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Occidente en su despiste habitual, apoya la deposición de los antiguos tiranos, creyendo en la instauración de regímenes favorables a sus intereses económicos

Lepanto: una victoria con lectura actual

José luis Orella. El 7 de octubre de 1571, mes del Santo Rosario, Juan de Austria al mando de la flota cristiana, conseguía virar los destinos de Europa con la derrota del turco en las aguas de Lepanto. Este acontecimiento fue uno de los más importantes de la nuestra historia y que marcaron los destinos de un continente. Después de la caída de Constantinopla en 1453, la segunda Roma, los turcos extendieron el Islam hasta los arrabales de Viena, siendo la ciudad imperial sitiada cuatro veces en su historia. La victoria naval cristiana fue realizada gracias al compromiso del Papa Pio V, que tuvo en España como espada de la Cristiandad, la oportunidad de reunir lo más granado de Europa bajo los estandartes de Juan de Austria.

98.000 cristianos de España, Venecia y de los Estados Pontificios, a los que se sumaron genoveses, toscanos y malteses proporcionaron una de las mayores victorias de la Cristiandad sobre la media luna turca, que reunía a 110.000 turcos, egipcios y argelinos. La ofensiva marítima del imperio otomano fue frenada y su ímpetu decayó, amenazando Europa un siglo más tarde por tierra. Aquella empresa fue realizada gracias a la oración, la clarividencia de un Papa santo, y el arbitraje necesario entre las ambiciones estratégicas diversas de españoles y venecianos, sin los cuales era imposible armar la Liga Santa. También fue estimable la inteligencia de los cristianos sometidos a los otomanos que con su información supieron tener siempre con una ventaja informativa a la alianza católica, y eso que eran en su mayor parte ortodoxos.

Muchas lecturas prácticas da la lección de Lepanto a los estrategas actuales, cuando los cristianos árabes son masacrados, los refugiados recibidos sin proyecto de integración, en una Europa que ha renunciado a sus señas de identidad. Occidente en su despiste habitual, apoya la deposición de los antiguos tiranos, creyendo en la instauración de regímenes favorables a sus intereses económicos. Pero los países defienden sus recursos, juegan en el tablero estratégico a la mejor carta, y la desestabilización mediante la creación de monstruos armados, como el Daesh, provoca consecuencias no medidas, como volver a palpar el infierno en el rostro de nuestros semejantes.

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