Home

Diario YA

Los rajoyistas empedernidos siguen apostando por políticas timoratas

Miguel Massanet Bosch. Los hay, en el PP, que siguen sin aceptar que la política apaciguadora y timorata del gobierno de M.Rajoy, llevó al país a la peligrosísima situación política en la que nos hallamos.
Hemos tenido ocasión, una vez más, de tomar conciencia de la existencia de esta derecha cobardona, pacifista, egoísta y chaquetera que ha venido caracterizando, durante muchos años, a aquellos empresarios, periodistas, politicastros y demás ciudadanos que, mientras las derechas están en el poder se muestran defensores del conservadurismo oficial y sacan provecho de él pero, en cuanto las cosas se tuercen, vienen vientos en contra, la situación toma sesgos preocupantes y se barrunta que puede llegar un periodo en el que la dirección del país pueda estar en manos de las izquierdas; entonces, señores, sale a relucir la característica que suele predominar en la mayoría de aquellos que piensan que, mostrándose acomodaticios con los cambios decretados por los gobiernos de izquierdas; con aquellas imposiciones que se les aplican contrarias a sus ideas morales y éticas o que puedan significar perjuicios económicos e, incluso, constituyan un ataque directo a sus creencias religiosas, sean esas cualesquiera fuesen,  renunciando a todos los buenos propósitos que pudieran tener, prefieren, ante la evidencia de que, una actitud contraria a los que tengan el poder, pudiera acabar por perjudicar sus situación personal y la de su familia,  optan por recular, sacar a relucir su faceta oculta que los califica de cobardes y a entrar en ese feo juego de la doble moral, la del sálvense quien pueda, tan característico de aquellas personas que serían capaces de soportar cualquier humillación antes de presentar batalla contra aquellos que intentan imponer su voluntad, aunque ella represente llevar al pueblo a una ruina cierta y, a la nación, a convertirse en una más de estas repúblicas sudamericanas, calificadas de “bananeras”, sometidas al yugo de dictadores, con gobiernos filocomunistas de orientación totalitaria.
Y no es una apreciación espontánea, gratuita o guiada por apreciaciones superficiales. Basta, si no, con observar cómo, en tertulias, como es el caso del programa de las mañanas del periodista Carlos Herrera, un programa de contraste de opiniones, tradicionalmente de ideas predominantemente conservadoras, en el que se ha podido notar como algunos de sus habituales concurrentes, que en el pasado, durante el mandato del señor Rajoy, se hubieran dejado sacar una muela por defenderlo y, no obstante, desde que se produjo el relevo en la dirección del PP, parece que han decidido que, el nuevo presidente, el señor Pablo Casado se haya  convertido en el centro de sus críticas. Lo que sucede es que, en este tipo de tertulias, siempre hay quienes temen que, cuando un político pierde el miedo a sus adversarios, se deja de andarse por las ramas y dice verdades como un puño en el Congreso de diputados, comete lo que, para ellos, es un “pecado capital”, el de no guardar las formas, ser demasiado atrevido y no mantener, lo que para ellos es primordial, una “saludable” actitud conservadora para que, los cuatro diplodocus que, como ellos, piensan que el PP debería cambiar sus principios por los mismos que actualmente rigen para los socialistas, los comunistas o los separatistas, con el objetivo de no incurrir en el “peligro” de que los que pretenden comunizar España o cuartearla, se pudieran molestar por sus formas de expresarse.
Una curiosa manera de afrontar los peligrosos meses que tenemos por delante y una forma harto degradante para quienes han venido presumiendo de buscar la defensa del Estado de Derecho. El buenismo de algunos, la preocupación exagerada porque el señor Casado no se extralimite en su leguaje e, incluso, el preferir compartir dudas jurídicas ( ninguno de ellos tiene conocimientos suficientes para entrar en cuestiones como es la tipificación del delito de rebelión, evidentemente necesitado de una interpretación actualizada) de modo que, a diferencia del resto de medios informativos parecidos y televisivos, en manos de las izquierdas, que no tienen empacho en mentir, deformar, tergiversar y poner en solfa cualquier ley o decisión de los partidos de derecha, con tal de arrimar el ascua a su sardina comunistoide; en su caso, hay ocasiones, en las que a un oyente imparcial consideraría lo que se dice por alguno de los participantes en aquel coloquio, podría pensar que está escuchando a una emisora del PSOE.
