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Diario YA

“La villanía, envuelta en las sombras de la ciega noche, es tanto más tiránica cuanto más invisible.” W. Shakespeare.

Puigdemont viaja al extranjero para traicionar a España

Miguel Massanet Bosch. Algunos tenemos la desagradable sensación de que, nuestro Gobierno, siempre está situado un paso atrás de las iniciativas de estos descerebrados pero activos y tozudos, defensores del independentismo catalán. Si el señor Rajoy parece que, después de un largo periodo de hibernación mental respecto a lo que, casi para todos, era una insoportable, inadmisible y temeraria campaña puesta en marcha por un grupo de políticos catalanes, que estaban decididos a poner sitio al gobierno de la nación para intentar obligarle, en unos momentos de debilidad política y de interregno entre una legislatura y la siguiente, de más de un año, en el transcurso del cual, gracias a partidos como el PSOE, C´s y los comunistas bolivarianos de Podemos, llegamos a pensar que España estaba condenada, definitivamente, a seguir los pasos de Syrisa en Grecia; se ha decidido a salir de su largo letargo y ha empezado a recurrir a los tribunales para hacer entender a los nacionalistas catalanes que, todo lo que llevan planeando, desde hace unos años, no tiene en más mínimo soporte legal, no se aguanta dentro de la Constitución de 1978 y no lleva a otro camino que el del enfrentamiento con el resto de España; del que, es evidente, que poco o nada van a sacar, por mucho que sus bravatas de última hora pudieran hacer creer que tienen una mínima esperanza de conseguir sus objetivos.

En realidad, siguen emperrados en “mantenella y no enmendalla”, por una única y temeraria razón: porque se han metido en un fregado que, en estos momentos, no tiene salida alguna más que la rendición o el seguir, hasta las últimas consecuencias, manteniendo su desafío al Estado. Pero no hay duda de que, como fieras acosadas, todavía gozan de medios para poder perjudicar a España; disponen de la suficiente capacidad para seguir explotando los recursos de la mala fe, la mentira y la distorsión de la Historia (algo en lo que les apoya esta absurda, errónea, apócrifa e inoportuna ley de la Memoria Histórica que, en mala hora, los socialistas del gobierno de Zapatero quisieron poner en marcha con el único objetivo de intentar reescribir los hechos de aquella, malhadada, república de 1936 y sus macabras consecuencias para el pueblo español).

En efecto, cuando han agotado todas las posibilidades de ser recibidos en las cancillerías europeas, para intentar colar sus patrañas independentistas en algún gobierno que tuviera la debilidad de prestarles oídos; habiendo salido trasquilados de todas las puertas a las que han llamado y regresado de tales excursiones con el rabo entre las piernas; el señor Puigdemont y sus filibusteros antiespañolistas, quieren buscar fortuna en los países de Hispanoamérica, pensando que en ellos van a encontrar el apoyo que, hasta ahora, se les ha negado en todos los lugares donde lo han intentado.

Puestos a la brega ¿por qué no empezar por los EE. UU de América, aprovechando que ahora ha subido un presidente nuevo, republicano, pero que mantiene malas relaciones con sus colegas de partido y peores con sus adversarios demócratas. No es probable que consiguieran entrevistarse con él, aunque es evidente que el señor Puigdemont lleva en su faltriquera suficiente dinero ( de los catalanes, por supuesto) para comprar entrevistas, conseguir que algunos miembros del Congreso o del Senado, les escuchen, a título particular, por supuesto e, incluso, que les permitan fotografiarse juntos para así poder exhibir algo, ante sus correligionarios, con lo que intentar justificar el coste que, para las arcas exhaustas de la Generalitat, supone un viaje a todo tren de esta numerosa comitiva que acompaña al líder catalanista Puigdemont.

