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Diario YA

Las reclamaciones de World Wide Minerals contra Kazajstán quedará para la historia

En Derecho Internacional se conocen no pocas anécdotas curiosas, cuando se presentaban reclamaciones multimillonarias, a veces basadas en rídiculas acusaciones y resentimientos de una parte hacia la otra. Pero, parece ser que una demanda prolongada de la empresa canadiense contra Kazajstán quedará para la historia. El asunto, es que la empresa World Wide Minerals Ltd (WWM) basa sus reclamaciones ateniéndose al acuerdo, que había concertado en su tiempo con la Unión Soviética.

En 1995, no mucho después del colapso de la Unión Soviética, la empresa canadiense World Wide Minerals Ltd exhortó al Gobierno de Kazajstán con una proposición de negocios. La República se suponía que tenía que darle la explotación de las minas de uranio, junto con el complejo de la extracción de dicho mineral, y con los combinados minero-químicos. A cambio «WWM» se comprometió a invertir en el desarrollo para la industría (es decir tanto para el complejo, como al combinado) al menos 100 millones de dólares durante varios años. Atraer a socios financieros e industriales estratégicos e inversores. Y al mismo tiempo mantener en forma adecuada todo el complejo de infraestructuras sociales (guarderías, sistemas de calefacción de la ciudad vecina, etc.). Dentro de un plazo de seis meses, desde el momento de concertarse el contrato, igualmente se comprometió a presentar un plan de reestructuración obtenido en la gestión de las empresas. Por lo tanto los directivos de "WWM" aseguraron que los trabajadores de Kazajstán no serían despedidos, les prometieron volver a formarse e incluso a enviarles a realizar cursos de actualización a Canadá.

Un año más tarde se firmó el contrato.

El «WWM» obtuvo mayorías de inversores extranjeros, que venian a Kazajstán durante aquel periodo, de resurgimiento de la nación más favorecida. O sea que obtuvo los máximos beneficios fiscales y atrajo mano de obra extranjera. Es más, Kazajstán dio las garantías de que la empresa canadiense recibiría una licencia para la exportación de uranio en el mercado internacional. Sin embargo, esta empresa tenía que haberse regido sobre la base de las leyes de Kazajstán, y del Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares y otros acuerdos igualmente importantes.

Y es aquí donde comienza lo más interesante.

En el momento de la concertación del contrato con los canadienses, la cuota para la venta de uranio para Kazajstán fue establecida por los Estados Unidos. Y dicha cuota pertenecía a la empresa estadounidense "Newkem", que colaboraba con la sociedad anónima nacional de Kazajstán de Energía Atómica e Industria «KATEP». Y "WWM" no podía saber de eso.

Pero en diciembre de 1996, tan sólo dos meses después de la concertación del Tratado con Kazajstán sobre la gestión de los activos del uranio, los canadienses comenzaron a exigir al Gobierno de Kazajstán que les fuera otorgada la cuota en el comercio con los EE.UU.

Naturalmente, КАТЕР no tenía intenciones de renunciar a su cuota, eso no entraba en sus planes. Le propuso a WWM colaborar en la explotación de los yacimientos de uranio en el sur del país. Suponiendo que desde allí el uranio conjunto saldría con destino a EEUU.

Tanto es así, que las dos entidades firmaron un acuerdo estratégico de intenciones. Sin embargo, «WWM» no tuvo celeridad en realizar su inversión financiera pertinente, en la empresa conjunta con la empresa estatal de Kazajstán. Después de eso, "KATEP" simplemente rompio el acuerdo.

De hecho, los canadienses de "WWM" ni siquiera iban a invertir en el desarrollo del sector del uranio de Kazajstán, ni en las empresas bajo su gestión.

