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José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

Tres de cada diez personas de clase alta ha sufrido alguna vez el robo o pérdida de un objeto de valor

Madrid, 17 de septiembre de 2026. La ola de robos que en los últimos meses ha afectado a museos y colecciones en España y Europa ha vuelto a situar la seguridad del patrimonio artístico en el centro de la actualidad.  En España, la protección de los bienes de valor tampoco es una cuestión exclusiva de las instituciones culturales. El 27,7% de las personas de clase social alta y muy alta ha sufrido alguna vez el robo o pérdida de un objeto de valor, según el último estudio de Centro de Valores.

Ante este contexto, Centro de Valores, centro privado de alta seguridad especializado en la protección y conservación de bienes de alto valor, analiza los principales parámetros que intervienen en la protección de una obra de arte.

 

Infraestructura, tecnología y profesionales: las tres capas de seguridad

La protección de una obra se articula sobre tres capas complementarias que deben actuar de forma coordinada: la infraestructura física, la tecnología y la intervención de profesionales especializados.

La seguridad física constituye la primera barrera de protección y determina la capacidad del espacio para limitar accesos no autorizados y contener posibles incidencias. En este nivel intervienen aspectos como la resistencia de la infraestructura, la compartimentación de los espacios y los mecanismos de control de acceso. Su función es crear un entorno específicamente diseñado para la protección del bien, más allá del espacio concreto en el que se encuentre depositado.

Sobre esta base actúa la tecnología, que permite ampliar la capacidad de supervisión y control. Videovigilancia, sensores, sistemas biométricos, monitorización o registros digitales sirven para detectar anomalías, verificar accesos, generar registros y facilitar una respuesta ante una incidencia. La tecnología aporta así información y trazabilidad, pero su eficacia depende de su integración con el resto de las medidas de protección.

La tercera capa corresponde a los profesionales especializados. Son quienes supervisan los sistemas, interpretan las alertas, aplican los protocolos establecidos y coordinan la respuesta cuando se produce una incidencia. El factor humano resulta especialmente relevante en aquellas situaciones que requieren valoración, toma de decisiones o adaptación de los procedimientos a las características concretas de una pieza. Protocolos y trazabilidad funcionan de forma transversal a estas tres capas, asegurando el control y seguimiento de la obra en cada fase.

“La tecnología es fundamental, pero debe entenderse como una capa más dentro de un sistema de protección mucho más amplio. La seguridad de una obra depende de que infraestructura, tecnología y profesionales funcionen de manera coordinada y de que existan protocolos claros para cada momento de su recorrido”, explica Brian Lavio, presidente de Centro de Valores.

En el ámbito privado, obras de arte, joyas, relojes y otros bienes patrimoniales permanecen con frecuencia en viviendas particulares. Aunque estos espacios pueden contar con alarmas o cajas fuertes, este tipo de medidas no siempre responde por sí solo a las necesidades de protección de todos los bienes de alto valor. Según su naturaleza y dimensiones, pueden requerirse soluciones diferentes, desde cajas de seguridad para joyas, relojes o documentación hasta espacios especializados para obras de arte y piezas de mayor formato.

 

Traslados y cambios de ubicación: cuándo aumenta la exposición de una obra

A las capas de seguridad del espacio se suman los procedimientos que acompañan a una obra cuando sale de su ubicación habitual. Traslados para exposiciones, periodos de almacenamiento, restauraciones o cambios de propietario implican movimientos en los que resulta necesario mantener el control sobre la pieza. En estas fases intervienen aspectos como su correcta identificación, la manipulación especializada, los procedimientos de entrega y recepción y el registro de cada movimiento.

Un claro ejemplo es el episodio que se produjo en Sevilla con una pequeña obra de Sorolla.  Sus propietarios la dejaron en la acera mientras cargaban el coche. Un transeúnte la recogió al pensar que había sido abandonada.

La incidencia se produjo durante el movimiento de la obra y estuvo vinculada a la pérdida de control sobre su ubicación. Por ello, Centro de Valores incorpora la trazabilidad entre los elementos que deben acompañar este tipo de procesos: documentar dónde se encuentra la pieza, quién interviene en su manipulación y quién realiza su entrega y recepción permite mantener un registro de su recorrido.

El análisis muestra así que la seguridad de una obra comprende distintas capas y procedimientos: infraestructura física, tecnología, profesionales especializados, protocolos de actuación y sistemas de trazabilidad, tanto durante su almacenamiento como en los movimientos entre distintas ubicaciones.