
Fidel García.
En plena canícula de agosto, la Iglesia Católica en numerosas ciudades y pueblos celebra una fiesta llena de símbolos astronómicos tan actuales por la psicosis del ocultamiento total y breve del astro rey, luna, además de estrellas; personajes misteriosos tomados de ese libro enigmático que es Apocalipsis del Nuevo Testamento, al que Hollywood casi siempre malinterpreta de forma catastrófica y mileurista cuando su mensaje es de esperanza y triunfo del Cordero, como escribe el teólogo del Papa León, San Agustín de Hipona en su Teología de la Historia; Civitas Dei.
Uno de los personajes centrales de este Sagrado Libro es una Mujer excepcional, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y su frente coronada con doce estrellas, vestida de azul, que inspiró la bandera de la Unión Europea, hoy sometida a los caprichos de China y USA, lo que supone de hecho la pérdida sus raíces romanas, griegas y las del Evangelio Cristiano.
La mujer próxima a dar a luz está amenazada por un enorme dragón rojo (SATÁN) dispuesto a devorar a su Hijo, mientras ella por designio de Dios huye al desierto a un lugar destinado por Él. En este contexto apocalíptico tiene lugar la gran fiesta de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma al Cielo, dogma definido por el papa mariano Pio XII el 1 de noviembre de 1950, contra la oposición de sabiondos especuladores, simples herejes incompetentes.
Son muchos los pueblos y ciudades de esta gran nación que es España que celebran este misterio católico como su fiesta patronal central, que con el pretexto del negocio del eclipse total corre el peligro de ser marginada como festividad litúrgica, postergada por el tópico clerical de la secularización, más pretexto que realidad sociológica como demuestra Peter L. Berger en su interesante ensayo "Los numerosos altares de la modernidad".
Fiesta que amenaza con quedar oscurecida no solo en los fuegos del artificio más esperado del año sino, incluso las llamadas lágrimas de San Lorenzo, que los mitómanos llaman perseidas. Nolan, genial director, en su interesante película Odisea aplica a lo que Homero naturalmente hace épica, la tecnología del algoritmo de la IA.