Los líderes del G-8 y las recomendaciones de Benedicto XVI
Jesús Domingo Martínez. Benedicto XVI pidió a los líderes políticos del G-8, antes de su reunió en Roma, una reforma de la economía mundial que evite la especulación crediticia y que se tenga en cuenta y escuche también la voz de África y de los países menos desarrollados económicamente, porque “la legitimación ética de sus compromisos políticos exige que se confronten con el pensamiento y las necesidades de toda la Comunidad Internacional”.
El Papa se dirigió a los participantes del G8 para recordarles que “la medida de la eficacia técnica de los procedimientos que hay que adoptar para salir de la crisis coincide precisamente con la medida de su valencia ética”. El Pontífice se refirió a la efectiva creación de empleo para todos, de trabajos que consientan a las familias vivir de forma digna, dar cabida a la responsabilidad que tienen de educar a sus hijos y ser protagonistas en las comunidades de las que forman parte.
¿Lo tuvieron en cuenta? A tenor de los resultados podemos afirmar que no.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


