
Manuel Parra Celaya. En mi último artículo (30-VII-26, Cuestión de fronteras) y tras un breve y merecido lapso vacacional, mencionaba apresuradamente el asalto e invasión de la ciudad de Ceuta; recogiendo el eco de los medios a mi alcance, lo limitaba ingenuamente a “dos mil personas”, error imperdonable por pretender estar al día; hoy sabemos que el número de invasores (que no emigrantes o “migrantes” según la corrección política) fue y es infinitamente superior.
Es de señalar que ya se están dando algunos preavisos de que las aleadas pueden repetirse en fechas próximas; se me ocurre pensar cómo reaccionará ese Juan Español, tan patriota con la victoria del Mundial, en plena canícula veraniega e inmerso en sus merecidas vacaciones, tras haber contemplado el eclipse, dicho sea sin intención política…
Tras mi error de números, he ido siguiendo los despropósitos del Gobierno de Pedro Sánchez -también gozando de vacaciones su titular- con tal no indisponerse con el amigo marroquí y -¡cielos!- alabar su rápida actuación para aliviar el desaguisado de sus huestes, y enojándose, en cambio con las naciones europeas, especialmente con la Italia de la Sra. Meloni, a la que no dudo de calificar de estadista, cualidad que nunca alcanzará el inquilino de la Moncloa.
Como rectificar es de sabios, vuelvo sobre el tema y me hago eco del calificativo que merece la invasión, que no es otro que el de elemento de la llamada guerra híbrida, una de cuyas estrategias es influir en la población, crear división social y erosionar la confianza en las instituciones, según la IA, aspectos que ya nos venían dados sobremanera en España sin ayuda exterior, gracias a la acción del Gobierno.
Si retrocedemos en la historia, varios analistas han puesto de relieve el paralelismo con aquella Marcha Verde de 1975, con Franco agonizando y unos políticos españoles titubeantes, calificativo piadoso donde los haya; para un servidor, viene a ser una tercera edición, si tenemos en cuante la guerra de Ifini de los años 50, siempre con el protagonismo encubierto de Marruecos en la sombra. En el caso de la invasión de Ceuta es evidente este protagonismo (han dicho “castigo”) y no en la sombra…
Lo primero es poner evidencia lo que muchos saben y comentan: España es vulnerable, especialmente en sus fronteras del sur; la supuesta amistad marroquí nunca ha sido óbice para reclamar Ceuta y Melilla (de momento) como territorios propios, haciendo mangas y capirotes con la historia real: esta reivindicación territorial se agudiza o atenúa según la inanidad diplomática española al respecto; se comprobó en 1975 y se reafirmó con el brusco giro sanchista con respecto al antiguo Sahara español.
Un segundo aspecto que llama poderosamente la atención es cómo es posible que los servicios de inteligencia españoles no detectaran la invasión ante sus fronteras; si es así, habría que concluir que la palabra “inteligencia” constituye un verdadero oxímoron con respecto a estos servicios; aquella justificación inicial sobre el protagonismo de las mafias no fue nada más que una obre excusa que no tiene cabida ante la evidencia del ingente número de invasores.
Se hacen eco algunos periodistas arrojados de cómo es posible que el Rey de España no haya hecho acto de presencia aún en Ceuta; la excusa de que el Gobierno lo está impidiendo es de baratillo, cuando la Constitución le asigna “el mando supremo de las Fuerzas Armadas” (artículo 62), ya desplegadas en Ceuta, y estas “tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defendiendo su integridad territorial” (artículo 8); los actos del Rey, Jefe del Estado, “serán refrendados por el Presidente del Gobierno” (artículo 64) y no al revés.
La realidad en estos momentos es que la población ceutí está viviendo en estos momentos un auténtico calvario y sufre las consecuencias de una política errónea, de una ineptitud diplomática o de algo mucho peor, que permanece oculto; la presencia regia sería imprescindible, como lo fue cuando la catástrofe de la dana de Valencia o de otras catástrofes,
Pero he dejado para el final la explicación del título de estos comentarios, y que califico de sospecha personal, de esas que nunca podremos comprobar pero que permanecen en el imaginario de muchos españoles pensantes: ¿alguien mece la cuna del asalto marroquí a las fronteras españolas y europeas? ¿Quién es el más fiel aliado de Marruecos, el que surte todas sus necesidades y en quién confía como valladar del islamismo?
Otrosí: ¿a quién molesta sobremanera la dubitativa y errante política internacional del Gobierno sanchista? Ampliando por elevación: ¿quién está enojado con Europa, en concreto con la U.E. por su falta de colaboración en el conflicto iraní y los remilgos pacifistas?
Claro que uno no es experto en aspectos geopolíticos, y bastante está intrincada la situación internacional para que un ciudadano de a pie eche leña al fuego, por muy indignado que esté por la invasión de una parte del territorio nacional y, en consecuencia, se permita sospechar de una de tantas maniobras que nunca figurarán en los libros de historia contemporánea.