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San Ambrosio de Milán, entre Oriente y Occidente

San Ambrosio es, junto San Agustín y San Jerónimo, uno de los tres grandes exponentes de la Patrística occidental en los siglos IV y V. Fue un importante promotor en Occidente de las fuentes de la teología oriental, y su labor de exégesis resulta inagotable.

VIDA

Su biografía coincide con los pontificados de cuatro Papas santos: Julio I, Liberio, Dámaso I y Siricio (este último, después de San Pedro, fue el primero en asumir el apelativo de Papa). Son tiempos revueltos para la Iglesia, con la herejía del arrianismo destacándose sobre todas las demás.

Hijo de un prefecto de las Galias, San Ambrosio nace hacia el año 340 en Tréveris, en una familia de honda tradición cristiana (entre cuyos miembros descuella, al parecer, la virgen y mártir Sotera). Tras la muerte del padre marcha a vivir a Roma, en un ambiente dominado por el ideal cristiano (verá a su hermana Marcelina hacer profesión de virginidad ante el Papa Liberio); asistirá entre tanto a cursos de retórica y gramática y, con el tiempo, desempeñará una importante carrera administrativa, sobresaliendo en la misma por su aplomo e inteligencia; en virtud de estos logros, es enviado a gobernar las provincias de Liguria y Emilia, en calidad de consularis.

    Las dificultades no harán sino comenzar: hacia el año 370, Ambrosio se establece en Milán, ciudad sumida entonces en fuertes luchas entre paganos y arrianos, pero también entre ortodoxos y arrianos. Con madera de árbitro, el santo consigue ganarse la estimación y aprecio de todos, salvando la difícil situación con mano diplomática. A la muerte del obispo arriano Auxencio, las muchas dificultades surgidas para la elección del sucesor serán resueltas con el nombramiento del pacificador Ambrosio. Giro insólito: el magistrado pasa a ser obispo. Y así, es ordenado el 7 de diciembre de 374, ocho días después de haber recibido el bautismo, bien que retardado (era costumbre entonces), pues Ambrosio era de familia cristiana. Repartida su hacienda entre la Iglesia y los pobres, el nuevo obispo se entrega con gran celo al ejercicio de su misión.

    Esta biografía, rica en episodios sugestivos, tiene uno de los más intensos en su famosa disputa con el pagano Símaco (384), quien quería restablecer el Ara de la Victoria en el Senado. La aplicación de Ambrosio en su lucha contra el paganismo impedirá la restauración de la idolatría, siempre intermitente. Vinculado a este hecho, hay otro episodio importante, que tendrá lugar poco después, en 386, cuando Valentiniano III ordene, por un decreto, que algunas de las basílicas católicas de Milán sean entregadas a los herejes. Ambrosio, todo nervio y energía (pese a su endeble constitución física), se opondrá con firmeza, y apoyado por el pueblo, no tendrá sino que movilizar a éste para que procede a ocupar los edificios disputados... ¿Ceder suelo sagrado a los herejes? ¡Nunca! Bien sabía San Ambrosio lo que estaba en juego: su eficacia dogmática, y su capacidad de actuación a la hora de desbaratar los planes desintegradores de los herejes, acusan el vigor audaz y sentido del deber católico (así en una época en la que la Iglesia no transigía con el error, pues el error, a fin de cuentas, no tiene derecho a existir).

    Otra fecha para el recuerdo: el 24 de abril de 387, Ambrosio bautiza en la Catedral de Milán a un ciudadano de Hipona, de 32 años, a quien la Catolicidad habrá de conocer luego como San Agustín. En cualquier caso, la influencia de Ambrosio sobre Agustín fue enorme, y jugó un papel crucial en la conversión de su joven admirador.

    San Ambrosio morirá una década después, la noche del 3 al 4 de abril del año 397; era un amanecer de Sábado Santo.

    Escritor prolífico, este Doctor nos ha legado una importante producción que representa uno de los pilares de referencia de la Patrística occidental, con obras tales como De la encarnación del Señor (contra los arrianos), De los Misterios y De los Sacramentos (escritos dogmáticos), De las vírgenes (texto ascético) o el muy importante Hexamerón, que comentaremos brevemente más adelante, entre otros.

DOCTRINA

La importancia doctrinal de Ambrosio es capital por dos conceptos: si notable es su significación en cuanto introductor de la meditación de las Sagradas Escrituras (como precedente y consolidación de la lectio divina, es decir la predicación y la escucha orante de la Palabra de Dios conjugadas en una comunión total), no menos relevante es el valor de su magisterio, que -como habría de reivindicar Benedicto XVI- se consolida sobre la catequesis en cuanto “inseparable del testimonio” y llave a la conversión de las almas.

OBRAS DESTACADAS

- De la Fe [De fide ad Gratianum Augustum] (377-380): aunque relegado a un segundo plano en el corpus ambrosiano, este texto dogmático presenta la particularidad de haber sido escrito para el joven emperador Graciano; opúsculo pues de instrucción, destinado a su discípulo espiritual y peticionario, en cinco libros.

- Del Espíritu Santo [De Spiritu Sancto] (381): una de las escasas obras estrictamente teológicas del santo, dedicada como la anterior a Graciano, y suerte de suplemento al previo De la Fe, en cuanto su artífice cumple la promesa hecha al emperador de profundizar más en la Tercera Persona de la Trinidad.

- Los deberes de los ministros de Dios [De officiis ministrorum] (ca. 386): tratado en tres libros, de temática ascético-moral y resonancias ciceronianas en el título, con el cual Ambrosio acota las líneas maestras de los deberes de los clérigos, ilustrando asimismo a los catecúmenos en la práctica de la moral cristiana; esta importante entrega, una de las más señaladas del Doctor, nos ofrece asimismo la posibilidad de estudiar la profunda visión que del mundo moral guardaba el Obispo de Milán.

- Hexamerón (ca. 387): paradigma de la exégesis ambrosiana (en clave alegórica), que permite a su autor ilustrar y comentar la obra divina de la Creación. El germen de este trabajo procede de la serie de predicaciones de Ambrosio en la Semana Santa de 387; el profesor Francesco Della Corte estima que las partes más notables de la obra son los libros tercero (sobre las plantas), quinto (sobre los pájaros y los peces) y sexto, concretamente su segunda parte (sobre la anatomía humana).

BIBLIOGRAFÍA

- AAVV: Diccionario literario Bompiani, Tomos I & V, Ed. Hora, Barcelona, 1992.
- BENEDICTO XVI: Santos Doctores de la Iglesia. Catequesis de Benedicto XVI, Ed. EDICE, Madrid, 2012, pp. 71-78.
- SAN AMBROSIO DE MILÁN: El misterio de la encarnación del Señor, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2005.
- SAN AMBROSIO DE MILÁN: Los deberes, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2015.

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