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José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

la supuesta noticia decía que, en el curso de una audiencia que mantuvieron representantes de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española en el mes de noviembre, León XIV “había alertado a los obispos españoles del auge ultraderechista en España

UNA BURDA TROLA

Manuel Parra Celaya. Ni güelfos ni gibelinos: no era más que una fake news, en este caso concreto procedente de El País, para variar. En efecto, la supuesta noticia decía que, en el curso de una audiencia que mantuvieron representantes de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española en el mes de noviembre, León XIV “había alertado a los obispos españoles del auge ultraderechista en España”, lo que constituía su “mayor preocupación” para nuestra patria.
    Ni una coma era cierta; en realidad, lo que manifestó fueron “los riesgos de someter la Fe a las ideologías”, y sin mencionar ninguna en concreto; pero, como prueba evidente, el sensacionalismo de la prensa adicta, que corroboraba las verdaderas palabras del Pontífice: la religiosidad manipulada por una ideología, en concreto, el sanchismo.
    El trucaje era demasiado vulgar, pero levantó cierto revuelo entre cierto número de lectores; en el fondo, se trataba precisamente de someter a la Iglesia, representada en su cabeza visible, a un condicionamiento ideológico; como sabemos, el sanchismo (nos negamos a llamarle socialismo) espeta a sus oponentes la etiqueta de ultraderecha, cuando no el bárbaro neologismo de fachosfera.
    Es evidente que nunca llegaremos a saber a ciencia cierta de dónde procedía la estupidez: ¿era una invención gratuita del periodista?, ¿era una consigna de obligado cumplimiento del rotativo madrileño?, ¿se trataba de una interpretación, subjetiva y malévola, de alguno de los obispos asistentes a la audiencia?
    No descartemos ninguna posibilidad, ni siquiera la última, por muy triste que sea para los fieles; ejemplos sobrados hemos tenido de que alguna Eminencia ha llenado sus palabras de fidelidad a una ideología o a un subconsciente traicionero, y lo digo como catalán, y ustedes me entienden de sobras…
    Uno, personalmente, se confiesa creyente y practicante, fiel al Magisterio, pero guarda cierto resabio de sospecha ante ese clericalismo al que tanto se oponía el Papa Francisco; o quizás mi susceptibilidad proviene de mi constancia en distinguir entre Altar y Sacristía, que a lo mejor le viene de ser muy mal pensado o por haber leído varias veces las páginas de La Regenta.
    Aquel antiguo debate entre las atribuciones del Estado y de la Iglesia, de la Política y la Religión, quedó definitivamente atrás a partir del Concilio Vaticano II: ni ultramontanismo de quienes pretendían someterlo todo a la influencia del clero ni un rotundo anatema a quienes defendían la independencia de ambos poderes; recordemos el texto conciliar: “La Iglesia, que en razón de su misión y de su competencia, no se confunde en manera alguna con la sociedad civil ni está ligada a ningún sistema político determinado, es, a la vez, señal y salvaguarda del carácter trascendente de la persona humana. La comunidad política y la Iglesia son, en sus propios campos, independientes y autónomos la una con respecto a la otra”.  Para los eruditos de la historia nacional, cabe citar aquí los remilgos del Marqués de la Eliseda…
    
 

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