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Fundación Madrina retrata la cara oculta de la reconstrucción tras los incendios

“El pueblo se salva a sí mismo cuando la ayuda estatal no llega”

Conrado Giménez, presidente de la organización, repasa la fase de reconstrucción tras el paso del fuego por la Comunidad de Madrid y Ávila: pueblos como Casavieja que se quedaron sin cobertura mientras ardían, casas sin luz ni agua, familias que han perdido su empleo, animales sin pienso -como Caramelo, el chihuahua que se reencontró con su familia tras días desaparecido-, niños con secuelas emocionales y una petición urgente de protocolos de coordinación público-privada para que la ayuda no dependa, otra vez, de la improvisación.

Madrid, 4 de agosto de 2026.- “El pueblo se salva a sí mismo”. Con esta frase resume Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, la lección más dura de estas semanas de incendios en la Comunidad de Madrid: mientras las ayudas autonómicas y la sociedad civil han respondido con rapidez, la ayuda estatal, denuncia, “o llega muy tarde o no llega”. La organización, con 25 años de trayectoria en emergencia humanitaria, cierra hoy la primera fase de su respuesta -desplegada en 77 puntos de la región- y encara ya la reconstrucción, mientras extiende su operativo a los doce pueblos desalojados en Zamora.

Volver a un pueblo quemado: sin luz, sin agua y sin trabajo

“Se puede encontrar de todo”, resume Giménez sobre lo que las familias se van a encontrar al volver a sus municipios: desde viviendas totalmente inhabitables hasta fincas con la electricidad, el agua o el aire acondicionado inutilizados. Los alcaldes, explica, están pidiendo sobre todo maquinaria y apoyo para retirar toneladas de escombros, mientras varias familias han comunicado a la fundación la pérdida de su empleo o de todo el contenido de su nevera. “Ahora hemos hablado con todos los municipios y nos están comentando qué necesidades tienen; estamos en esa fase preliminar de la segunda fase”, señala el presidente, que adelanta que en los primeros días la prioridad será la limpieza, la electricidad y contactar con electricistas y fontaneros.

Muchas familias, añade, se preguntan también cómo documentar los daños en sus viviendas y terrenos para poder solicitar ayudas más adelante, algo que, recuerda Giménez, ya generó graves problemas tras la DANA de Valencia, donde el plazo para justificar los daños fue tan breve que muchos afectados se quedaron sin poder reclamar. Por eso, Fundación Madrina pondrá a disposición de los municipios apoyo jurídico especializado, además del contacto directo con los alcaldes para identificar a las familias más vulnerables -con menores o personas mayores a su cargo- que necesitan ayuda prioritaria.

Casavieja, el pueblo que ardió y se quedó sin cobertura

Fundación Madrina lo ha comprobado sobre el terreno en Casavieja (Ávila), uno de los municipios más arrasados por las llamas, donde ha hablado con su alcaldesa, Vanessa Muñoz. Las familias, desalojadas el sábado por la mañana, ya han podido regresar a sus casas, pero se han encontrado un pueblo devastado y, sobre todo, incomunicado: “ni datos, ni voz, nada de nada”, resume la alcaldesa, que llegó a subir a una zona alta del pueblo, exponiéndose al sol y al humo, en busca del único punto donde lograba algo de cobertura para poder llamar.

El pueblo llevaba sin fibra desde el jueves, cuando arrancó el incendio, y sin apenas cobertura de voz o datos desde el viernes, un día antes del desalojo. Durante los momentos más críticos del fuego, denuncia Vanessa, fue “imposible” contactar con el 112 o con los servicios técnicos. El sábado, cuando las llamas arrasaron el municipio, el propio cableado de telecomunicaciones quedó destruido, agravando aún más el apagón de comunicaciones en plena emergencia.

Pero el problema, según relata la alcaldesa, va más allá del incendio: las antenas de última generación instaladas en la zona con fondos europeos para el despliegue del 5G se han repartido por convenio entre distintas operadoras -en su municipio, en exclusiva para Vodafone-, de modo que el resto de compañías no activan la itinerancia para no asumir el coste, dejando a los vecinos de otras operadoras sin ningún tipo de señal en todo el valle. Fundación Madrina se ha ofrecido a mediar ante la operadora, a través de una relación institucional previa, y ha planteado como solución de emergencia la instalación de conexión satelital tipo Starlink mientras se restablece la red.

