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Estamos siendo testigos de cómo nuestra sociedad vive cada vez menos la realidad

Virtualidad versus realidad

Enrique De la Puente. Estamos siendo testigos de cómo nuestra sociedad vive cada vez menos la realidad. No me refiero sólo a la percepción que va teniendo de lo que sucede a su alrededor, ya que muchas veces la información que le llega no es la real, al haber sido manipulada por aquellos que, siendo profesionales de la misma, no cuentan la verdad y tergiversan los hechos para crear el estado de opinión más acorde con su ideología. Me refiero también a lo que la tecnología va poniendo al alcance de los individuos, en lo que atañe a la virtualidad, y que las empresas hacen accesible, creando elementos que van requiriendo menos condiciones previas para ser utilizados.

Vemos así cómo la virtualidad va ganando terreno y día a día está más presente en la vida de las personas, de las empresas y de la sociedad en general. Donde más se puede percibir este fenómeno es en la relación entre unos y otros, en la que se sustituye la reunión por la comunicación a través de teléfonos, videoconferencias, etc., pero veamos primero cómo se crea esa virtualidad a través de la información de la realidad. Un sistema de información en general deberá realizar las mismas funciones que el sistema nervioso en el cuerpo humano: percibirá la realidad, registrará datos, los analizará, tramitará información hacia los programas adecuados y enviará las órdenes que estos adopten.

De todo este proceso se almacenará una parte, en un proceso de auto aprendizaje constante. El mundo real es muy difícil de codificar, y los modelos que se hacían para representar partes del mismo simplificaban la realidad, hasta que los elementos no recogidos implicaban errores en la captación de esta realidad. En la actualidad el avance que ha tenido lugar en los equipos y programas que sustentan el proceso de la información, hacen posible que la virtualidad sea casi igual a la realidad, aunque siguen existiendo diferencias. En la sociedad tanto las fuentes como los usuarios se cuentan por millones y las redes que los soportan son heterogéneas.

En este entorno complejo los usuarios exigen un alto rendimiento transaccional, una disponibilidad completa de datos externos y una seguridad total en los datos propios que se consideran confidenciales. La información se actualiza y se intercambia en redes cada vez más extensas y sofisticadas, en un proceso de 24 horas todos los días del año. Es evidente que en este escenario todo tiene un valor que se paga y se cobra, y puede observarse cómo también aquí la virtualidad empieza a estar presente. Como ejemplo, se puede ver la evolución que han experimentado las empresas, que antes eran sólo de comunicación, pero que en la actualidad han ido tomando parte de la virtualidad que se crea y se difunde, y amplía sus negocios, incorporando parte del proceso a su actividad. Como es lógico, en las transacciones que supone el proceso, los valores son distintos a lo largo de la cadena de valor, que se representa en la figura que sigue. La figura muestra la cadena de valor de la transmisión de información, en la que se puede ver la explicación de la expansión de las antiguas empresas de telecomunicación a lo largo de la cadena, ya que su actividad era la de menos valor, llegando en la actualidad a participar en todos los eslabones de la misma. Lo más evidente en este proceso de creación de la virtualidad, es su continuo crecimiento, lo que ha provocado innovaciones en casi todos los ámbitos. Se puede citar como ejemplo que los bancos hayan creado formas de pago a través de los móviles.

Otro fenómeno relacionado con la virtualidad es la aparición, ya desde hace tiempo, de una moneda virtual, que se llama Bitcoin y que últimamente está experimentando un auge considerable en sus movimientos, quizás por su aceptación en China, donde el Gobierno controla las transacciones de capital, pero que no puede, de momento, controlar la actividad con bitcoins, o quizá por el interés que empiezan a mostrar las grandes empresas de la comunicación. De momento, varias empresas y pequeños negocios aceptan bitcoins como medio de pago para servicios de todo tipo, como telefonía, hosting de internet, tarjetas regalo, asesoría legal, turismo, y otros. Su ámbito internacional y el hecho que los usuarios pueden comerciar con un cierto anonimato, ha hecho posible que se abra paso en sectores cada vez más regulados, como, por ejemplo, apuestas en línea y partidas de póker. La moneda virtual ha dado el salto desde el ciberespacio a comercios ubicados en distintas ciudades del mundo (Nueva York, Londres). En España, varios comerciantes y usuarios del bitcoin, han acordado ya su utilización en diversos establecimientos, por ejemplo en algunos de la calle Serrano de Madrid. También en Barcelona están desarrollando una estrategia similar para ubicar distintas tiendas donde se pueden usar los bitcoins en la zona de la Ciutat Vella.

Las características de esta moneda virtual son especiales. Los bitcoins contienen la dirección pública de su dueño. Cuando un usuario A transfiere algo a su clave privada. A entonces incluye esos bitcoins en una transacción, y la difunde a los nodos de la red P2P a los que está conectado. Estos nodos validan las firmas criptográficas y el valor de la transacción antes de aceptarla y retransmitirla. Este procedimiento propaga la transacción de manera indefinida hasta alcanzar a todos los nodos de la red P2P.

Las monedas nacionales están sometidas al monopolio de los bancos centrales, que pueden condicionar su valor, mientras que los bitcoins, calificados por el economista George Selgin como materia prima sintética, tienen un valor muy semejante a su coste de producción. De hecho Bitcoin utiliza un sistema de prueba de trabajo que simula la obtención minera de materias primas. Pero su cada vez mayor utilización como dinero se debe a sus características, ya que es escaso y denso en valor, ya que en una dirección se pueden almacenar grandes cantidades de euros, que debido a que la dirección es bastante anónima es difícil de controlar. Ya se han creado casas de cambio que permiten la compraventa de bitcoins y se están creando instituciones sin ánimo de lucro para su tratamiento.

En la actualidad se pueden hacer negocios en bitcoins, mientras que los resultados finales son cargos o abonos en moneda de cada país en las cuentas bancarias de los que los realizan. El Bitcoin requeriría un artículo propio para poder ser explicado de forma suficiente, pero es otra virtualidad más que cada vez es más utilizada, sin que, para mi sorpresa, vea reacciones en los bancos centrales, quizás fiados en la actuación de sus gobiernos. Volviendo al tema de este artículo, vemos cómo en ese proceso de aceptar la virtualidad como realidad, existe el peligro de equivocarse cuando la virtualidad no se corresponde exactamente con la realidad y las decisiones que se tomen partan de premisas no correctas.

La relación entre individuos, cada vez más común a través de redes sociales, puede llevar a esa situación. En algunas universidades anglosajonas se han creado lo que llaman “espacios seguros”, en los que se aceptan unos principios disfrazados de libertad y en las que evolucionan jóvenes en un mundo irreal. ¿Qué resultará del experimento, cuyo alcance no llego a comprender? Parece que la sociedad quiere arrinconar aquellos dichos, en los que la sabiduría popular almacenaba la experiencia adquirida, como los que le decía Don Quijote a Sancho Panza; pero de cualquier forma ya ha sustituido el “consejo de ancianos” por las redes sociales, tomando como verdad lo que la mayoría acepta. Yo gritaría: ¡Cuidado con la virtualidad!

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