Una vacuna que impedía el desarrollo de un embarazo
María Ferraz. En los noventa, la OMS lanzó una campaña para vacunar a millones de mujeres en Nicaragua, México y las Filipinas entre las edades de 15 y 45 años, supuestamente contra el tétano, pero no fue suministrada a varones, ¿por qué?
El Comité Pro Vida de México sospechó e hizo analizar la vacuna. Resultado: la vacuna sólo para mujeres en edad fértil contenían Gonadotropina Coriónica o hCG, una hormona natural que al combinarse con un portador de anatoxina tetánica estimula anticuerpos que impiden el desarrollo de un embarazo. La Fundación Rockefeller y su Consejo de la población, el Banco Mundial y el Instituto Nacional de Salud de EE.UU. habían estado involucrados en este proyecto desde 1972 para desarrollar la encubierta vacuna abortiva con un portador de tétano para la OMS.
Otro caso es el de Epicyte, empresa de biotecnología californiana, que desarrolló en 2001 maíz genéticamente modificado con espermicida que esterilizaba el semen de los hombres que lo comían con fondos de investigación del Departamento de Agricultura de EE.UU. Hoy el monopolio de semillas genéticamente modificadas está en manos de Monsanto, DuPont, Syngenta y Dow Chemical Monsanto, será como declarara Henry Kissinger en los setenta: “Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población”.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


