
Manuel Parra Celaya. Las lecturas de estos días de Semana Santa nos llevan a reflexionar sobre su sentido profundo en especial, pero, querámoslo o no, es inevitable que también derivemos nuestra mente hacia aspectos humanos, que, sin omitir lo sagrado, nos impulsan a mirar a nuestro alrededor y a la actualidad.
Siempre he considerado que la figura de Poncio Pilato representa una serie de actitudes que siguen presentes en nuestros días. Poco nos dice la historia sobre este personaje, crucial en los Evangelios; como siempre, las opiniones son variadas: Filón de Alejandría se caracterizaba por sus corruptelas y robos, por sus violencias y sus brutalidades; otros autores son más comedidos, y lo poco que sabemos es que fue destituido por su inmediato superior Vitelio, el gobernador de Siria; otras fuentes aseguran que regresó a Roma temiendo ser encausado por conspirar contra el propio Emperador, pero todo queda en una nebulosa, a excepción de su protagonismo en los Evangelios.
Manuel Parra Celaya. Ha fallecido Jürgen Habermas a la edad de 97 años, filósofo influyente en nuestro mundo accidental y heredero de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, especialmente influido por los planteamientos de Adorno y de Horkheimer, sobre los que elaboró sus propias especulaciones, en revisión constante. En enero de 2004 sostuvo una interesante conversación con el entonces teólogo Joseph Ratzinger, elegido Papa poco después, con 77 años entonces, invitados ambos por la Academia Católica de Baviera, y dialogaron públicamente sobre Razón y Religión, y, en concreto, sobre los fundamentos morales de la vida política, denominados prepolíticos. Ratzinger falleció en 2022, con 95 años, de forma que se adelantó solo cuatro años a su oponente de entonces en alcanzar la Eternidad.
Manuel Parra Celaya. Hace algunos años, bastantes, los ecos de sociedad solían acaparar la atención de un público, mayoritariamente femenino, al cual se le aplicaba malévolamente el título de “marujas”, por generalización de los personajes del genial Forges. Entiendo que el uso de este término en estos momentos puede estar perseguido, lo que me impide, por precaución, resucitarlo y aplicarlo a diversas señoras o señoritas vinculadas al Ministerio de Igualdad.
Manuel Parra Celaya. He leído, por el momento de pasada, una referencia sobre la escritora ucraniana Oksana Zabuznko (ABC. 20-II-26), cuyo titular es “En Ucrania de está leyendo mucha poesía, incluso en las trincheras”; he de reconocer mi ignorancia sobre esta autora, que algún día intentaré paliar, pero la cita me ha recordado que este año se cumple el noventa aniversario de una generación literaria española, que resultó fatalmente escindida por bandos en lucha -como todo el pueblo español- en la fecha de 1936. La llamada generación del 36 está quedando olvidada, no solo en los faustos oficiales (lo que sería un mal menor o una ventaja), sino en la memoria de los españoles de hoy, quizás un poco renuentes a la poesía y un mucho con respecto a nuestra historia en general por efecto de las llamadas “memorias”, verdaderos corsés inquisitoriales que pretenden avivar artificialmente los resentimientos de antaño y establecer fronteras absurdas entre el bien y el mal.
Manuel Parra Celaya. Menudo disgusto se han llevado los neoinquisidores del laicismo con la celebración de los funerales religiosos por las víctimas del tremendo accidente ferroviario de Adamuz. En estos casos, no ha triunfado la corriente secularizadora en boga sobre la voluntad de los familiares y el asentimiento -nos figuramos que fervoroso- de bastantes prelados españoles.
Por esta vez, no hemos contemplado de momento las puestas en escena de otras ocasiones, que algunos expertos entendían como pseudomasónicas o sin el prefijo en cuestión; en ellas se pretendía paliar, con ceremoniales diseñados oficialmente y sin la menor invocación a la Trascendencia, la pena de los deudos de los fallecidos y de las poblaciones. Uno opina que precisamente la dimensión trascendente del ser humano, que implica la confianza en el Dios del Amor y la esperanza del reencuentro en el Más Allá, es lo único que sirve de consuelo.
