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Diario YA


 

Tranquilo, Laporta

Fernando Ballesteros. 28 de enero.
 
El señor Laporta se ha puesto nervioso. Le han tocado a Messi y el que ha sido en los últimos meses dirigente prudente y acertado,  nos ha vuelto a recordar que, a veces, se le va la cabeza y nos confirma que, además, es una persona que tiende a mezclar fútbol y política, y que ve fantasmas institucionales persiguiéndole. Una pena. 
 
Y el caso es que no tiene motivos para que le ataquen los nervios. Todo le marcha bien y todos, o casi, estamos convencidos de que el argentino no se iría al Madrid si le llamara Florentino Pérez, en caso de que se presente a las elecciones, que esa es otra.
 
Lo que sí es un poco mosqueante es ese sello de todopoderoso que se le atribuye al salvador blanco en ciertos sectores. Da la impresión de que todos tendrán que apartarse ante su llegada y rendirse a la evidencia de que un "ser superior" va a cambiar el orden de las cosas con su regreso.
 
Miren, aquí es donde entran en liza los efectos que el paso del tiempo tiene en las mentes humanas. Y si es en la de los periodistas deportivos y, por extensión, de los aficionados al fútbol, no les quiero ni contar. Hoy nadie recuerda el motivo por el que se marchó F.P, el fracaso de su modelo de Zidanes y Pavones o los tres años de sequía, tres, del Real Madrid bajo su mandato. Pero esas son realidades, por mucho que los últimos desmanes de Calderón nos lleven al "cualquier tiempo pasado fue mejor". Conviene recordar también que toda esta historia reciente que comenzó en aquel Fernando Martín y terminó en Pachá con Nanín y sus amigos de gomina y bunfanda, tuvo su germen en una renuncia florentiniana todavía no suficientemnte explicada.
 
Y mientras pensamos ya en urnas sin conocer fechas, ni candidatos, el Madrid sigue ganando y consolidando un segundo puesto que parece llenar a los más pragmáticos, que al fin y al cabo para soñar está la Champions.
 
A esta también se agarran los atléticos. Vivir una noche mágica ante el Oporto y quien sabe si un emparejamiento de cuartos ilusiona a una hinchada que cada vez ve más negro lo de repetir competición el próximo año. Otro partido mediocre, otra semana sin ganar y una oportunidad de oro perdida para cazar al Valencia es el saldo de otro triste fin de semana de los de Aguirre.
 
Por cierto, siempre le reproché al mexicano su poca destreza con los cambios. Daba por hecho, sin embargo, que si conocía las reglas. En Málaga, durante unos segundos, cuando mandó calentar a Camacho con los tres cambios realizados, se me vino todo abajo. Luego se dio cuenta y rectificó con lo que se confirmó que esta actividad no sólo le  corresponde a los sabios. También Aguirre lo hace.

 

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