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Diario YA

 

 

Mutter y Ferrández, icono de dos generaciones

La violinista Anne-Sophie Mutter es una de las solistas más relevantes de la actualidad y, desde que comenzó su carrera en 1976, ha tocado en conciertos alrededor de todo el mundo y en los mayores centros musicales. Además de los trabajos tradicionales, ha continuado aumentando su público con nuevos e innovadores repertorios, tanto en música de cámara como en trabajos con orquestas. Una de sus inquietudes es ayudar al desarrollo de los jóvenes, excepcionalmente hacia los jóvenes con gran talento.

En el Auditorio Nacional de Música, fue el caso, y compartió escenario con Pablo Ferrández y su violonchelo, quien es sin duda alguna, una figura muy prometedora e icono de una nueva generación. Christoph Eschenhach, que cuenta con más de 80 grabaciones como solista y director, le define con estas palabras: “Lo tiene todo: una técnica espléndida, una profunda musicalidad y un carisma arrollador”. En el prestigioso XV International Tchaikovsky Competition hizo historia al ser el primer español premiado, y a sus 24 años, fue señalado por la crítica como uno de los mejores violonchelistas.

Acompañado de la London Phillarmonic y su director, Vladimir Jurowski, pudo demostrarlo con el doble concierto en La menor, Op. 102 de Brahams. Mutter al violín, el joven Fernández al violonchelo y Jurowski a la batuta, ofrecieron un espectáculo memorable, ante una audiencia expectante y en un Auditorio que alcanzó el lleno más absoluto.

El director ruso merece también una mención, por su dinamismo, musicalidad y desafiante compromiso artístico. Tras debutar en el Metropolitan de Nueva York con “Rigoletto” (1999), es en la actualidad, uno de los más solicitados directores, y desde 2007 es director titular de la London Phillarmonic. Su presencia y su forma de conducir la orquesta no pasan desapercibidos.

La segunda parte del programa fue la “Pastoral” de Beethoven, su sinfonía número 6, un memorable concierto, hermosísimo, que -como acertadamente comenta Ruiz Tarazona-, refleja el mensaje dulce y apacible de un artista en feliz comunión con la Naturaleza. Se trata de un sentimiento de paz y alegría, no de una descripción de una escena, del encuentro del hombre con la creación y la belleza, y resulta un monumento crucial de la vida y el arte del genial compositor.

Se consolida la tendencia el ofrecer conciertos de la mano de solistas de diferentes generaciones, como una forma de acercar la música al gran público, abrir nuevas vías de expresión y alimentar el talento de sus protagonistas. La alemana Mutter (1963) y Pablo Ferrández (1991) son un buen ejemplo, y conviene agradecerlo a sus promotores, en este caso, a Juventudes Musicales de Madrid y a las becas de las empresas e instituciones que lo hacen posible.