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Diario YA


 

el señor Rodríguez Zapatero se valió de la fórmula convenida, en aquel vergonzoso pacto del Tinell

Pedro Sánchez intenta aislar al centro derecha para silenciarlo

Miguel Massanet-Bosch. Tenemos que reconocerlo, la poca imaginación de ciertos líderes políticos para intentar librarse de sus adversarios políticos que, en general, cuando se trata de las izquierdas, optan por convertirlos directamente en sus enemigos, parece que no tiene remedio.

Si el señor Rodríguez Zapatero se valió de la fórmula convenida, en aquel vergonzoso pacto del Tinell, para condenar al ostracismo al partido del señor Rajoy durante sus dos legislaturas; parece que esta va a ser la misma estrategia para intentar alcanzar el poder en esta ocasión en la que, siendo perdedor en las pasadas elecciones, ha utilizado todos los medios que la libertad de expresión le ha facilitado, para verter sobre Rajoy y el PP toda la bilis y basura que un personaje de su calaña humana es capaz de desembuchar, para atacar la honra, la calidad humana y la competencia de una persona, como la de don Mariano Rajoy, al que se le pueden criticar, posiblemente, muchas cosas, menos el haber sido el que ha conseguido cambiar el sentido de la economía y de la situación de quiebra soberana que le dejaron los socialistas de Zapatero, que le habían engañado respecto al estado de las finanzas del país con aquel marrón al que, ingenuamente, los del PP calificaron como un “traspaso de poderes ejemplar” ¡Dios les conserve esta inocencia!.

Los dirigentes del PSOE se han cansado de repetir hasta la saciedad, que los resultados de las pasadas elecciones, según su propia e interesada interpretación, requerían que los distintos partidos intentaran llegar a acuerdos, que era necesario que se hablase más y que cada uno cediese en bien de un consenso que fuera capaz de llevar a España a, un cambio (todavía no sabemos lo que ellos consideran como un cambio necesario) en el que las distintas formaciones políticas pusieran todo de su parte para llegar a entendimientos en beneficio de la imagen de España y los intereses del pueblo español. Esta misma postura, señores, es la que esta mañana, en la COPE, ha sostenido el número 2 y portavoz del PSOE, señor Antonio Hernando, como la que, según los resultados de los comicios, se les había requerido, a las formaciones políticas, por los ciudadanos españoles.

Lo curioso es la postura contradictoria que la dirección del PSOE viene manteniendo cuando, junto a esta postura aparentemente conciliadora, tanto el señor P.Sánchez como el mismo señor Hernando, han establecido una barrera específica contra el PP al que, a pesar de haber sido el partido más votado, se le quiere privar ( por segunda vez en dos legislaturas), en primer lugar, de gobernar como hasta ahora había acontecido en parecidas situaciones y, en segundo lugar, no contentos con cambiar la indicada costumbre, vuelven a intentar amordazarle, con un nuevo cordón sanitario, para torpedear todas las iniciativas que pudiera presentar este congreso en el Parlamento ya que, en el Senado no pueden utilizar este truco indecente debido a que, el PP, tiene mayoría absoluta. El procedimiento es típico de la izquierda y ello le ha servido allí donde ha podido gobernar, para convertir un acto democrático en un medio para hacerse con el poder; modificar las leyes para perpetuarse en él y convertir, al resto de poderes estatales, como el legislativo y el judicial, en instrumentos a sus órdenes para evitar que, los ciudadanos, puedan ejercer con garantías y con toda legitimidad el derecho a voto, para librarse de la opresión de esta clase de regímenes totalitarios.

Cuando el señor Sánchez proclamó, ante toda la nación, que en el tema de la unidad de España las líneas rojas de su política estaban claras, no hizo más que volver a engañar a los ciudadanos. En efecto, le ha faltado tiempo para, en el momento menos adecuado, intentar acercarse a los separatistas catalanes para ofrecerles diálogo. Pero ¿qué clase de diálogo?, ¿qué temas que no se hayan tratado durante todos estos años pasados, intenta el señor Sánchez revivir?, ¿Todavía no se ha dado cuenta de que nunca, el señor Junqueras o el mismo señor Puigdemont, nuevo presidente de la Generalitat, van a renunciar a su intención de romper lazos con España?

Sánchez ha cometido el primer error que ha levantado chispas en su propio partido, al conceder por las buenas cuatro de los escaños de su partido en el Senado para permitir que ERC y la nueva CDC, Democracia y Libertad, puedan tener sus propios grupos y percibir las ayudas económicas y demás ventajas que esta posibilidad les ofrece. Y esto, señores, a unos secesionistas duchos en aprovechar todas las ventajas que les proporcionan las leyes españolas, a la vez que ya han anunciado que no las van a respetar si no se ajustan a sus intereses de conseguir una separación de España.

