La pobreza está aquí
Jesús D Mez Madrid
Nadie puede llevarse a engaño, y mucho menos un presidente del Gobierno que hasta hace pocos meses negaba la existencia de la crisis. La gente sufre en carne propia el drama del paro y la ineficacia absoluta del Ejecutivo para generar confianza en una sociedad escéptica y desmoralizada. Los datos (de paro y de pobreza) dibujan la verdadera realidad de un país que no se pueden ocultar con ocurrencias para salir del paso o con dogmas ideológicos trasnochados. Rodríguez Zapatero debería analizar con detalle estos datos y no dedicarse a culpar a la oposición, a los empresarios o a todos aquellos que no están dispuestos a aceptar las falacias que plantea un Ejecutivo desbordado por los acontecimientos. Lo de menos es conseguir que se aprueben “como sea”; “el zapatazo” o unos Presupuestos Generales del Estado o lanzar cortinas de humo para distraer la atención de la opinión pública de los problemas que importan de verdad a los ciudadanos. Es lamentable que, en una situación de extrema gravedad, se pretenda gobernar a base de operaciones de imagen al servicio del partidismo y la coyuntura inmediata.
¿Recuerda como fue la presentación de le ley de economía sostenible? Por cierto ¿Qué ha sido de esta ley?















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


