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Diario YA


 

José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

y Donald Trump se limita a coquetear políticamente con ambas

ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO: Delcy Rodríguez y M.ª Corina Machado

Manuel Parra Celaya. Con toda mi sinceridad y prudencia, no me atrevo del todo a opinar sobre la situación de Venezuela tras la drástica intervención del Vecino del Norte, que es, por cierto, del mismo origen étnico que quienes patrocinaron -con dinero, armas, combatientes y sociedades más o menos secretas- su independencia de la Corona española, allá por los años 20 del siglo XIX. 
    En un reciente artículo (recuerden: Bailes prenavideños) ya expresaba mi punto de vista sobre Maduro y Trump, con un dolido fondo poético de inmortales versos hispánicos de Rubén Darío -al norte hay un pueblo alegre y al sur veinte pueblos tristes-, y no tengo nada que añadir ni que rectificar al respecto, tras el giro (¿insospechado?) de la situación. 
    Pero ahora mi falta de audacia para seguir opinando estriba en que han entrado en juego lo que los franceses llaman femmes terribles -dicho sea sin ironía- y me refiero en concreto a Delcy Rodríguez y a M.ª Corina Machado, aunque no sé qué papeles tienen asignados bajo la implacable batuta de los EE.UU., entre llamadas telefónicas, visita de la segunda a Washington para ceder un Premio Nobel de la Paz y supuestas reuniones de la primera -según algunos medios- con agentes de la CIA antes del secuestro de Maduro. Mucho menos me atrevo a comentar el rol que ambas han jugado o van a jugar en toda esta movida, que parece sacada de una película James Bond o, mejor, de un simple remake de otros casos que la historia ha dejado atrás (Trujillo, Noriega, Pinochet, etc.); los tirano banderas en Hispanoamérica ya fueron inmortalizados por la pluma de Valle-Inclán…
    De momento, nos consta a todos que se ha impuesto un silencio completo sobre lo que se decía ser el leit motiv de la jugada: el narcotráfico, y han salido a escena otras razones de peso, como el petróleo y su casi monopolio en exportaciones a China. De fondo, la concepción monroeniana de que las naciones hispanas constituyen el patio trasero el imperio yanqui, cuyos límites se hacen muy difíciles de concretar día a día.
    Las dos damas mencionadas parecen que han tomado un papel poco protagonista en el futuro venezolano, y Donald Trump se limita a coquetear políticamente con ambas, con la perspectiva esperanzada de algunos de democratizar (risum teneatis) aquella república; de momento, los resultados son más bien magros, porque nadie sabe qué se oculta en la trastienda y, de momento, sigue en Helicoides una multitud de presos políticos. Cuyas familias parecen esperar pacientemente una nueva intervención de la Delta Force.
    Dos escenarios más de intereses de la superpotencia -Groenlandia e Irán- no cuentan con un gran protagonismo de mujeres; la primera, porque solo se mantiene una cierta polémica entre la primera ministra danesa, Mettes Frederiksen, y Aaja Chemnitz, diputada en el Parlamento de Dinamarca en representación de del territorio del hielo y de las mujeres groelandesas a quienes se les vetaba tener y criar hijos. 
    El caso del segundo escenario -Irán- es mucho más evidente, porque, bajo la ley islámica, las mujeres ni cortan ni pinchan, dato que parece que aparece desapercibido totalmente para las feministas occidentales, entre ellas, claro, las españolas. 
    Pero abandonemos -venturosamente- el campo de la política internacional y de los oscuros movimientos geoestratégicos; donde sí pueden actuar y sacar partido algunas damas es en la constante agitación del Me Too, que no cesa en su ofensiva en contra de los famosos; ya ocurrió, entre otros casos, con nuestro Plácido Domingo, que estuvo a punto de quedar cancelado por la implacable policía de lo políticamente correcto. Ahora le ha tocado el turno a Julio Iglesias…
    No quiero entrar a fondo sobre la sinceridad y la viabilidad de las denuncias, porque desconozco evidentemente los casos y se supone que los tribunales tendrán harto trabajo para dilucidarlos. Y también porque me pillan bastante lejano, dada mi situación familiar, emotiva y de conciencia. Lo único que puedo aportar, como opinión de un ciudadano de a pie, es el recuerdo de aquel viejo chiste de Eugenio sobre la viejecita nonagenaria que comenta en el confesionario una violación ocurrida en su juventud…
    Por otra parte, lejos de mí toda tacha de machismo, como pueden saber tanto mi esposa como mis buenas amigas y muchas alumnas que han pasado por mi aula; muchas mujeres que conozco se caracterizan por su capacidad y su abnegación, entre ellas,  mi cónyuge, y lo escribo ahora que está distraída... A veces, en honor a ellas, se me ocurre citar, en el curso de alguna conferencia, unas palabras con las que me identifico totalmente: “Que algún día lleguemos a ser, en la abnegación, tan femeninos que algún día podáis considerarnos ¡hombres!”
    Para quienes no atinen con el autor, el lugar y la fecha, añadiré que procede de un discurso lejano -1935, nada menos, en Extremadura- de un tal José Antonio Primo de Rivera.
 

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