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Diario YA

Reflexión en estos momentos de tribulación

Rafael López-Diéguez. En la mesilla de mi habitación siempre hay dos libros, los evangelios diarios de cada año y el libro “La Paz Interior”, de Jacques Philippe, un clásico imprescindible que cualquier católico debe de leer. Este libro lo he leído unas veinte o treinta veces en mi vida, y cada vez, aun pensando que ya lo he leído todo y subrayado todo, le vuelvo a encontrar un mensaje, un consejo nuevo. Es verdad que los libros “hablan”, a mi me han hablado dos concretamente en mi vida: La Paz Interior y el Diario de Sor Faustina Kovalska. En los dos me he visto reflejado y leído de forma literal lo que sentía en determinadas situaciones de mi vida. He descubierto las soluciones a los momentos de miedo a perder lo material y lo espiritual, de angustia, de graves preocupaciones, de lagunas y silencios en mi Fe, de como el Padre de la Mentira me sembraba la desconfianza en Dios, de como me revelaba contra el dolor, el sufrimiento y ver a un Dios impotente ante ello.

Es en estos momentos de tribulación y oscuridad cuando vuelvo a recurrir, vuelvo a oír, el mensaje de los Santos y del propio Cristo a través del evangelio y el referido libro. Gracias a Dios una vez he avanzado tan solo 20 hojas ya recupero La Paz y con ello vuelvo a recuperar mi absoluto convencimiento de que me tengo que abandonar plenamente en el Señor, recupero  el convencimiento de que debo “esperar contra toda esperanza”, logro luchar contra la desesperación que el maligno quiere instaurar en mi corazón y vuelvo a recuperar el convencimiento de que “ todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios” y que “los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”(Rom 8, 18).

Por mucho que queramos ver en la mano del hombre la solución a los problemas, por mucho que pensemos que solo nosotros, pobres hombres, con científicos y vacunas, podemos revertir esta situación, estamos equivocados, solo superaremos esta situación cuando reconozcamos nuestra debilidad, cuando como niños nos pongamos en manos del Padre, y en El depositemos nuestra esperanza y confianza. Se que es inevitable que no podamos comprender las motivaciones de la actuación de Dios, pero ello es porque en estos motivos no intervine la sabiduría comprensible y explicable para la inteligencia humana, sino la misteriosa e incompresible Sabiduría Divina.

Debemos poner en manos del Señor las cosas pequeñas y las grandes, debemos descansar en EL, debemos pasarle nuestros problemas, no hay nada que le agrade mas, porque cuando le ponemos nuestros problemas en sus manos, estamos haciendo una de las muestras más importantes de Fe,  y EL, ante esto, no nos fallara. El nos volverá a conducir por praderas tranquilas y nos apartara del maligno. Es ahora cuando debemos estar muy atentos a los “enredos” del maligno, es ahora cuando nos hará pensar que nos dejemos de tanta espiritualidad, que para nada sirve, intentará sembrar la desconfianza, pues bien, ante esto rezar, cuando venga ese pensamiento perverso, rezar y rezar, esa es la batalla del bien contra el mal.

Pero si es verdad que toda nuestra confianza debe estar en el Señor, también lo es que debemos arbitrar los medios necesarios y poner nuestros talentos naturales, que son instrumentos en manos de la Providencia, al servicio del bien común, es por ello que en estos momentos debemos ponernos al servicio de los mas perjudicados, de los débiles,  es cuando debemos hacer manifestación expresa de nuestra caridad y humildad. Es bueno que sigamos las recomendaciones de profilaxis y actuación social que están recomendando, debemos seguir estas prácticas, pero no debemos caer en paranoias absurdas que son obra del maligno y que las utiliza como un elemento para destruir nuestra FE en Dios.
 

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