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Diario YA


 

las ocurrencias en campaña electoral suelen ser como mínimo “peculiares”

Los cuatro jinetes del apocalipsis

Javier Garcia Isac /Una Hora en Libertad. Como casi todo está inventado, las ocurrencias en campaña electoral suelen ser como mínimo “peculiares”. Es el periodo de tiempo donde más tonterías se dicen y mas promesas se hacen con nula intención de cumplirlas. Todo vale con tal de convencer al incauto, al despistado, al que no sabe que votar, al indeciso. Desde los típicos abrazos y besos a gente que no conocemos, hasta los paseos por las principales calles de pueblos, aldeas y ciudades, pasando por los mercados, cines, teatros y eventos deportivos.

Lo importante es dejarse ver, que tengamos gente alrededor y sobre todo muchos medios de comunicación para que nos hagan de caja de resonancia de las cosa que deseamos comunicar. Es tiempo de palabras bonitas, grandilocuentes y vacías, es tiempo de poner en valor lo que somos y de lo que somos capaces de realizar. De poco valen ahora los incumplimientos, de poco sirve lo que no hicimos o lo que no quisimos hacer. Nos hablaran de programas electorales, de un estado idílico, de soluciones mágicas, de bálsamos a todos nuestros males. Nos hipnotizaran y por unos días seremos felices, nos llegaremos a creer el cumulo de mentiras y despropósitos de muchos de estos desaprensivos cuya única finalidad es su bienestar personal y el de su camarilla más cercana. Hace unos años se jugaba a saber quién era el mejor entre los mejores, el más preparado, el más listo.

En la actualidad esto ha dado paso a saber quién es el menos malo, el menos tonto entre los tontos, el que mejor miente. Hemos creado una clase política mediocre, muy de andar por casa y muy poco fiable. Cuatro son los candidatos con posibilidades de obtener el triunfo final y como los cuatro jinetes del apocalipsis, cabalgan a lomos de sus mentiras y engaños, a lomos de nuestro esfuerzo y sacrificio. Confieso que no me convence ninguno de los cuatro.

Todos juegan al escondite, todos parapetados en su demagogia fácil y sin compromisos reales, ninguno se moja y el que lo hace, mejor no lo hubiera hecho, da miedo, es como para salir corriendo. Modelo venezolano en libertades, modelo maoísta en movilidad, ya saben, todos en bici, modelo norcoreano en lo económico, con pinceladas caribeñas. Otro aporta su belleza y su supuesto carisma y los deseos de parecerse al nefasto y desaparecido presidente Suarez. Poco bagaje para querer ser presidente de una nación como la española.

Por último nos encontramos un dúo de “mucha altura”, pero solo eso, mucha altura. Uno promete que ahora si cumplirá su programa electoral. No sé el porqué ahora debiéramos de creerle. No encuentro motivos para tal cosa, quizá porque ya no queden casi etarras encarcelados y la política impositiva ya nos ha crujido demasiado. Y el otro que lo único que aporta es el “enroscamiento” en la bandera de España cuando le conviene, aunque su mensaje se difuso y poco claro dependiendo del lugar geográfico de donde se encuentre. En definitiva pocas esperanzas de que el cambio que nos espera sea para mejor. Además ya conocen el dicho, si una cosa es susceptible de empeorar, es muy posible

Etiquetas:Elecciones 2015Javier Garcia Isac