
Manuel Parra Celaya, Parece de cajón la distancia entre ambos términos y, sin embargo, los seres humanos podemos muy bien confundirlos si nos dejarnos llevar por la emotividad, esa característica que hoy preside y sostiene casi todas nuestras decisiones y domina infinidad de ámbitos de la vida, desde los más inocuos y frívolos hasta los más decisivos.
Porque, en efecto, la sensibilidad humana, cuando actúa en solitario sin el concurso de la razón, puede inducir a la confusión; solo un poderoso ejercicio de esta última puede establecer fronteras nítidas, evitando la influencia de agentes internos (nuestra propia disposición a que el corazón prevalezca sin control) o externos (la propaganda comercial o la demagogia política).
Manuel Parra Celaya. No quiero dármelas de profeta, ni mucho menos; tampoco, pecar de agorero, pero me da en la nariz que el sangrante tema de la invasión de Ceuta va a transcurrir a la larga por unos derroteros aciagos, mediante un avieso recurso que ya ha probado su eficacia en muchos temas anteriores, pero al que, a pesar de todo, no terminamos de acostumbrarnos. Ni siquiera un avispado verlas venir, lo cual es bastante lastimoso.
Entremos en materia: ¿se han fijado ustedes que, en la boca pequeña de algunos políticos o periodistas ha empezado a sonar el término “cogobierno”, referido a las dos ciudades españolas en África que son objeto constante de las ansias imperialistas del Reino de Marruecos? Ya sé que la palabra pasa casi desapercibida en el tráfago de declaraciones, noticias o reportajes, pero es cuestión de fijarse. Mucho me temo que estamos en una primera etapa -o, quizás, precalentamiento- de la aplicación de la llamada Ventana de Overton, en la que una idea determinada aparece como impensable.
Manuel Parra Celaya. Cuenta el romance que el gobernador de Ceuta (“Ceuta la bien nombrada”), el Conde don Julián, ofendido porque el rey don Rodrigo había seducido a su hija Florinda, la Cava, abrió de par en par las puertas de la España visigoda a los invasores sarracenos; al parecer, la niña se había deslumbrado por los ofrecimientos de Rodrigo (“Ella nunca quiso hacerlo..”, dice el romance), pero, consumado el hecho, aconsejada por una de sus doncellas (“Escríbeselo a tu padre /tu deshonra demostrando”), avisa a don Julián, que comete así la traición a su rey y al Reino como represalia.
Manuel Parra Celaya. Casi todos los medios a mi alcance se han hecho eco del macrojuicio en Oakland (California) contra Meta por “introducir herramientas en las redes para fomentar el uso compulsivo” de quienes acceden a la plataformas, especialmente entre niños y jóvenes como población más vulnerable y propensa a engancharse ante las pantallas.
Me entero asimismo de que este juicio no se trata de un caso aislado, sino que, en diversas ocasiones, ya se ha condenado a esta empresa en otros tribunales por el mismo motivo, pero ahora la cosa es más peliaguda, pues la multa inicial podría haber ascendido a casi un billón y medio de dólares; un pacto posterior la ha rebajado de cuantía; en todo caso, poca me parece si se trata de rescatar a las poblaciones infantiles y juveniles.
Manuel Parra Celaya. En mi último artículo (30-VII-26, Cuestión de fronteras) y tras un breve y merecido lapso vacacional, mencionaba apresuradamente el asalto e invasión de la ciudad de Ceuta; recogiendo el eco de los medios a mi alcance, lo limitaba ingenuamente a “dos mil personas”, error imperdonable por pretender estar al día; hoy sabemos que el número de invasores (que no emigrantes o “migrantes” según la corrección política) fue y es infinitamente superior.