Sobre el terreno, la prioridad ha cambiado de las personas a los animales: Casavieja gestiona ahora mismo la alimentación del ganado que ha sobrevivido al fuego. Ha llegado mucho pienso para caballo, pero escasea el forraje para vacas, cabras y gallinas, mientras la Asociación de Cazadores se ha volcado en alimentar a la fauna salvaje superviviente, ciervos y jabalíes incluidos. El municipio cuenta además con cerca de ocho toneladas de heno ya empacadas para donar, pero sin medios de transporte para moverlas: Fundación Madrina se ha comprometido a poner a su disposición la logística -furgonetas y camiones- para trasladarlas a quien las necesite.

Apoyo médico, psicológico y jurídico: también para las mascotas

Además del material de primera necesidad, la fundación ha activado una plataforma en su web, madrina.org, donde los afectados por cada incendio pueden ponerse en contacto con un equipo de médicos, juristas y psicólogos. “Todo esto ha cambiado mucho la vida de las personas: de pronto dejarlo todo deprisa y corriendo”, explica Giménez, que subraya un efecto poco visible en las imágenes de la catástrofe: el impacto en quienes tienen animales de compañía. “Los más afectados son la gente que tiene animales: qué van a hacer con ellos, el tema de la alimentación, si no han muerto”, lamenta el presidente de la organización, que confirma que ya han recibido peticiones de material médico infantil específico.

Caramelo, el chihuahua que resume el drama animal de los incendios

Ese impacto silencioso sobre los animales tiene ya un rostro -o un hocico- propio: el de Caramelo, un chihuahua de trece años y poco más de dos kilos que quedó separado de su familia cuando el fuego obligó a evacuar San Martín de Valdeiglesias. En la confusión de los primeros minutos, con el humo colándose por debajo de las puertas, el pequeño perro desapareció entre correas sueltas y puertas entornadas; cuando su familia llegó al punto de evacuación y contó las cabezas, la suya faltaba.

Fue una vecina, a la que la fundación identifica como Marisol, quien lo encontró días después escondido bajo un coche, deshidratado pero vivo, y lo envolvió en un pañuelo mientras avisaba a la familia. El reencuentro, sin grandes gestos ni escenografía, se ha convertido en símbolo de una realidad que rara vez llega a los titulares: la de los perros, gatos, burros y cabras que también huyen del fuego, y de los vecinos que no están dispuestos a darlos por perdidos.

Willmary Jiménez, usuaria y voluntaria de Fundación Madrina desplazada a la zona, resume la otra cara de esta emergencia, la que no se ve en las imágenes de material repartido: “hay heridas emocionales muy profundas que muchas veces no se ven, pero que necesitan atención urgente”, explica, recordando a una mujer mayor que se acercó a la zona médica no a pedir comida, sino a que alguien la escuchara. Su mensaje a los afectados estos días ha sido siempre el mismo: pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino un acto de valentía.

La fundación recuerda que el rescate animal no forma parte de su misión oficial, centrada en la maternidad y la infancia vulnerable, pero que sobre el terreno esa frontera se disuelve: la ayuda a San Martín de Valdeiglesias, Villa del Prado y Almorox se ha sumado, sin reducir un solo envío, a la operación humanitaria Venezuela SOS que la organización mantiene abierta de forma simultánea. “Ante una catástrofe de esta magnitud, no podemos mirar hacia otro lado. Nuestros locales están para ayudar, y hoy toca ayudar aquí, a nuestros vecinos”, resumió la fundación al abrir sus puntos de acopio a las familias desalojadas por el fuego.

La salud mental de niños y mayores, la urgencia silenciosa

Giménez insiste en que uno de los procesos más importantes de esta fase será la recuperación psicológica de los colectivos más golpeados emocionalmente: los niños y las personas mayores. “Los niños se han desubicado. Ellos no saben lo que ha pasado, solo saben que no están en su casa, y la forma que tienen de expresarlo es a través de no dormir o de empezar a tener dolores por todas partes”, explica. Esos síntomas físicos sin causa aparente, añade, son “una luz de emergencia que se enciende” y que las madres comunican a la fundación.

El presidente de Madrina pide actuar desde los primeros días para evitar que ese trauma se consolide, con especial atención a los niños con autismo u otras patologías, que “sin duda están sufriendo más”, y con un acercamiento “con mucha prudencia y mucho respeto” hacia las personas mayores. “La mejor forma de normalizar la situación es que vuelvan a sus hogares; si hay algún problema, pueden llamarnos perfectamente e intentamos ayudarles”, ofrece.

