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José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

ENGANCHADOS; educándose sin manipulaciones

Manuel Parra Celaya. Casi todos los medios a mi alcance se han hecho eco del macrojuicio en Oakland (California) contra Meta por “introducir herramientas en las redes para fomentar el uso compulsivo”  de quienes acceden a la plataformas, especialmente entre niños y jóvenes como población más vulnerable y propensa a engancharse ante las pantallas.
    Me entero asimismo de que este juicio no se trata de un caso aislado, sino que, en diversas ocasiones, ya se ha condenado a esta empresa en otros tribunales por el mismo motivo, pero ahora la cosa es más peliaguda, pues la multa inicial podría haber ascendido a casi un billón y medio de dólares; un pacto posterior la ha rebajado de cuantía; en todo caso, poca me parece si se trata de rescatar a las poblaciones infantiles y juveniles.
    Sinceramente, no entiendo casi nada de algoritmos, diseños aditivos, “scroll” y otros recursos tecnológicos, pero tengo la evidencia de que numerosas personas, especialmente adolescentes pero sin descartar otras franjas de edad (miren a su alrededor en el metro y en el autobús) han transformado aquella oración infantil de antaño a modo de “con el móvil me acuesto, con el móvil me levanto…”, sin alusión, claro está, a la Virgen María y al Espíritu Santo, sustituidos por la obsesión de estar pendientes de la pantallita de marras. 
    Ya nos enteraremos algún día del veredicto completo del juicio, pero ello tendrá poca importancia, ya que nos encontramos ante un hecho psicosociológico que ha venido para quedarse y del que será difícil salir a flote. Pienso en mis cuatro maravillosos nietos y deseo de todo corazón que puedan sortear esta plaga y que, poco a poco, usen de un modo racional, consciente y equilibrado los recursos de los medios tecnológicos y que, de paso, nunca dejen de lado el tradicional y siempre aliado libro impreso.
    Estamos a las puertas de empezar un nuevo curso y las familias se afanan -con grandes sacrificios muchas veces- en adquirir los materiales escolares que sus vástagos van a utilizar cuando se sienten en sus aulas. Por la experiencia de muchos años, desconfío sobremanera de las técnicas novedosas, esas que los “pedagogos de despacho” (los que no han pisado una clase ni acaso visto un niño de cerca) introducen como panaceas educativas; se ha acuñado el término “pedagogismos” (Fausto Di Biasa y Gregorio Luri)  para definir esos inventos.
    Muchos de esas propuestas (llevadas a normas y leyes) han conseguido que la Enseñanza en España (y en otras naciones) sea un desastre. En su día, cuando estaba en activo, me mostré ferozmente enemigo del conductismo, del constructivismo y, en mis últimos tiempos de profesor, del “economicismo escolar”, al comprobar que sus presupuestos teóricos eran algo más que cojos e incapaces a todas luces de cumplir sus triunfalistas previsiones.
    Además de las teorías, elevadas al nivel de oficiales en la Educación, y ya que hemos empezado hablando de enganchados, podríamos entrar en los contenidos, muchos de los cuales también sujetan mentes y conciencias, captan,  seducen y hacen adictos. 
    Tampoco, en este campo, la manipulación se reduce al plano escolar, infantil y adolescente, sino que alcanza a una gran parte de la población adulta;  es una suerte de abducción, que, por otra parte, también es común a las otras naciones de nuestro marco occidental; empecemos por referirnos a la Ideología woke, que tiene su origen ideológico y docente en los EE. UU. (de donde también que pudo proceder la inspiración para la invasión de Ceuta, dicho sea entre paréntesis).
    Pero no es solo esta ideología (algunos le llaman “religión” por su carácter dogmático), sino otros muchos aspectos para los cuales los actuales medios tecnológicos sirven de constante altavoz y que también enganchan, con grave riesgo para el desarrollo del pensamiento crítico y de la propia capacidad de autonomía personal del ser humano.
    Pongamos por ejemplo la tendencia a la polarización social, que, aunque también constituye una dolencia de todo Occidente, ha arraigado en una parte de la sociedad española a base de retorcer los conceptos, crear neologismos y emplear, en fin, los recursos que aparecían diáfanos en la Ventana de Óverton; se trata de deconstruir y reconstruir la historia y el presente, de tergiversar situaciones y de hacer comulgar con ruedas de molino; en estas técnicas destaca -no hay ni que decirlo- el actual Gobierno español…
    Ruego de todo corazón que los niños de hoy (entre ellos mis nietos) puedan verse libres de esa sujeción, tanto tecnológica y psicológica, como ideológica; aspiro a que vayan creciendo y educándose sin manipulaciones. 
    Nunca me ha afectado el llamado síndrome posvacacional, ni en mi larga dedicación como profesor ni mucho menos en mi jubilación, pero ahora, al filo de septiembre, parece que siento, si no los síntomas, sí una incómoda comezón ante el panorama educativo inmediato que preveo. Y me gustaría contribuir a desenganchar a mis sucesores.

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