Es de señalar que ya se están dando algunos preavisos de que las aleadas pueden repetirse en fechas próximas; se me ocurre pensar cómo reaccionará ese Juan Español, tan patriota con la victoria del Mundial, en plena canícula veraniega e inmerso en sus merecidas vacaciones, tras haber contemplado el eclipse, dicho sea sin intención política…
Manuel Parra Celaya, Observe, querido lector, que escribo “problemas” y no “el problema de España”, que esto último tiene mucha más envergadura, más difícil solución y es asunto del que se han ocupado históricamente mentes mucho más ilustres que la mía, aunque, modestamente, también uno se ha lanzado a veces a opinar y coger el morlaco por los cuernos.
Los “problemas”, en plural, vienen a ser las derivaciones de aquel “problema” o dilema trascendental; de este, como decía, han escrito mucho las plumas eminentes; de aquellos, siguen opinando muchos ciudadanos indignados con toda razón. Y lo peor es que de los problemas de España hacen bandera -mejor, bandería- los partidos políticos e ideologías al uso, ora desde la perspectiva contemplada con el ojo derecho, ora desde el izquierdo; lamentablemente, son escasos los que los miran al unísono, de frente y con los dos ojos bien abiertos, que es como deben mirarse las cosas bellas, en este caso, la propia España.
Manuel Parra Celaya. Fue una tormenta en un vaso de agua, dicen. Tras las explicaciones de Interior en boca de su insigne titular (“documento de trabajo”, “finalidad informativa”, “de carácter interno”, “ninguna finalidad espuria”…), los partidos políticos, los medios de información y, lo que es peor, la sociedad española en general, han dejado poco a poco que no se produjera polémica y todo quedara limitado a un mal entendido.
Pero lo cierto es que existía ese documento, al parecer desde 2024, donde se traza un listado de periodistas con especificación de sus tendencias o ideologías políticas y con matizaciones suficientes sobre su actitud crítica hacia el Gobierno y sus desaguisados.
Manuel Parra Celaya. Es muy curiosa la concomitancia que existe entre los partidos que gobiernan España -un actualizado Frente Popular- y la estrategia del reino de Marruecos, especialmente en relación con las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Para más inri, ahora está comprobado que la invasión, lejos de ser espontánea, venía organizada desde aquel país.
Por esa misteriosa relación, ninguno de ellos levantó la voz más de lo imprescindible cuando aquel brusco giro del Gobierno de Sánchez con respecto al antiguo Sahara español; y ello después de haberse llenado la boca de solidaridades con los saharauis. En la presente invasión de Ceuta, están haciendo verdaderas filigranas diplomáticas que nunca se puedan interpretar como acusaciones o protestas diplomáticas.
Manuel Parra Celaya, El verano es tiempo propicio al ocio (concepto opuesto al negocio, nec otium), es decir, momento del año en que, junto al descanso, el deporte, el baño reparador o la diversión, nos ofrece espacios ideales para la lectura, el estudio sin exigencias ni controles académicos y al diálogo.
En uno de esos diálogos veraniegos, alguien propuso resumir en una palabra, un concepto o una idea clave, la angustia del hombre actual y de las sociedades humanas; claro está que se trataba de una propuesta de alto nivel, pero adecuada entre un grupo de amigos y, sobre todo, en las horas en que el calor ya nos había dado una pausa y las estrellas apuntaban en un cielo claro.
Manuel Parra Celaya, La frase un mundo sin fronteras puede tener variadas y contradictorias significaciones intencionales. Tirando por elevación, puede referirse al sublime ideal de unificación del género humano desde un prisma religioso, con especial hincapié en el sentido cristiano y, más concretamente, católico, es decir, universal. En el extremo contrario, tenemos las inquietudes nacionalistas, que se despepitan por establecer unas fronteras que estén situadas prácticamente a la puerta de sus respectivos terruños y vengan marcadas por un etnicismo lingüístico, bajo el que subyacen fuertes intereses económicos de origen claramente caciquista; y el Estado de las Autonomías español es un caso paradigmático de esta segunda interpretación.