
Ángel Gutiérrez Sanz. Desde los tiempos de los sofistas griegos el poder de la palabra ha venido siendo el arma más poderosa de la que se sirven los políticos para tener controladas las mentes. En una sociedad como la nuestra, en que la verdad ha desaparecido y lo único que cuenta es el relato, ellos han encontrado el campo de operaciones ideal, para llevar a cabo el adoctrinamiento de niños y adolescentes a través de la escuela y de los ciudadanos adultos, a través de los medios de comunicación, manipulados por unos periodistas paniaguados.
Manuel Parra Celaya. Tras varios años sin recorrer pasillos de Facultades universitarias, ha tenido ocasión de hacerlo de nuevo por un asunto familiar, sin especial implicación ni dicente ni discente por mi parte. Podría haber titulado estas líneas entre la nostalgia y el desencanto o algo así, pero, para no alargarme, prefiero sintetizar mis impresiones.
Lo de la nostalgia es evidente: lejana queda mi carrera, la posterior asistencia constante a cursos de verano y a los de Doctorado, los inevitables recuerdos de lugares, personas y, cómo no, de incipientes enamoramientos, el trasiego de apuntes intercambiados, las largas horas en la biblioteca, los disturbios del tardofranquismo, los nervios ante el reparto por los bedeles de papeletas con los resultados y, por qué no, la posibilidad de fumar una pipa durante las clases…Todo ello quedó atrás y es muy posible que suene a celuloide rancio para muchos.
Luis Losada Pescador. Reunión preparatoria del Consejo Europeo con presencia de 19 países. Sánchez queda fuera. Se queja de que Meloni no le ha invitado. Pero Bélgica desmiente: se le invitó y no contestó. ¿Busca la confrontación como forma de supervivencia?
Lo peor es que es probable que no haya sido invitado porque sus compromisos con China le hacen muy poco confiable.
Y en todo caso, tampoco tendría mucho que aportar. Mertz advierte que necesitamos desregular y que no basta con reformas menores. Meloni trata de sacar a Europa de la parálisis y la actual irrelevancia. Y en España estamos con una propuesta de ley para limitar la colaboración público privada en materia sanitaria a pesar de que un paciente de hospital público resulta un 86% más caro que un paciente de concertada. Y por si fuera poco, Illa pidiendo que si se aprueba la ley que se excluya a Cataluña. ¿Mande?
Manuel Parra Celaya. Menudo disgusto se han llevado los neoinquisidores del laicismo con la celebración de los funerales religiosos por las víctimas del tremendo accidente ferroviario de Adamuz. En estos casos, no ha triunfado la corriente secularizadora en boga sobre la voluntad de los familiares y el asentimiento -nos figuramos que fervoroso- de bastantes prelados españoles.
Por esta vez, no hemos contemplado de momento las puestas en escena de otras ocasiones, que algunos expertos entendían como pseudomasónicas o sin el prefijo en cuestión; en ellas se pretendía paliar, con ceremoniales diseñados oficialmente y sin la menor invocación a la Trascendencia, la pena de los deudos de los fallecidos y de las poblaciones. Uno opina que precisamente la dimensión trascendente del ser humano, que implica la confianza en el Dios del Amor y la esperanza del reencuentro en el Más Allá, es lo único que sirve de consuelo.
Luis Losada Pescador. Pánico en el PSOE ante la sangría que se prevé en las próximas elecciones aragonesas. No sólo prevén perder las elecciones, sino hacerlo con humillación. Porque ya calculan que hay una fuga de voto socialista y de extrema izquierda a Vox. Y no lo soportan. Sánchez ya tiene preparada su excusa: la ola ultra global. Pero a los viejos socialistas no les termina de convencer. Y los Lambán ya preparan el asalto tras el ‘funeral político’ de Alegría.