En tan solo seis meses de la presencia de “WWM” el combinado minero-quimico de Tselinnii llegó a tener pérdidas de 9 millones de dólares de los Estados Unidos, y el nivel de la producción se redujo en casi un 60 por ciento. Los trabajadores de las fábricas no recibieron sus sueldos más de seis meses de atrazos y todas los infraestructuras sociales que los canadienses se comprometieron a mantener fueron abandonadas. O sea, el combinado del uranio lucrativo, gracias a los canadienses entró en quiebra.

Y es en este contexto que, el equipo kazajo aprovechó una de las clausulas del contrato. Y, acusándolos de violar la legislación de Kazajstán y de provocar daños importantes a la sociedad y al medio ambiente, para romper el contrato con los canadienses.

La empresa canadiense que esperaba “enriquecerse" gracias al uranio de Kazajstán quebró con rapidez, y sus bienes fueron vendidos. Pero las acciones judiciales contra Kazajstán continúan todavía.

A principio del año 2000 World Wide Mnerals Ltd presentó una demanda en los tribunales nacionales de EE.UU. Pese, al hecho, de que el Tratado, prevé una apelación ante el Tribunal de Arbitraje, que se encuentra en Estocolmo.

La justicia de Estados Unidos negó a la redacción que "la decisión de emitir o no emitir una licencia de exportación es una acción soberana de Kazajstán, basada en las leyes nacionales". Y en resumen reconoció, que la licencia fue concedida por Astana. Pero no para el comercio con los EE.UU. Al mismo tiempo, los Estados Unidos rechazaron las condiciones sobre aportación de las pérdidas sufridas de World Wide Minerals Ltd por un valor de miles de millones de dólares estadounidenses.

A continuación, y durante los procesos judiciales abiertos en varios tribunales, la suma de “afectados” de WWM solo estaba aumentando. Y es por eso que. Los abogados canadienses encontraron lo que consideraron como un resquicio legal en la ley. E hicieron referencia al Tratado bilateral sobre inversiones entre Canadá y la U.R.S.S. de 1989.

Este contrato garantizó la protección de las inversiones canadienses. En opinion de la parte canadiense (actualmente en todos los litigios Jones Day LLP representa los intereses de la quebrada WWM), Kazajstán es el sucesor de la U.R.S.S. Al menos, en la parte del cumplimiento del Tratado. Y aun cuando en los años 1991-1993 se anunció que el sucesor de la URSS era Rusia. De que, por cierto se concertaron numerosos tratados internacionales. Entre ellos el Acuerdo entre la Federación Rusa y la República de Kazajstán. También el Acuerdo sobre la propiedad de los miembros de la Comunidad de Estados Independientes CEI del año 1991, el Acuerdo sobre la distribución de todas las propiedades de la ex URSS en el extranjero del año 1992, Acuerdos con varios países extranjeros en la liquidación de las obligaciones de pago de la Federacion Rusa sobre la deuda externa de la URSS.

Es decir, todo el mundo, incluso todos los miembros del Club de Paris, que incluye Canadá, reconoció que por todos los compromisos contraidos la responsabilidad incumbe la Federacion Rusa. Lo que quiere decir que las reclamaciones de World Wide Minerals simplemente no están justificadas.

Sin embargo, en octubre de 2015 el Tribunal reconoció Astana como la sucesora legal en el marco del acuerdo de inversión de Canadá y la Unión Soviética. No tiene sentido, pero es un hecho. Y, por cierto, el representante de la compañía canadiense aprovechando la situación aumentó drásticamente la cuantía de la demanda hacia Astana. El próximo juicio para la demanda de Canadá (representado por la World Wide Minerales) contra la Unión Soviética (representado por Kazajstán) está previsto para finales de este año.

Cómo afectará este precedente en el derecho internacional no está claro. Pero si el Tribunal determina que Kazajstán es el sucesor legal de la Unión Soviética, eso puede causar importantes demandas similares por todo el mundo. Por el bien de los países que se formaron recientemente separarse del monopolio como Reino Unido, Francia, Alemania, es más que suficiente. Y el lucro cesante de las empresas locales puede aumentar considerablemente, si se desea, los presupuestos de diez años de estos países.