Manuel Parra Celaya. Hace días que viene coleando -como serpiente de verano pero en cruda época invernal- un cierto debate sobre la oportunidad o no de imitar a numerosas naciones de nuestro entorno europeo en cuanto a una vuelta al servicio militar, ese que Aznar, en sus pactos entreguistas a Jordi Pujol borró de un plumazo, dejando el articulo 30 de la Constitución en aparente suspenso, ya que no podía legalmente abolirlo: entre paréntesis digamos que se suma a una larga lista de incumplimientos de la Carta Magna, empezando por las afirmaciones rotundas del Título Preliminar…
Manuel Parra Celaya. Tomo prestado el título de este artículo de unos versos de Agustín de Foxá, que poco dirán, de entrada, a algunos lectores; tenía en cartera otra frase de significado parecido, de distinto origen y tiempo, que rezaba “vivir no es importante, navegar sí”, pero me pareció demasiado inquietante, acaso guerrera y poco práctica en nuestros días, además de que algún malintencionado podría relacionarla con la fragata defensora de Chipre. De todas formas, los términos vela y aventura del poeta mencionado sugieren la idea de simbólica navegación; es decir, ser capaz de arriesgarse para arribar a buen puerto, que es lo que todos deseamos en la vida.
Manuel Parra Celaya. Ni güelfos ni gibelinos: no era más que una fake news, en este caso concreto procedente de El País, para variar. En efecto, la supuesta noticia decía que, en el curso de una audiencia que mantuvieron representantes de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española en el mes de noviembre, León XIV “había alertado a los obispos españoles del auge ultraderechista en España”, lo que constituía su “mayor preocupación” para nuestra patria.
Ni una coma era cierta; en realidad, lo que manifestó fueron “los riesgos de someter la Fe a las ideologías”, y sin mencionar ninguna en concreto; pero, como prueba evidente, el sensacionalismo de la prensa adicta, que corroboraba las verdaderas palabras del Pontífice: la religiosidad manipulada por una ideología, en concreto, el sanchismo.
Manuel Parra Celaya. Tras varios años sin recorrer pasillos de Facultades universitarias, ha tenido ocasión de hacerlo de nuevo por un asunto familiar, sin especial implicación ni dicente ni discente por mi parte. Podría haber titulado estas líneas entre la nostalgia y el desencanto o algo así, pero, para no alargarme, prefiero sintetizar mis impresiones.
Lo de la nostalgia es evidente: lejana queda mi carrera, la posterior asistencia constante a cursos de verano y a los de Doctorado, los inevitables recuerdos de lugares, personas y, cómo no, de incipientes enamoramientos, el trasiego de apuntes intercambiados, las largas horas en la biblioteca, los disturbios del tardofranquismo, los nervios ante el reparto por los bedeles de papeletas con los resultados y, por qué no, la posibilidad de fumar una pipa durante las clases…Todo ello quedó atrás y es muy posible que suene a celuloide rancio para muchos.
Manuel Parra Celaya. Como todo conductor obediente -aunque no sumiso- he adquirido la baliza V-16 y la llevo de servicio en la guantera de mi vehículo. Y, como cualquier ciudadano que se precie, no he dejado de cuestionarme personalmente su presunta eficacia, sus riesgos y la razón de ser de su obligatoriedad, aunque “de momento” (Marlaska dixit) no se aplicarán sanciones a los díscolos o despistados y sí “advertencias”. He leído sobre su presunta eficacia, de la que no puedo dudar por sistema, y también sobre sus posibles inconvenientes; espero, en definitiva, no tener que hace uso del dispositivo que dicen está conectado ipso facto a la DGT y a los servicios de ayuda en carretera; por si acaso, dada la última concesión de las autoridades, no me he desprendido de los triángulos…