Las clases medias "se enamoran" de la libertad por San Valentín
Redacción Madrid. 4 de febrero.
Diario YA se hace eco de la convocatoria recibida de la Plataforma de las Clases Medias:
La Plataforma de las Clases Medias quiere protestar contra la política económica del Gobierno y contra las masivas incautaciones de fondos de los contribuyentes que van a endeudar a varias generaciones. La Plataforma de las Clases Medias considera que de seguirse esta línea se lleva a la economía española al colapso y a la sociedad al suicidio colectivo. Y quienes más sufrirán la previsible quiebra del Estado serán los contribuyentes, verdaderos damnificados de una política desastrosa cuyo único fin es mantener los privilegios de una casta al que sólo le mueve el poder y el dinero. Por eso la única salida es rebelarnos y manifestar el descontento de forma palpable. Hay que decir de una vez por todas ¡BASTA! antes de que la situación sea irreversible.
La Plataforma de las Clases Medias considera que no se aguanta una legislatura con este nivel de destrucción de empleo, de corrupción, del deterioro institucional, de desgobierno, de derroche público de dinero entre autonomías y funcionarios del poder y, sobre todo, de la pérdida de patrimonio y renta de unos ciudadanos cada vez más expoliados, esquilmados y saqueados por quienes no desean que la situación cambie.
La Plataforma ha pedido autorización para una concentración con una asistencia estimada de decenas de miles de personas.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


