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LUDWIG WINDHORST, EL DAVID QUE VENCIÓ AL CANCILLER DE HIERRO

José luis Orella
Windhorst, el pequeño o la pequeña excelencia, nació en 1812 en una localidad cercana a Osnabruck y murió en 1891 de una congestión pulmonar en plena actividad parlamentaria, conservando sus facultades.
De origen modesto, recorrió una brillante carrera como jurista y hombre político. Presidente del parlamento de Hannover a los 38 años, ministro de justicia a los 40, desde su juventud luchó a favor de los derechos de la Iglesia y de su ideal gran-alemán, Prusia desarrolló en la unificación la pequeña Alemania, al no integrar a Austria. Originario de la Baja Sajonia, fue hannoverense por el Tratado de Viena de 1815, y desde 1866, prusiano por la anexión de Hannover al reino de Prusia. Winhorst siempre fue fiel a la monarquía derrocada y tuvo por ello la alianza de la oposición güelfa luterana y antiprusiana hannoveriana. Durante el periodo anterior al dominio prusiano, consiguió que se creara un obispado católico en Osnabrück.
Desde 1848, ocupa cargos públicos asentándose su espíritu conservador, aunque no reaccionario. Respetuoso con el poder constituido, siempre fue favorable a éste, pero igualmente decidido a resistirse a las tentativas del poder, cuando pretendía violar los derechos constitucionales escritos o no de la Iglesia. En 1867 entró en la dieta prusiana y en el Reichstag, su genio parlamentario le llevó a convertirse en el líder indiscutible de los grupos católicos integrados en el Zentrum, el partido que defendía el derecho de los alemanes católicos a no ser discriminados por su creencia religiosa. Estuvo en el puesto durante 24 años, destacándose como un gran orador dotado de una gran memoria, por su casi total ceguera que le impedirá utilizar apuntes.


El pequeño hannoveriano fue el líder católico que tuvo que enfrentarse a la política anticatólica del kulturkampf del canciller Bismarck. La tenacidad que demostró en defensa de la Iglesia, dio unidad al catolicismo alemán en unos momentos muy difíciles de 20 años de persecución liberal. Se convirtió en la persona más odiada por el canciller de hierro y su actividad  consiguió convertir a grupos heterogéneos de católicos del antiguo régimen en una unidad compacta y bisagra de la nueva monarquía constitucional prusiana. Winshorst utilizó magistralmente el parlamentarismo y su posición bisagra en actuar entre la izquierda socialista y liberal, y la derecha luterana conservadora, para conseguir la retirada de las medidas anticatólicas. Espetará frente a von Bismarck: “El Kulturkampf al separar a los obreros de la Iglesia, ha hecho nacer los horrores del comunismo. El peligro desaparecerá si el Zentrum en vez de verse obligado a luchar contra el Estado, pudiera unir sus fuerzas a las suyas para hacer volver a los obreros a la Iglesia”.
El Zentrum defendió la libertad de conciencia y el orden constitucional frente al liberalismo anticlerical y antirromano, que veía en el catolicismo al enemigo más peligroso del II Reich prusiano. No obstante, la unidad en los últimos años de su pequeña excelencia no fue tan rotunda, apagadas las brasas del anticatolicismo, la derecha luterana necesitaba los votos católicos para votar medidas sociales, que impidiesen el ascenso del socialismo y fuesen favorables al aumento del presupuesto militar, en la carrera que llevaría finalmente a la Primera Guerra Mundial. Medidas a las que Winshorst se opuso sistemáticamente, por su antiprusianismo y por no querer el reforzamiento del Estado, aunque fuese en beneficio de la política social. Esto provocó el voto rebelde a favor del gobierno de diputados católicos conservadores, que se sentían leales a Prusia y que por su juventud veían el peligro socialista y las consecuencias positivas de una  política social necesaria.
Sin embargo, el pequeño demostró ser un hombre de gran talla cuando los católicos alemanes minoritarios y desunidos descubrieron en él al líder que los mantuvo unido y que consiguió derrotar la política anticatólica del gobierno liberal de Bismarck. Todo un ejemplo de la entrega de un político a sus ideales católicos. En 1891 Ludwig Windthorst falleció en su escaño mientras hablaba al resto de la cámara, fue enterrado en la iglesia de Santa María de Hannover, un año más tarde que se su eterno rival, el canciller de hierro hubiese sido alejado del poder por el Kaiser Guillermo II.
 

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