
Fidel García. Siempre acompañado por el obispo de Lourdes, el Santo Padre tocó a continuación la pared de la gruta y bebió un vaso con agua del manantial, respondiendo así a la llamada de la Santísima Virgen a Bernadette: "Ve a beber, a la fuente y lávate”. Como hacen millones de fieles el Santo Padre se convirtió así, desde sus primeros momentos en Lourdes en un peregrino entre los peregrinos”. A continuación el Papa leyó esta oración a la Virgen, meditando cada palabra: “Oh, Nuestra Señora de Lourdes, Inmaculada Concepción, en este lugar bendito donde hablaste con tanta ternura a Santa Bernadette , humilde hija de Francia, para entregar al mundo un luminoso mensaje de oración, conversión y esperanza, acudimos a ti con confianza” dijo, rezando a Nuestra Señora, “por Francia”.
“Intercede por su pueblo para que reciba el don de la concordia fraternal. Que construya una sociedad armoniosa, desterrando la violencia y todo odio, permitiendo a cada uno trabajar, formar una familia y vivir plenamente su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad. Que los más desdichados y los más pobres cuenten siempre con apoyo. Consigue para Francia líderes sabios, y generosos dispuestos al sacrificio, capaces de afrontar los retos y deseos de servir al bien común.”
En una réplica con aires de oración universal, el Papa pidió que Santísima Virgen protegiera al pueblo de su país anfitrión e iluminara a sus dirigentes, rogando a María que obtuviera “dirigentes sabios, generosos, dispuestos al sacrificio personal, capaces de afrontar los retos y los deseos de servir al bien común”
RECHAZAR LA LÓGICA DE LA GUERRA
El Santo Padre expresó también su deseo que la Virgen ilumine a las autoridades y dirigentes franceses para que "la mantengan en paz en el concierto de las naciones. Que traten de oír su voz para promover la defensa de los derechos fundamentales, así como la paz en el mundo, rechazando para siempre la lógica de la guerra”. El Papa pidió así mismo que las oraciones que se eleven ante la Santa Gruta puedan renovar: “la fe y el fervor de las familias cristianas”.
En su oración el Papa se hizo eco también de las oraciones de todo el mundo que acude a arrodillarse en Lourdes, en particular “las de las personas enfermas y que sufren, así como las de todos aquellos que las acompañan, que ha venido a buscar fuerza y salvación”.
Este primer encuentro solemne en el santuario de Lourdes concluyó con un gesto de devoción reservado a los sumos pontífices: la entrega de la rosa de oro como ofrenda a la Virgen.