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cayó el Muro de Berlín y los regímenes comunistas

Las consecuencias de un 9 de noviembre de 1989

José Luis Orella
El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y los regímenes comunistas centroeuropeos empezaron a caer, cuando vieron que la URSS de Gorbachov no iba a mover un solo músculo por mantenerlos. A partir de entonces han sucedido muchas cosas. Aquellos países hambrientos de disfrutar de la libertad y de un nivel de vida comparable al de sus hermanos occidentales, decidieron entrar en la Unión Europea y en la OTAN, convirtiéndose en los más europeístas del continente. Alemania se unificaba y se convertía en la potencia hegemónica, aunque su parte oriental se desertizaba demográficamente quedando una sociedad rota y dependiente de las ayudas sociales.
Las generaciones jóvenes no quisieron recordar lo que significó el miedo a hablar, la paciencia en las colas y la miseria que sufrieron sus padres. Conquistados por las mieles de un liberalismo progresista, y dirigidos por los nietos de antiguos comunistas, son los primeros que quieren derrocar la herencia milenaria que defendieron sus padres para ser libres. Las raíces de una identidad cristiana que defendió desde la época romana la dignidad humana del más miserable y del perseguido. La Bruselas de 1989 no es la de 2020, es la punta de lanza de un nuevo mundo que no tiene que ver con aquella CEE nacida en Roma y que quería preservar los valores europeos frente a una posible invasión comunista.  Son los países que se liberaron en 1989, los que aún creen en una Europa de libertades, donde todos puedan vivir con dignidad, y defienden los rescoldos de una civilización que es arrancada.
A su vez la URSS se descompuso dos años después y surgieron trece nuevas repúblicas, Rusia a través de un liderazgo fuerte basado en el nacionalismo y el control de la exportación de los grandes recursos energéticos del país, ha conseguido restaurar un nivel de orgullo nacional, pero sin el tamaño del pasado. Por el contrario, las nuevas naciones que tienen recursos sobreviven, mientras que las otras no saben cómo salir de sus dependencias económicas. Sus jóvenes nacionalismos, hinchados por las revoluciones de colores, se consumen en guerras por pequeñas parcelas que únicamente tienen el valor de servir como cementerios futuros de sus jóvenes generaciones.
El fin de la Guerra Fría trajo un vencedor, los Estados Unidos, quienes a partir de entonces reforzarán su papel mesiánico de implantar su modo de vida en otras partes del mundo. La historia no se acabó como ligeramente se dijo, continua porque, la historia es hija de la acción libre de la humanidad, y ésta no es controlable. Aunque las consecuencias de aquel lejano 9 de noviembre, fueron buenas y malas. Hoy celebramos el fin de uno de los rostros que utilizó el mal, esperemos que podamos descubrir el resto de los males de hoy.
 

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