de acuerdo con las conveniencias de los políticos del momento.

Si se acepta que la realidad que se percibe puede no ser real, la objetividad de una persona no garantiza que cuando la transmite haga llegar al interlocutor la verdadera realidad y por eso éste, independientemente del grado de credibilidad que atribuya a esa persona, debería, según las clases de D. Blas a analizar la lógica de de lo que le llega. ¿Nos convertiría todo esto en desconfiados o incrédulos? La “sabiduría popular” con sus dichos nos enseña: no te fíes ni de tu padre. Es posible que eso sea exagerar un poco, pero la conclusión a la que llego es que en contra de lo que hacen hoy una gran mayoría de los seres humanos, hay que pensar.

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