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Morir por la Patria


José Escandell. 15 de agosto.

Es un hecho que apenas nadie está dispuesto a ofrecer su vida por la Patria. El antiguo «Todo por la Patria» de los cuarteles del Ejército y de la Guardia Civil son sólo recuerdo poético. Es verdad que la Guardia Civil mantiene el sentido de su existencia por sus funciones de orden público. Pero los militares, cuya razón de ser gira alrededor de la guerra, hoy sólo se dedican a «misiones de paz» y se les va olvidando (o se les hace olvidar) que existen para matar y morir. Tengo para mí que los militares hoy en España han de convivir con una íntima crisis de identidad, si no con una abierta esquizofrenia.

Se acepta que puede arriesgarse la vida en una plaza de toros, en una carrera de automóviles, en una escalada, una travesía o una singladura, si las metas son ambiciosas. Se acepta asimismo la muerte de los niños no nacidos: el aborto provocado. Estamos en vías de aceptar la eutanasia: la muerte provocada de ancianos y enfermos. Y no hay quien se ofrezca a morir por la Patria.

Posiblemente la mentalidad según la cual los hombres creen que es honorable morir por la Patria supone unas coordenadas vitales especiales, muy alejadas de las que vertebran el vivir liberal-progresista. En realidad, para esta mentalidad, es que ya no hay nada por lo que valga la pena morir, si no es como juego (en el riesgo deportivo) o como liberación (aborto, eutanasia, suicidio).

A mi modo de ver, el sentido militar de la vida es un rasgo central de la aristocracia. Es un ciudadano de mayor cuantía el que, por encima de su particular y privado beneficio, pone su vida al servicio de la sociedad, de modo que, cuando ésta se lanza en pos del absoluto bien común, no entiende de límites. Sólo entonces la muerte infligida o padecida por conservarla o acrecerla tiene sentido y es honorable desde el punto de vista moral.

De otro modo, ser militar no pasa de ser una forma elegante de ser, a la vez, asesino y suicida. Porque la vida sólo puede ponerse en juego si con ello se sirve a un bien superior. Por eso mismo, cuando deje de parecer justa, a los ojos de nuestra cultura, la muerte del inocente, entonces será posible ser militar y no llorar.

 

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