La lección de la DANA y La Palma: la ayuda estatal, la asignatura pendiente

Preguntado por lo aprendido en emergencias anteriores, Giménez pone como ejemplo la DANA de Valencia, donde -recuerda- 20.000 familias se vieron afectadas de forma indirecta y, sin embargo, la atención institucional se concentró solo en los casos más visibles. “Nosotros dimos comida, dimos proteína, dimos de todo, pero también apoyamos psicológicamente; hay gente destrozada”, relata. La conclusión que extrae es clara: “las ayudas de las distintas comunidades siempre son las primeras que llegan; las ayudas estatales, desgraciadamente, o llegan muy tarde o no llegan. Es una pena, y no lo entendemos”.

El presidente de Fundación Madrina reclama que la respuesta a una emergencia nunca dependa del color político de cada administración: “las personas no tienen que recibir el castigo del enfrentamiento político”. Como ejemplo de la descoordinación vivida sobre el terreno, cita el caso de Cañada Real, donde -según su relato- la UME no intervino por tratarse de una “zona de conflicto” y fue la propia fundación quien tuvo que actuar ante la situación de vecinos que no podían salir de sus casas por la nieve acumulada.

Descoordinación sobre el terreno: “llamamos a veinte teléfonos”

Giménez detalla algunos de los fallos de coordinación detectados durante esta emergencia: refugios que no podían contactar entre sí, pueblos con todo calcinado tratados igual que pueblos apenas afectados, y una maraña de teléfonos de contacto que no siempre respondía. “Llamamos a veinte teléfonos ofreciéndonos como voluntarios para los incendios, y en los sitios de las entregas no había ningún teléfono que respondiera en fin de semana; nos decían que llamáramos al gobierno civil, y luego que llamáramos de lunes a viernes”, relata.

A ese diagnóstico añade la falta de medios: “hemos visto que los efectivos son insuficientes y obsoletos; no se ha utilizado toda la tecnología que se podría utilizar, como los drones”. También reclama más inversión en la prevención y el mantenimiento de los montes, señalando que en varias de las zonas afectadas los propios vecinos ya habían advertido del riesgo acumulado por la falta de limpieza forestal.

Un protocolo público-privado para que la próxima vez no se repita

De cara al futuro, Fundación Madrina reclama la creación de un protocolo estable de colaboración entre administraciones, empresas y entidades sociales, con un mando único de coordinación. “Es muy importante que haya un protocolo, que después de esto se reúnan todas las fuerzas vivas que hemos ayudado en este tema y se hable de qué es lo que no se puede repetir”, plantea Giménez, que reivindica el papel de la sociedad civil: “el pueblo se salva a sí mismo; muchas veces las propias administraciones son el mayor obstáculo para que la ayuda llegue”.

El presidente de la organización insiste en que la colaboración público-privada debe ser “fundamental” y transparente, “que no sea oscura, que no busque la vida cada uno por su lado”, y avanza que el trabajo de la fundación en esta reconstrucción seguirá centrado en su ámbito de especialización: la infancia y la maternidad vulnerable, los colectivos que, recuerda, más se multiplican en cada catástrofe. Giménez ha querido cerrar su intervención con un agradecimiento explícito a los servicios de emergencia: agentes forestales, Guardia Civil, Policía Local y Nacional, UME y Protección Civil, “porque todo suma, y todos podemos ayudar a que las ayudas lleguen mucho más rápido y, sobre todo, se mantengan en el tiempo”.

Cómo colaborar

La operación se mantiene activa en los municipios incendiados de San Martín de Valdeiglesias, Villa del Prado y Almorox, en la Comunidad de Madrid, así como en los pueblos afectados de Ávila, con miles de vecinos evacuados desde el 25 de julio.

    Línea MadrinaSOS, activa las 24 horas: 900 670 353
    Bizum: 00909 (indicando el concepto “incendios”)
    Punto de acopio: calle San Aquilino, 27 (Madrid)
    Web: www.madrina.org, con la nueva pestaña SOS Incendios Reconstrucción para alcaldes, ayuntamientos y familias

Sobre Fundación Madrina

Madrina es una organización socio-sanitaria sin ánimo de lucro que trabaja en apoyo a la maternidad y la infancia vulnerable. Presenta 8 pilares de intervención, en salud, alimentación, vivienda, formación, empleo, emprendimiento, acompañamiento y emergencia humanitaria. Durante más de 25 años de trayectoria -premiada por instituciones como Naciones Unidas y el Parlamento Europeo-, ha ofrecido asistencia integral -alimentación, vivienda, formación y acompañamiento emocional- a madres y niños en situación de exclusión social y contextos internacionales de emergencia, con el objetivo de garantizar una vida digna y protegida desde la gestación. Todo esto es posible gracias a la calidad humana de sus integrantes y las donaciones en favor de la entidad canalizadas a través de la página web.

 

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