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Diario YA


 

Las cuentas no salen ni a Susana Díaz ni a Juanma Moreno

Los que verdaderamente se la juegan en Andalucía no son ni el PP ni el PSOE

Francisco Torres García. Tengo la impresión de que cuando Susana Díaz tomó la decisión de convocar las elecciones andaluzas dentro de una estrategia personal para hacerse con el control del PSOE que, a la vez, diera un respiro al socialismo hispano, no midió más que la necesidad de aprovechar un momento que le parecía menos malo que con e1 que hubiera tenido lidiar de aguardar hasta mayo  uniendo entonces su suerte a la debacle cada vez más evidente del socialismo de Pedro Sánchez.
Con un PP que sufre una importante desafección en su electorado urbano, que es el que le dio la victoria en la mayor parte de las capitales andaluzas y le catapultó a la victoria frustrada autonómica; con un PODEMOS emergente pero sin estructura en Andalucía y con un enfrentamiento abierto entre la nueva orientación de la dirección de Pablo Iglesias y lo que hasta ahora ha sostenido su cara visible andaluza; con una IU desnortada; con un tema de corrupción abierto pero que el PP difícilmente podría utilizar contra ella pues siempre queda el recurso al “y tú más”, Susana Díaz vio en el adelanto electoral la posibilidad de ser la minoría mayoritaria en Andalucía y gobernar en minoría mientras espera el naufragio de Sánchez y el cambio de los vientos.
Hace tiempo anoté que Susana Díaz tenía un talón de Aquiles, su decisión de unir su suerte al destino de Chavez y Griñán. Si hubiera sido valiente y hubiera reconocido el error, si hubiera vuelto la espalda a Chaves y Griñán, habría borrado la sospecha de que entre ella y los corruptos existe algo más que la relación de militancia. No ha sido así y la decisión de no forzar la entrega de actas de los imputados Chavez y Griñán es un boomerang que se acabará volviendo en su contra, porque lo único que consigue es dar munición a sus adversarios y es difícil precisar hasta dónde erosionará las perspectivas de voto que las encuestas le estaban dando.
A poco más de un mes para las elecciones en Andalucía, que tendrá un importante componente de discurso nacional, nadie es capaz de saber, dado el panorama, lo que va a acontecer. La decisión de Susana Díaz ha convertido las elecciones andaluzas en un auténtico test de estrés político. Lo que acontece cada día está volviendo locas las encuestas porque se hace evidente que los niveles de indecisión y de cambio constante de voto de los electores son muy altos (23%-30%), porque las bases de voto consolidadas, los suelos de cada partido, se han reducido notablemente. Todo ello hace que, y en ello tiene razón Mariano Rajoy lo que explica su tardanza a la hora de presentar a los candidatos fundamentales, la campaña electoral, por vez primera, se transforme en decisiva.
Pese a lo que digan y a los triunfalismos habituales todos están jugando al empate o la victoria por la mínima y en el último minuto, aunque solo sea la victoria minoritaria, pues parece que los tiempos de las mayorías absolutas han fenecido. Y eso es lo que primero pueden confirmar estas elecciones. Con dos partidos cuyas expectativas de voto se mueven en la barrera del 30%-35%; con una suma de izquierda que acapararía el 58%-60% y con una difícil proyección sobre la variación que sobre ello podría generar un mayor índice de participación del habitual o la opción que finalmente apoye ese 25%-27% de indecisos, en lo que todos están pensando es en las proyecciones de cara a las siguientes elecciones. Tengo también la impresión de que Susana Díaz seguirá en el Palacio de San Telmo con un gobierno en minoría, porque el bloque de izquierdas es continuamente mayoritario y además se está poniendo en marcha la maquinaría de la subvención y el entramado clientelar que tiene un fuerte impacto fuera de las grandes áreas urbanas. El PSOE va a salvar los muebles en Andalucía y el PP siempre podrá achacar la pérdida de votos al desgaste de los ajustes económicos para mantener las espadas en alto para sus respectivos nichos electorales. Pero lo verdaderamente importante serán los otros resultados: fundamentalmente los que obtengan PODEMOS y Ciudadanos que aparentemente van a ser los grandes beneficiarios de la apuesta personal de Susana Díaz. En un caso para ver hasta dónde llega la transformación del voto teórico en real; en otro para confirmar si se ha entrado en un proceso expansivo que dará visos de realidad a una opción de centro. Las andaluzas se transforman así en el trampolín que ambos están esperando para confirmarse como opción real a futuro. Y esa es la otra confirmación y por ende el pequeño terremoto político que puede producirse en Andalucía.
 

 

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