
Manuel Parra Celaya. Menudo disgusto se han llevado los neoinquisidores del laicismo con la celebración de los funerales religiosos por las víctimas del tremendo accidente ferroviario de Adamuz. En estos casos, no ha triunfado la corriente secularizadora en boga sobre la voluntad de los familiares y el asentimiento -nos figuramos que fervoroso- de bastantes prelados españoles.
Por esta vez, no hemos contemplado de momento las puestas en escena de otras ocasiones, que algunos expertos entendían como pseudomasónicas o sin el prefijo en cuestión; en ellas se pretendía paliar, con ceremoniales diseñados oficialmente y sin la menor invocación a la Trascendencia, la pena de los deudos de los fallecidos y de las poblaciones. Uno opina que precisamente la dimensión trascendente del ser humano, que implica la confianza en el Dios del Amor y la esperanza del reencuentro en el Más Allá, es lo único que sirve de consuelo.
Manuel Parra Celaya. Como todo conductor obediente -aunque no sumiso- he adquirido la baliza V-16 y la llevo de servicio en la guantera de mi vehículo. Y, como cualquier ciudadano que se precie, no he dejado de cuestionarme personalmente su presunta eficacia, sus riesgos y la razón de ser de su obligatoriedad, aunque “de momento” (Marlaska dixit) no se aplicarán sanciones a los díscolos o despistados y sí “advertencias”. He leído sobre su presunta eficacia, de la que no puedo dudar por sistema, y también sobre sus posibles inconvenientes; espero, en definitiva, no tener que hace uso del dispositivo que dicen está conectado ipso facto a la DGT y a los servicios de ayuda en carretera; por si acaso, dada la última concesión de las autoridades, no me he desprendido de los triángulos…
Dr. Enrique Jaureguizar Cervera. Paso muchos días peleándome conmigo mismo para llegar al final de la jornada y poder decirme, con honestidad: hoy he sido coherente. Coherente con mis principios, con mis valores, con los consejos que doy en la consulta y con las normas que intento transmitir a mis hijos. Sé que es difícil. Mucho. Pero también sé que no puedo dejar de intentarlo. Por eso escribo hoy esta carta. No para arreglar el mundo, sino para aportar, al menos, un pequeño grano de arena.
Manuel Parra Celaya. Con toda mi sinceridad y prudencia, no me atrevo del todo a opinar sobre la situación de Venezuela tras la drástica intervención del Vecino del Norte, que es, por cierto, del mismo origen étnico que quienes patrocinaron -con dinero, armas, combatientes y sociedades más o menos secretas- su independencia de la Corona española, allá por los años 20 del siglo XIX. En un reciente artículo (recuerden: Bailes prenavideños) ya expresaba mi punto de vista sobre Maduro y Trump, con un dolido fondo poético de inmortales versos hispánicos de Rubén Darío -al norte hay un pueblo alegre y al sur veinte pueblos tristes-, y no tengo nada que añadir ni que rectificar al respecto, tras el giro (¿insospechado?) de la situación.
Luis Losada Pescador. La ‘restatalización’ de Telefónica no fue suficiente. La excusa fue proteger una empresa estratégica, pero habría bastado con la acción de oro para vetar una operación no deseada. Pallete fue despedido en Moncloa. Para que se viera quién manda aunque solo se ostente el 10% del capital… Desde entonces, la acción no ha despegado. Quizás porque el sustituto no es tan buen gestor. O tal vez porque los criterios ya no son generar valor para el accionista sino influencia para el ‘cambiacolchones’. ‘Su sanchidad’ se codea ahora con el gran capital. Y hasta los fondos buitre como Blackrock le hacen la ola y sitúan a España en el ‘top 3’. El Ibex se ha revalorizó más del 50% el año pasado, el triple que Estados Unidos o Europa. ¿España va bien? No. El gran capital va bien.
