La regeneración del panorama político español
Mar Hurtado.
Han sido necesarios seis años de una carrera cuesta abajo a gran velocidad con más de 4.000.000 de parados, una deuda tan disparada como el déficit, la bolsa desplomándose, y Nuestra credibilidad exterior más devaluada que el Ibex, para que Mariano Rajoy consiga 4 puntos de ventaja sobre el PSOE.
Si después de la que está cayendo, el PP solo es capaz de tan exigua ventaja, cuando lo normal hubiera sido al menos 4 veces más, será por algo. El español comienza a percibir que la formación liderada por Rajoy no representa una solución fiable. Desde el principio, el partido centrista ha entendido que para ganar votos su estrategia debería de ser ir aceptando las tesis socialistas de tal forma que el PP reforzase las políticas aprobadas por el PSOE, cuando no ir por delante de ellos en cuanto a “progresismo” se refiere. De este modo la política seguidista de Génova va perdiendo la confianza de sus votantes más conservadores que si siguen apoyándoles con su voto es solo por el desconocimiento de la existencia de otra fuerza política con la que se sientan más representados.
Por otra parte, la corrupción generalizada y el alejamiento cada vez mayor entre los intereses de la casta política y las preocupaciones de los españoles pueden explicar el relativamente pequeño desgaste de los socialistas pese a lo nefasto de su gestión.
Como acertadamente comentó Pio Moa hace pocas fechas, es necesaria la irrupción de nuevas formaciones que regeneren el panorama político español.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


