Por un pacto de estado económico
Miguel Rivilla San Martin. La situación del déficit que arrastramos es de tal envergadura, que parece imposible su remedio, como el que intenta la cuadratura del círculo. Mientras exista la Babel de las 17 autonomías, con duplicidad de servicios y derroches millonarios, en funcionarios y gastos de representación, no hay fuerza que pare la avalancha deficitaria.
Mal ejemplo el de La Administración central. Echa mano del dinero del Estado que “no es de nadie”. La austeridad brilla por su ausencia, dando El Gobierno el peor ejemplo a los jerifaltes autonómicos, que apelan a la Constitución, para lograr la igualdad entre todos. Ni con la presidencia europea levantaremos cabeza. La propaganda no crea bienestar ni trabajo.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


