Home

Diario YA


 

los chinos de esta ciudad eran más abiertos y asumieron algunos valores venidos de occidente como el cristianismo

PEDRO CELESTINO LOU-TSIANG, UN MINISTRO PARA DIOS

José Luis Orella

Lou Tseng-Tsiang, nació en 1871 en Sanghái, la gran ciudad comercial de China y una de las grandes puertas del continente al exterior. Por esta razón, los chinos de esta ciudad eran más abiertos y asumieron algunos valores venidos de occidente como el cristianismo. El joven Lou, tuvo la suerte de nacer en una familia acomodada de Fe cristiana, aunque, en pleno siglo XIX de hegemonía inglesa, su orientación fue la protestante. No obstante, al nacer en una familia cristiana y abierta a la cultura occidental, estudió en un colegio de formación europea, donde aprendió el francés, idioma que era la lengua de la diplomacia moderna desde el siglo XVIII, en que sustituyó al español. Esta formación le sería esencial, cuando de adulto se dedique a la carrera diplomática.

Su primer destino fue de intérprete en el servicio diplomático a San Petersburgo, capital del imperio de los zares, donde desarrolló una política de buena amistad, ante un país que ejercía una gran influencia en el declinante imperio chino. La posterior, guerra ruso-japonesa de 1905 confirmará la entrada en escena del Imperio del Sol Naciente, el Japón moderno derrotó a los rusos iniciando una demoledora intromisión en la política interior china. Lou fue destinado a ciudad de La Haya, en los Países Bajos, donde su amabilidad y educación fue correspondida con numerosas amistades. Sin embargo, su estancia en el extranjero le marcará, desde 1906 hasta 1920 vive en Europa, un periodo de su vida que le transformará en su vida personal. Su aspecto físico fue lo más llamativo, adoptando la forma de vestir occidental y cortándose la coleta manchu. Algo de gran trascendencia para los chinos, convencidos de que su cultura era superior a la europea, la adopción de las formas exteriores occidentales le hacía parecer ante sus compatriotas, como un renegado.

No obstante, su cambio exterior era lo de menos, y su evolución interior, no produjo ninguna amenaza para su carrera diplomática. A nivel personal, Lou se había casado con una católica, Berthe Bovy, hija de un militar belga, a quien había conocido en la capital rusa.  Nunca hablaron sobre la diferencia de sus creencias, pero el gran amor a su mujer le fue llevando a la búsqueda de la verdad. Lou se convenció de que el  catolicismo era la forma más perfecta de vivir la Fe en comunión con Dios y de que era depositario del bagaje doctrinal de la Iglesia nacida con los Apóstoles. El en su matrimonio mixto aceptó que si tuviesen hijos fuesen instruidos en la Fe católica, al no tenerlos, decidió seguir aquel paso. Su entrada en la Iglesia católica se confirma en 1912.

Sin embargo, en su país se iban a iniciar profundos cambios políticos. Las fuerzas renovadoras querían transformar China, a la cual veían postrada ante las potencias occidentales y japonesa. Por eso en 1912, se proclamó la república bajo el liderato de Sun Jang Sen, quien pretendía adoptar las formas materiales europeas, precisamente para impedir la entrega del país a los intereses extranjeros. Lou, por su formación fue pronto requerido para volver a su país y hacerse cargo del ministerio de Asuntos Exteriores en 1919. No obstante, al poco tiempo tuvo que dimitir ante la imposibilidad de poder defender su patria de las ambiciones políticas y económicas de las potencias extranjeras. Lou fue primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores en varias ocasiones, pero en el Tratado de Versalles, negó su firma, por la entrega de parte del territorio chino al control del Japón.

En 1922 vivió en Suiza, ya que su mujer mostraba síntomas de una grave enfermedad, incluso visitó Roma, donde fue recibido por el Papa Pío XI. En 1926 su mujer fallecía, dejándole en una gran soledad por la ausencia de descendencia en el matrimonio. El cuerpo de su mujer será enterrado en La Haya, cuando su país caminaba en 1927 hacia la guerra civil entre los nacionalistas del difunto Sun Yang Sen, liderados por Chiank Khai Chek y los comunistas de Mao Tse Tung. Lou se estableció en Bélgica, su soledad y el espíritu confucionista, que le había enseñado desde niño una ética y un modo de ver la vida compatible con el derecho natural, le llevó a su entrada en el noviciado benedictino en 1928. Lou fue ordenado en 1935 y ya como Padre Pedro Celestino O.S.B., se convirtió en un monje benedictino adorado por los belgas, que supo hablarles de los sufrimientos y de la confianza en Dios, cuando tuvieron que sufrir la experiencia de la segunda guerra mundial.

En 1946 Dom Pedro Celestino Lou era nombrado Abad de la comunidad benedictina de San Pedro en Gante. El monje se convirtió en una referencia de la sociedad católica belga, aunque con el pensamiento siempre en su gigantesco país, con la secreta esperanza de que cuando despertase, lo hiciese en un sentido cristiano, como tributo al sacrificio de miles de misioneros y fieles chinos detenidos y asesinados detrás del muro de bambú. Falleció en enero de 1949.

 

Etiquetas:josé luis orellaOrella