Home

Diario YA

no ha traído una democracia modélica integrada en la UE

Ucrania, un plato para dos

José Luis Orella. Hace un año de los acontecimientos de Maidan, que trajeron la última revolución cultivada desde el otro lado del atlántico. Sin embargo, la deposición del legítimo y corrupto presidente ucraniano Yanukovich, no ha traído una democracia modélica integrada en la UE, fuertes inversiones extranjeras y un crecimiento espectacular del país. Ucrania se ha trasformado en el último capítulo del retoque de fronteras que se dibujaron en Yalta, y que desde la caída del Muro ha iniciado su transformación.
Los ucranianos del este no quieren perder su relación con Rusia, donde ya una parte importante de ellos trabajan. Los del oeste desean materializar en su país lo que ven en Polonia, otro país eslavo, integrado en la UE y que goza de un fuerte crecimiento, donde ya existe una importante comunidad inmigrante ucraniana. Pero la crisis económica no permite a la UE una política de integrar más países. La política de amistad de Alemania y Francia con Rusia, por la seguridad energética, les hace distanciarse de unos EEUU que vieron el momento de expansionar la OTAN y hacerse con el control estratégico del Mar Negro, que recordemos, es fundamental en el control del transporte del Petróleo y el gas natural  de Asia central y del Golfo Pérsico hacia occidente. Pero el mar Negro es el Caribe ruso, su patio trasero, y una Rusia renovada en su discurso nacionalista por Vladimir Putin, sabe que no puede ceder en un aspecto capital para la recuperación de Rusia como potencia regional.
Entretanto, el este se ha enfangado en una guerra con casi seis mil muertos. Los voluntarios nacionalistas ucranianos, se han visto trufados de expertos privados, como instructores. Del mismo modo que los mineros del este, han visto aparecer solidarios voluntarios cosacos, muy vehementes ante las cámaras, mientras que huidizos veteranos de tropas de elite rusas, se hacían cargo  a escondidas de un armamento cada vez sofisticado.  Al final los ucranianos cada vez son más dependientes de EEUU y Rusia. Los primeros, incluso con un presidente aislado de su sociedad por una hueste de consejeros extranjeros, y los del este viven de los convoyes humanitarios, y de otro tipo, que pasan por los 400 km de frontera.
La gran guerra no se producirá, esperemos, pero Rusia ha empezado a tachar objetivos. La bolsa de Debáltsevo, que amenazaba con cortar las comunicaciones entre Donetsk y Lugansk, ha sido eliminada, con una operación de libro, del mítico Zhukov. Los siguientes objetivos, marcados por acciones de desestabilización, son el puerto de Mariupol, necesario para unir la zona prorrusa con Crimea, y Jarkov, la capital económica ucraniana y de la opinión pública favorable a Rusia. El objetivo más lejano, Odessa, sería necesaria una intervención de las milicias de Trasnistria, entidad eslava, escindida de Moldavia., pero que internacionalizaría el conflicto aún más.
En el momento actual, la UE elimina el oxígeno (armamento) a Ucrania para no alimentar el fuego de la guerra, pero con un gobierno cada vez más sometido a los intereses de EEUU, o de sus empresas, interesadas en las tierras más fértiles del viejo continente. Por el lado ruso, han conseguido transformar a los federalistas ucranianos en separatistas prorrusos, quienes se ven obligados a enquistarse con Abjasia, Osetia del sur y Trasnistria, en una constelación de miniestados, dependientes de Rusia. El objetivo final sería reunir a los 19 millones de ucranianos de lengua materna rusa, en una nueva entidad que se federase a la Unión Eurasiática, a nivel económico y político, y cuya geografía sirviese para mantener el control del Mar Negro, el gasoducto que llega a Moldavia, y la principal zona probable, según la Shell, de gas de esquistos, en concreto en Donetsk y Jarkov. Con este control, Rusia seguiría monopolizando el principal recurso energético hacia la UE, y la Ucrania restante, perdería su principal baza económica. En definitiva, Ucrania cada día depende menos de sus ciudadanos, y cada más del interés de las grandes corporaciones económicas de las dos grandes potencias.
 

Etiquetas:Crimeajosé luis orellaucrania