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Diario YA


 

La sorprendente petición al Papa Francisco del Congreso de los Estados Unidos

Carlos Ruiz Saiz, Sacerdote Llevamos un escaso año de efecto Francisco y su influencia es tan patente que hasta el Congreso de los Estados Unidos le acaba de invitar a intervenir sobre “su modo de inspirar a millones de americanos con su estilo pastoral”. No nos engañemos. Lo que le piden no es que les hable del modo de superar la desigualdad creciente, como ha reconocido el FMI. Ni tampoco acerca de la cultura del descarte que sin circunloquios está denunciando y que hizo que se ganase –justo por aquellos pazos- el sambenito de “amigo de comunistas” cosa, a propósito, que lejos de negar, ha corroborado una y otra vez, sin dejar de aclarar que Marx estaba equivocado.
 
Sin embargo, al Senado imperial le interesa conocer a ese predicador del Sur que ahora está de moda. Su capacidad para “inspirar”. “Háblanos como le hablas a la gente para que aprendamos a hablar con ellos” le suplican a un eclesiástico los que han gastado las fortunas de sus familias en las mejores universidades europeas. Sus análisis sociológicos, psicológicos y mercadotécnicos no encuentran la incógnita que despeje la ecuación. Y las encuestas aprietan. El hartazgo raya la revolución. Falta algo que tiene él para “conectar”. Pero algo extraña en este personaje, algo inusitado, incomprensible. Parecería –y digo sólo “parecería” porque afirmarlo rotundamente provocaría alguna sonrisa picarona en el rostro de más de un cínico que me lea- parece, dicen, que no busca el poder (risas, por favor) que le gusta estar entre la gente (“ese sudoroso y apestoso contacto corporal”, como diría el agente Smith en Matrix) que le interesa de verdad esa pobre turba, y más increíble aún que no se siente superior a ella, sino su servidor, de la que tiene mucho que aprender ¿Le interrumpirán aquellos envejecidos senatores como hicieron con san Pablo al oírle hablar de resurrección? De eso ya te oiremos hablar otro día. Pero ¿Y si no hay otro día? ¿Y si no hay otra cosa de la que hablar sino del Resucitado?¿Y si es que de verdad se cree el Evangelio hasta su última coma sin reducciones ni explicaciones? ¿Y si el efecto Francisco consiste en que de verdad dice lo que cree y vive? ¿Estará dispuestos esos pobres diablos que han perdido todo contacto con la gente aceptar que ése es exactamente su problema de comunicación, que su vida está vacía? ¿Se subirán al carro del único líder mundial que –más allá de suscribir todas sus afirmaciones- está empezando a ser respetado? ¿O creerán que le conseguirán sobornar con un triste y devaluado premio Nobel de la Paz cuyo último ganador es aquel que intentó invadir –por enésima vez- al país rebelde en su partida de ajedrez geopolítico y que el chicano paró con su convocatoria de oración y su clarísima denuncia: “Siempre queda la duda de si la guerra no será para vender armas” (8.9.13). Ya sé que quienes le invitan son la mayoría republicana y su mayor representante en el Congreso, un católico. Pero esto huele a marketing político-social. Si no puedes con el profeta mételo en el equipo de gobierno. Sin embargo si de verdad están dispuestos a escuchar a Dios, este anciano rejuvenecido les hablará de los consejos de su abuela, de la madre soltera que luchó por sacar adelante a sus hijos, del cura que le confesó y de tantos chascarrillos, intrascendentes pero también de solidaridad y subsidiariedad, de la globalización que respeta las identidades culturales, de una cultura que valora a cada persona por su misión única e insustituible. “No poseo ni oro ni plata pero te doy lo que tengo ¡en el nombre de Jesús ponte en pie!¿Sabéis lo que pasó con aquel tullido? Todavía recorre los pueblos contando su historia a quien le quiera escuchar. Qué pena, sólo los niños le toman en serio.

 

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