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La infamia se ha consumado. O, mejor dicho, las infamias

"Navarra: Coincidencias, Signos dramáticos y Avisos"

J.Mª. Manrique. La infamia se ha consumado. O, mejor dicho, las infamias. - 11-XI-2016: Se decreta judicialmente que la, posiblemente, mayor profanación sacrílega del Mundo no es “delito” sino libertad de expresión; los Acuerdos Iglesia-Estado, la Constitución y el Código Penal han sido pisoteados. Lo ha hecho el juez Otamendi, titular del Juzgado de Instrucción nº 2 de Pamplona, archivando la querella. Me estoy refiriendo a los hechos acaecidos en torno a la exposición blasfema (“Amén”, por Abel Azcona) que exhibió 242/8 supuestas Formas Consagradas en el marco de la sala de exposiciones municipal de Pamplona. La misma se corresponde con el Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, el cual fue desacralizado por el Arzobispado (Mons. Sebastián, en 1998-99) y cedido condicionadamente al Ayuntamiento, menos la cripta-panteón (sede de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz y el Santo Cristo). Recalco la palabra cedido porque es trascendental en cuanto a fijar en última instancia la propiedad del inmueble.

- 16-XI-2016: Se desentierra a los que yacían en la cripta del Monumento. Por supuesto, el Ayuntamiento pamplonés, retorciendo la “Ley de Memoria Histórica” (no recoge ni la obligación ni el derecho de desenterrar y desterrar a los muertos que reposan en un lugar digno) y otras normativas, no ha hecho caso a la mayoría de los familiares de los enterrados y ha desestimado, con toda lógica (la suya), las formales y poco firmes alegaciones del propietario del edificio -Arzobispado- y de la Cripta. ¿Ha sido una mera coincidencia de fechas en vísperas del 20N, con su significado religioso (festividad de Cristo Rey) y político? Lo dudo, pues, como dijo el judeo-masón Franklin D. Roosevelt (Presidente de los Estados Unidos de 1933 a 1945) “en política, nada ocurre por casualidad; cada vez que un acontecimiento surge, se puede estar seguro que fue previsto para llevarse a cabo de esa manera”. Respecto a las exhumaciones hay que precisar que:

- Es falso que, como dice ahora el Arzobispado, el Ayuntamiento sea el propietario del edificio (incluida la cripta), pues la sala de exposiciones, como parte del Monumento a los Caídos, fue cedida con una serie de condiciones, incluida la de que “el donatario (Ayuntamiento) deberá destinar el edificio donado a actos o actividades de estricto orden cultural, educativo, exposiciones artísticas, etc… en todo caso, estas actividades deberán estar a tono con la naturaleza y origen de la edificación, cuidando el propietario de mantener en el interior del edificio el orden y debido respeto a la Cripta”. Parece evidente que el actual Ayuntamiento no ha cumplido estas condiciones de la cesión ni a la institución que se la cedió, y, lo peor, que el donante, el Arzobispado, ha renunciado reiteradamente a exigir mínimamente sus derechos, incluso mediando sacrilegios (la exposición blasfema se inauguró y mantuvo sin problemas todo el tiempo programado) y delitos (exhumaciones ilegales y allanamiento de morada Además, es poco creíble que en el Ayuntamiento de Pamplona y su entorno no hubiera nadie que filtrara, desde mucho tiempo antes, lo que se estaba cociendo antes de la exposición y de las exhumaciones, por lo que le Arzobispado no puede alegar desconocimiento previo. Sin duda, no hay peor ciego y sordo que el que quiere hacérselo.

- En relación con la cripta, en 2008 el Tribunal Administrativo de Navarra resolvió que, en aquel momento, las medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Pamplona (aisló la cripta del resto del edificio quedando solo a disposición de la parroquia) eran suficientes para desposeerle del carácter de “símbolo de régimen franquista”, y que tampoco era válido por parte del Ayuntamiento acogerse al Reglamento de Sanidad Mortuoria, no vigente en una cripta de uso privado.

- Según la prensa (9-XI-2016) y el Alcalde, el Arzobispado llegó a un incalificable acuerdo, no especificado, el cual fue públicamente reprobado por la familia del General Sanjurjo. En todo caso, el Arzobispo Francisco Pérez aseguró que “yo no me opongo (a las exhumaciones), son las familias las que deciden”, paro no defendió los derechos de la de Sanjurjo y otros (www.diariodenavarra.es del 13-XI).

- El juzgado de lo contencioso administrativo nº 2 de Pamplona rechazó el día 15 el recurso presentado por la hija del general Sanjurjo por el que pedía la suspensión del acto que ha tenido lugar esta madrugada.

- A partir de las 12 de la noche de ese mismo día 15 se desenterró por la fuerza, o con el rechazo de muchos de los familiares, al general laureado José Sanjurjo Sacanell, a los dos hermanos Aznar Zozaya, y a Arregui Olalquiaga. Y eso por no hablar de los que hace muchos años decidieron el enterramiento inicial allí. Algunos nietos del General Emilio Mola Vidal, pues parece ser que su hija deseaba que se mantuviese, cedieron ante las presiones de todo tipo que soportaban y se llevaron días atrás (24-XI) sus restos mortales. Si alguien pensó que exhumando a Mola se iban a parar el resto de las exhumaciones, se equivocó o se engañó miserablemente.

- Podría hablarse de allanamiento de morada (la cripta es desde 1960 la sede de la citada canónica Hermandad), pero el acuerdo con el Arzobispado para que éste renunciara, al menos y al parecer (no se ha hecho público su contenido), a presentar cualquier recurso contencioso administrativo invalida en parte esa cualificación.

Como alguien ha escrito (http://www.navarraconfidencial.com/2016/11/17/nota-de-prensa-de-la-famil...): ha sido miserable, indigno, humillante y vergonzoso. Estamos, además, tras el convulso cambio de Gobierno, ante una ofensiva generalizada contra la España tradicional y contra la Iglesia, concretada ésta con sacrílegos ataques casi diarios al mismo Dios, a la Eucaristía. Que nadie se llame a engaño en adelante: gran parte de la Jerarquía Eclesiástica pactará todo tipo de acuerdos similares a este. Léase José Antonio, Francisco Franco, Quipo de Llano, etc. Desde luego, los católicos españoles deberemos estar muy vigilantes y comprometidos con nuestra verdadera fe ante estos acontecimientos, a los que hay que sumar la connivencia con leyes inmorales y anticristianas en la mayoría de las Autonomías y el propio Estado, además de otros espinosos temas relacionados con la moral matrimonial y la Eucaristía. Personalmente yo me he determinado a dar mi “diezmo” sin usar la casilla correspondiente. Entre otras cosas porque, en gran medida, va a parar a unos medios de comunicación que no defienden la moral cristiana y unas autoridades eclesiásticas separatistas.

Etiquetas:guerra civiliglesiaJosé María Manrique