Un regalo para ella
Victor Alvarado
Un regalo para ella (2009) es la simpática comedia francesa póstuma de Claude Berri, que falleció cuatros días después de iniciar el rodaje, por esa razón fue terminada por Francois Dupeyron conocido por El señor Ibrahim y las flores del Corán (2003) y El pabellón de los oficiales (2001), que acompañó al citado director en el lecho de muerte con lo que pudo obtener las claves de este largometraje.
Se trata de una cinta poco original, pues guarda ciertos paralelismos con Los perros de mi mujer (1965) y la reciente Una pareja de tres (2008). La película reflexiona sobre las parejas que centran su vida en el bienestar de sus mascotas, olvidándose de que lo realmente importante debe de ser la pareja y la necesidad de entregarse en la educación de unos hijos, que podrían tener como complemento un perro. Un dato que invita a pensar el porqué de la igualación entre animales y personas ha provocado que la sociedad española vaya infravalorando progresivamente el valor de la vida humana, lo que ha provocado un aumento exagerado del número de abortos. Si no acuérdense de las malintencionadas e interesadas declaraciones de la ministra Bibiana Aído, que carecen de rigor científico en las que decía que el feto era un ser vivo, pero no había evidencias de que fuese un ser humano. Si este es el nivel de quien nos gobierna, no nos puede extrañar nada.
Cambiando de tema, la cinta presenta dos puntos fuertes como la amable banda sonora de Frédéric Botton y Jean-Yves d'Angelo y dos excelentes actores como Matilde Seigner y Alain Chabat, mientras que la debilidad de este trabajo cinematográfico se encuentra en las situaciones cómicas sobre los tópicos de los perros y sus dueños, puesto que no siempre provocan la sonrisa.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


