La verdad sobre Galileo: tuvo dos hijas monjas
Lole Bravo. El mito de Galileo como mártir de la ciencia, a causa de sus divergencias con la Iglesia, parte de la Ilustración. Pero Galileo no murió en la hoguera, ni siquiera fue declarado hereje sino sólo sometido a arresto domiciliario con una leve penitencia. Él nunca renegó de su pertenencia a la Iglesia Católica, es más, metió a sus hijas en un convento.
En una carta a un noble francés explica: "Otros pueden haber hablado más píamente y más doctamente pero ninguno más lleno de celo por el honor y la reputación de la Santa Madre Iglesia de lo que he escrito yo". Él aceptaba que los dos libros: la Biblia y el de la naturaleza, tenían a Dios como autor, pero si se demostraba científicamente una ley no coincidente con la Biblia, aseguraba que si bien ésta no erraba, sí que lo hacían quienes la interpretaban. Cuando aseguró que la tierra se movía alrededor del sol, sin ninguna prueba convincente, los jueces eclesiásticos le pidieron no divulgar su teoría para no socavar la fe del pueblo. Él desobedeció publicando el “Diálogo”, con un imprimatur fraudulento y de ahí surgió su condena.



















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.