Pero hasta el rabo, todo el toro. Así que han emprendido todo tipo estrategias a la desesperada. Desde ‘prometer’ cheques hasta lanzar un audio automático advirtiendo que las derechas recortan las pensiones… ¡Toma Pacto de Toledo! El PP ya lo ha denunciado y la Junta Electoral lo está investigando.
Manuel Parra Celaya. Como todo conductor obediente -aunque no sumiso- he adquirido la baliza V-16 y la llevo de servicio en la guantera de mi vehículo. Y, como cualquier ciudadano que se precie, no he dejado de cuestionarme personalmente su presunta eficacia, sus riesgos y la razón de ser de su obligatoriedad, aunque “de momento” (Marlaska dixit) no se aplicarán sanciones a los díscolos o despistados y sí “advertencias”. He leído sobre su presunta eficacia, de la que no puedo dudar por sistema, y también sobre sus posibles inconvenientes; espero, en definitiva, no tener que hace uso del dispositivo que dicen está conectado ipso facto a la DGT y a los servicios de ayuda en carretera; por si acaso, dada la última concesión de las autoridades, no me he desprendido de los triángulos…
Manuel Parra Celaya. Por lo que podemos ver, la sociedad española está repleta de expertos en los más diversos temas, situación que se pone de manifiesto especialmente cuando nos sacuden catástrofes, sean naturales -previsibles o imprevisibles-, sean desaguisados causados directa o indirectamente por la mano del hombre. Tuvimos experiencias sobradas de ello cuando la pandemia de la Covid o cuando la Dana; luego, con el apagón y, ahora, con la catástrofe ferroviaria de Córdoba y su repercusión en otros lugares. Casualmente, los menos expertos -anotemos- suelen ser los responsables concretos, subordinados a los ministerios correspondientes, aunque se les suponga técnicos.
Dr. Enrique Jaureguizar Cervera. Paso muchos días peleándome conmigo mismo para llegar al final de la jornada y poder decirme, con honestidad: hoy he sido coherente. Coherente con mis principios, con mis valores, con los consejos que doy en la consulta y con las normas que intento transmitir a mis hijos. Sé que es difícil. Mucho. Pero también sé que no puedo dejar de intentarlo. Por eso escribo hoy esta carta. No para arreglar el mundo, sino para aportar, al menos, un pequeño grano de arena.
Luis Losada Pescador. Las inversiones hay que mantenerlas. Ocurre domésticamente con las viviendas, pero también con los hospitales, las carreteras y las vías del tren. Y España ha triplicado su cifra de viajeros desde el 2013 pero mantiene la misma inversión en mantenimiento. Italia duplica nuestra inversión con una red similar a la española. Y tampoco es verdad que haya exceso de tráfico: de hecho, Francia e Italia tienen más AVEs en promedio.
El problema está en el estado de las vías, la desidia gubernamental y la corrupción, que esa sí mata, no como el cambio climático.
Adif reconoce en un documento interno medio millar de incidencias en las vías por mal estado en la semana de la catástrofe. En la zona del accidente se detectaron 70 incidencias desde el 2021.
Y lo peor es que Adif reconoce en una reciente licitación del pasado mes de octubre, que no tiene ni personal ni medios para supervisar las vías y que debe de contratar a empresas privadas para ello. Y no lo hace.
Manuel Parra Celaya. Con toda mi sinceridad y prudencia, no me atrevo del todo a opinar sobre la situación de Venezuela tras la drástica intervención del Vecino del Norte, que es, por cierto, del mismo origen étnico que quienes patrocinaron -con dinero, armas, combatientes y sociedades más o menos secretas- su independencia de la Corona española, allá por los años 20 del siglo XIX. En un reciente artículo (recuerden: Bailes prenavideños) ya expresaba mi punto de vista sobre Maduro y Trump, con un dolido fondo poético de inmortales versos hispánicos de Rubén Darío -al norte hay un pueblo alegre y al sur veinte pueblos tristes-, y no tengo nada que añadir ni que rectificar al respecto, tras el giro (¿insospechado?) de la situación.