¿Ustedes pueden imaginar una coalición para gobernar en la que participen, ya dentro del gobierno, ya con acuerdos de legislatura o mediante apoyos puntuales, el PSOE, Podemos, ERC, IU y otros partidos de extrema izquierda marginales (no vemos, de momento, a Ciudadanos avenirse a integrarse en semejante disloque)?

Es evidente que, con semejante panorama, es difícil de que un gobierno constituido por partidos con tal diferencia de idearios, con fórmulas de gobierno tan distintas (los de Podemos y otras izquierdas propugnan el salirse de Europa y del euro, el negarse a pagar las deuda o el exigir de Europa condiciones especiales para su pago). Hasta hace poco parece que el PP confiaba en un paso atrás del PSOE (esperando que los barones socialistas intervinieran para poner cordura a Sánchez, conseguirían que, en el último momento, en la última votación para la investidura de Rajoy, los socialistas se abstuvieran) algo que parece que las palabras rotundas de sus dirigentes dan por descartado, lo que supondría que SM el Rey debería designar a Sánchez del PSOE para que intentara formar gobierno.

El cariz que parece que está tomando la política española apunta a avalar que, el señor Sánchez, no se va a parar en líneas rojas si, para conseguir la investidura, precisa del apoyo de los rupturistas catalanes lo que supone que, para conseguirlo, debería hacer concesiones. ¿Qué tipo de cesiones o qué tipo de peticiones estaría dispuesto a aceptar, el señor Sánchez, con tal de conseguir el voto en el Parlamento de los separatistas?

Tiemblo por la unidad de España. Lo que es obvio es que, un gobierno formado por cuatro o cinco partidos, entre los cuales, por los menos, hay más de uno de clara tendencia comunista, que desean reformar la Constitución para adaptarla a sus propias políticas; que presionarían para enfrentarse a la CE y, muy probablemente, para dar un paso más en el sentido de abandonar España; o, cuando el mismo PSOE se ha escorado hacia posiciones de izquierdas maximalistas, en las que, muy posiblemente, intentarán aplicar políticas, como las de la señora Colau en Barcelona ( nada más la moratoria turística ya ha conseguido hacerle perder miles de millones a este sector) que ya padece las consecuencias de su stop a la construcción de nuevos hoteles, lo que les ha permitido a los que, actualmente están abiertos el elevar sus precios; o las curiosas propuestas de M. Carmena, en Madrid, cuando lo mejor que se le ocurre es espantar a una empresa china, Wanda, que con sus inversiones hubiera proporcionado, sólo en la capital de España, la friolera de 16.000 puestos de trabajo y una inversión de más de 6.000 millones de euros, entre varias iniciativas inmobiliarias.

Y, a todo lo expresado, vamos a añadir lo que va a suceder en el resto de Europa, donde ya ha tenido que acudir a toda velocidad el señor Guindos, para apaciguar a los inversores y a las cancillerías europeas que ya han comenzado a dudar de nuestra capacidad de devolver la deuda y de continuar nuestra recuperación económica; algo de lo que dudan si, como casi parece inevitable, el gobierno del país pasa a manos de un conglomerado de izquierdas, como ha ocurrido en Portugal con la diferencia de que allí son pocos los partidos que han derrotado a la derecha y, para más INRI, en España van a ser un conglomerado que, sin duda alguna, serán incapaces de mantener la estabilidad que precisamos y, mucho nos tendremos que equivocar si, al poco tiempo de ensayar semejante invento, no empiezan a resquebrajarse los pactos y todo esta iniciativa de las izquierdas acabará por derrumbarse, con las consecuencias verdaderamente apocalípticas que, el tiempo perdido durante este lapsos de interinidad, tendrían para un país que había apostado todo a la austeridad, la confianza de nuestros inversionistas, la ayuda de la CE, la consolidación de nuestras fianzas, la contención del gasto público, de la deuda pública y la reducción del déficit público, algo que nos exige Bruselas.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, pensamos que, los que peinamos canas y fuimos testigos, aunque niños, de la Guerra Civl del año 1936 y que habíamos pensado que, nunca más en nuestra vida, contemplaríamos una situación semejante, ya no seríamos capaces de aventurarnos a jurar que no vamos a ser, de nuevo, testigos de algún disparate semejante.

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