 Por cierto, deberíamos comentar un tema que nos ha sorprendido. Es evidente que, el periodista Fernando Ónega, un monárquico, con fama de sensato y con general reconocimiento de toda la clase periodística; aparte de tener la impresión de que se ha dejado llevar por la tentación de promocionar a sus hijas ( alguien lo llamaría nepotismo), Cristina y Sonsoles, para que la primera, Cristina, consiguiera ser directora del programa 24 Horas en la TVE, y la segunda, Sonsoles, también al frente de un programa de mañana, en la TV5 ( no es que dudemos de sus cualidades, pero llegar tan rápido a puestos semejantes, a otros periodistas con toda seguridad les hubiera costado años y sudar tinta); sin que ninguno de sus colegas ( quién esté libre de culpa que tire la primera piedra) haya manifestado preocupación alguna. Resulta que, en el caso de Sonsoles, la niña le ha salido progre y, por añadidura, pedantilla, como viene demostrando en el programa de las mañanas de Herrera en la Cope, donde no duda en expresar (suponemos que para intentar destacar) de forma categórica y con una suficiencia exagerada, opiniones que, en ocasiones, se acercan más a las que tendría cualquier miembro de Podemos que a lo que se esperaría de una hija del señor Ónega. En fin, ver para creer.
Contrarios completamente a estos puntos de vista tan negativos, sólo queremos recordarles a estos señores tan pesimistas respecto al futuro del PP en las manos de Pablo Casado que, o bien ellos no consideran importante lo que ha sucedido mientras Rajoy llevaba el timón de España, salvando el aspecto económico, en el que siempre le hemos reconocido el mérito de salvar a España de las manos de los hombres de negro; en cuanto a los resultados electorales en las últimas confrontaciones electorales, no ha dejado de perder escaños, a pesar de mantenerse en el primer lugar; en las catalanas el fracaso fue apoteósico y en cuanto a los votos que se marcharon del PP durante sus últimos años de gobierno, coincidiendo en gran parte con su forma de tratar el tema catalán y sus errores al confiarse en la señora Sáez de Santamaría ( ahora en el Consejo de Estado, donde van a parar todos aquellos desechos de la política) la negociación con los avispados dirigentes de la soberanía catalana, en la que fracasó totalmente sin conseguir lo que se proponía, comprar con dinero y transferencias la voluntad de los dirigentes separatistas. Y gracias a Dios que fracasó ya que, en caso contrario, puede que, el acuerdo al que se hubiera llegado, hubiera sido una verdadera traición a todo el resto de los españoles.
Pero hay una consideración que pone en cuestión las reservas de estos periodistas, convertidos en críticos del nuevo cuadro directivo del PP y su nueva política en cuanto a la forma de ejercer sus funciones de oposición y es, sin duda, la frescura de sus actuaciones,  la claridad de sus acusaciones en contra de Sánchez (el nerviosismo del presidente denuncia lo que le hacen mella las palabras de su oponente del PP), su rotundidad en sus afirmaciones y, una facultad añadida que le da brillantez a su oratoria, puede hacer un discurso sin necesidad de mirar un solo papel y esto, la audiencia, lo sabe agradecer. Se trata de que en las elecciones del 2016 fueron 8 los millones que votaron al PP, sin embargo, según estimaciones del IMOP, en la actualidad apenas votarían al PP 4´7 millones de personas. Y, como ya adelantamos en un análisis de cuando el señor Casado ganó a Santamaría la presidencia del PP, que nadie piense que, en las autonómicas de mayo del 2019, que nadie piense que se va a conseguir un buen resultado, porque sería infantil pedir que en tan poco espacio de tiempo los factores que han influido en la caída de votos durante la época de Rajoy, puedan ser compensados por la nueva cúpula del PP y, en especial, por la labor de Casado, a quien le queda una dura y complicada etapa de recuperación para atraer de nuevo al redil del PP, en este caso renovado, a aquellos que decidieron abandonarlo.  La mirada se debe poner en las elecciones del 2020, si no se adelantan, en las que ya se podrán valorar la gestión del nuevo equipo en cuanto al aumento de votantes.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo como algunos de los que han presumido de defender al centro derecha o la derecha, por cicaterías propias de aquellos que piensan más en sus prestigios personales (aunque las predicciones de algunos de ellos, durante los últimos años, no hayan sido especialmente brillantes) o buscan lucimiento presumiendo de gran visión política ( resulta risible como todos ellos, para apoyar sus propias afirmaciones, recurren al latiguillo tan corriente  de “a mí me lo ha asegurado una persona de gran categoría “ o “esto lo sé de muy buena tinta”, “ me lo ha comentado en secreto un ministro…”). Pues a mí no, señores, nadie me hace confidencias, ni me llama para pedirme opinión ni tengo acceso a los concordatos entre el Gobierno y los separatistas catalanes pero, como ciudadano de a pie, he aprendido a leer en todo aquello que nos enseña el sentido común que, si eres adicto a él, acaba por dar buenos resultados ¿o no?
 

Etiquetas:PP