En cualquier caso, lo que nos extraña a los ciudadanos de a pie cuando, en ocasiones, no tenemos la lucidez suficiente para conseguir entender los motivos por los que se mueven nuestros gobernantes, es la pasividad de nuestro ejecutivo, el inmovilismo de los partidos políticos llamados ( en ocasiones no llegamos a entender el por qué se los designa de esta manera) constitucionalistas y la mansedumbre con la que la prensa en general, ya no nos referimos a la de Cataluña que, en su 90% es afín a ese torpe sentimiento separatista, sino a periódicos de derechas o contrarios a los objetivos nacionalistas de los políticos catalanes, cuando se limitan a informar sobre los viajes de propaganda del señor Puigdemont, sin cargar las tintas en su inoportunidad, en lo caros que les cuentan a los catalanes, denunciando ¿de qué partida presupuestaria se sacan los recursos para sufragar tanto despilfarro? y, principalmente, ¿cómo se les permite, a estas personas, que vayan contando cuentos chinos ante quienes están dispuestos a escucharlos?, cuando se trata de funcionarios públicos, nombrados para sus cargos por la Administración del Estado, aunque sean escogidos por los ciudadanos autonómicos, pero que han jurado respetar la Constitución del Estado español.

Lo que, evidentemente, no significa que tengan patente de corso para ir ensuciando por estos mundos de Dios, la imagen de España y la de una nación escrupulosamente democrática en sus leyes y en sus formas, cuando, en realidad, los que se enfrenta a la legalidad, los que están vulnerando la Constitución y aquellos que cometen, una vez y otras, las normas constitucionales, son quienes protestan de la incomprensión del Estado. ¡Inaudito e incomprensible en un Estado de derecho en el que se supone que, las leyes, están para cumplirlas y aquellos que no lo hacen deben ser sometidos a los tribunales de Justicia para recibir las penas correspondientes!

El hecho irrefutable es que, nos guste o no, cada día que pasa vamos recibiendo nuevas noticias que demuestran que el Gobierno, el TC, los fiscales encargados de denunciar los actos ilícitos cometidos por los nacionalistas catalanes, siguen en la inopia mientras los separatistas gozan de la independencia, las facilidades, el consentimiento y las libertades para actuar, cuando les da la gana y dónde les pareciera hacerlo; para poner a España, a su gobierno, a los españoles no separatistas y a todas las instituciones del país, de chupa de dómine, mientras en el Parlamento de la nación están todavía peleándose por si serán galgos o podencos los que tienen que mandar en aquel antro de irregularidades.

No es una cuestión menor el que hayan conseguido hablar con dos representantes de una de las cámaras de representación popular del pueblo, uno republicano y el otro demócrata, porque, aunque todo ello no tenga carácter oficial puede suceder, con ocurre en la ONU, que una parte más ignorante de los senadores o congresistas, pudiera dejarse engañar como, en su día, las brigadas internacionales, procedentes de los EE.UU e Inglaterra, vinieron a luchar en apoyo de los comunistas contra Franco cuando, si hubiesen estado bien informados, se hubieran percatado de que estaban luchando en el bando equivocado, como se demostró unos cuantos años más tarde. No hay duda de que, los EE. UU, están pasando por una situación lo suficientemente movida e inestable en el ámbito político para que, muchos de los representantes de cada uno de los partidos más importante de la nación, puedan sentirse incómodos dentro de sus respectivas formaciones, todavía desorientadas por los recientes comicios legislativos, la irrupción del señor Donald Trump y la caída estrepitosa de la señora Clinton.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos que denunciar, una vez más, esta política de tolerancia, de evidente acercamiento a la ilegalidad, con las que se viene tratando a todos aquellos que están en una continua lucha contra el Estado español, sin que se tomen las medidas adecuadas y ampliamente apoyadas por la Constitución española, para poner cota a tanto desmán; si, además, se tiene en cuenta que, por otra parte, los comunistas de Podemos y la señora Colau en Barcelona y Manuela Carmena, en Madrid, están convirtiendo a una parte importante de España en un feudo del comunismo soviético si nos atenemos a lo que están haciendo los ayuntamientos comunistas de ambas ubicaciones.

Y ahora queremos preguntarnos ¿qué ha venido a hacer en Barcelona la señora Soraya Sáez de Santamaría y qué es lo que ha conseguido de las conversaciones secretas que viene manteniendo con determinadas personas nacionalistas?, ¿no va a resultar que, de tanto paripé, volvamos a parir un monstruo al que no habrá otra manera de detener que volviendo a los métodos que nos llevaron a la primera Guerra Civil? ¡qué nadie se soliviante ni se lleve las manos a la cabeza porque, poco a poco, las circunstancias se van pareciendo cada vez más a aquellas que precedieron al levantamiento del 18 de julio de 1936!