Luis Losada Pescador. Pánico en el PSOE ante la sangría que se prevé en las próximas elecciones aragonesas. No sólo prevén perder las elecciones, sino hacerlo con humillación. Porque ya calculan que hay una fuga de voto socialista y de extrema izquierda a Vox. Y no lo soportan. Sánchez ya tiene preparada su excusa: la ola ultra global. Pero a los viejos socialistas no les termina de convencer. Y los Lambán ya preparan el asalto tras el ‘funeral político’ de Alegría.
Pero hasta el rabo, todo el toro. Así que han emprendido todo tipo estrategias a la desesperada. Desde ‘prometer’ cheques hasta lanzar un audio automático advirtiendo que las derechas recortan las pensiones… ¡Toma Pacto de Toledo! El PP ya lo ha denunciado y la Junta Electoral lo está investigando.
Manuel Parra Celaya. Por lo que podemos ver, la sociedad española está repleta de expertos en los más diversos temas, situación que se pone de manifiesto especialmente cuando nos sacuden catástrofes, sean naturales -previsibles o imprevisibles-, sean desaguisados causados directa o indirectamente por la mano del hombre. Tuvimos experiencias sobradas de ello cuando la pandemia de la Covid o cuando la Dana; luego, con el apagón y, ahora, con la catástrofe ferroviaria de Córdoba y su repercusión en otros lugares. Casualmente, los menos expertos -anotemos- suelen ser los responsables concretos, subordinados a los ministerios correspondientes, aunque se les suponga técnicos.
Luis Losada Pescador. Las inversiones hay que mantenerlas. Ocurre domésticamente con las viviendas, pero también con los hospitales, las carreteras y las vías del tren. Y España ha triplicado su cifra de viajeros desde el 2013 pero mantiene la misma inversión en mantenimiento. Italia duplica nuestra inversión con una red similar a la española. Y tampoco es verdad que haya exceso de tráfico: de hecho, Francia e Italia tienen más AVEs en promedio.
El problema está en el estado de las vías, la desidia gubernamental y la corrupción, que esa sí mata, no como el cambio climático.
Adif reconoce en un documento interno medio millar de incidencias en las vías por mal estado en la semana de la catástrofe. En la zona del accidente se detectaron 70 incidencias desde el 2021.
Y lo peor es que Adif reconoce en una reciente licitación del pasado mes de octubre, que no tiene ni personal ni medios para supervisar las vías y que debe de contratar a empresas privadas para ello. Y no lo hace.
Manuel Parra Celaya. Acabadas las celebraciones de la Navidad y devueltas las figuras del Pesebre a los desvanes, vale la pena preguntarnos si la festividad ha dejado huella en nosotros o ha quedado resumida, de forma añorante ahora, a un espacio festivo. No está de más, en consecuencia, relacionarlas con este renuevo de religiosidad que parece apuntarse. Decía Chesterton que el nuevo rebelde es un escéptico y no se fía de nada. Carece de lealtades y, por tanto, no puede ser un auténtico revolucionario; pero ha llovido mucho desde que estas palabras fueron escritas, y entonces este panorama era muy certero entre una gran parte de los jóvenes de nuestro mundo occidental.
Luis Losada Pescador. El plan Trump no puede ir mejor. El régimen ha digerido la compra de petróleo por parte de Estados Unidos. Hasta el díscolo Diosdado Cabello -que hace un año decía que “ni una gota” de petróleo para Estados Unidos- ahora parece encantado: “Si ellos nos lo quieren comprar, nosotros se lo vendemos”. La TV oficial también muestra su satisfacción por lo que supondrá de ingresos y bienestar para el país.
Porque el dinero regresará a Venezuela. Pero pasará por Estados Unidos. Tendrán que comprar productos norteamericanos. Se acabó la corrupción, la financiación de la revoluición por el mundo, el oxígeno de Cuba y el petróleo barato para China. Además, este viernes Trump se reunirá con las compañías petroleras para pedirles que inviertan en la reconstrucción de las infraestructuras petrolíferas. Todo para convertir a Venezuela en un gran ‘hub’ energético del continente, como dijo María Corina Machado en la ceremonia de su premio Nobel de la Paz. Por cierto que Trump ha anunciado una reunión con ella en Washington. Para aquellos que la daban por amortizada