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José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

de periodistas del ministerio del interior

LISTAS NEGRAS: “documento de trabajo”, “finalidad informativa”, “de carácter interno”

Manuel Parra Celaya. Fue una tormenta en un vaso de agua, dicen. Tras las explicaciones de Interior en boca de su insigne titular (“documento de trabajo”, “finalidad informativa”, “de carácter interno”, “ninguna finalidad espuria”…), los partidos políticos, los medios de información y, lo que es peor, la sociedad española en general, han dejado poco a poco que no se produjera polémica y todo quedara limitado a un mal entendido.
    Pero lo cierto es que existía ese documento, al parecer desde 2024, donde se traza un listado de periodistas con especificación de sus tendencias o ideologías políticas y con matizaciones suficientes sobre su actitud crítica hacia el Gobierno y sus desaguisados.
    Como uno no es más que un aficionado que, de vez en cuando, redacta unas líneas como esta para alguna publicación digital y para sus amigos fieles, no le preocupa personalmente para nada que el Sr. Marlaska tenga a su disposición listados de adversarios o de partidarios; un servidor suele escribir lo que le viene en gana -siempre de acuerdo con una ética y un respeto al prójimo-, y no tiene miedo a ser encasillado. Y, si un día figurara mi nombre en alguna lista de ese tipo, me seguiría teniendo sin cuidado.
    Hubo un tiempo -allá por la Transición- en que me dedicaba a enviar cartas a los periódicos para las secciones que suelen denominarse “correo” u “opinión” del lector, donde, en teoría,  cualquier ciudadano de a pie puede decir la suya sobre cualquier tema; pronto me di cuenta de que existía un tipo de censura más férrea que la pasada, de la que se abominaba en aquellos años. A veces era más sutil y educada, con carta de agradecimiento por el envío y disculpas por su no publicación, pero normalmente ni se daba respuesta ni la carta en cuestión veía la luz.
    Me di cuenta pronto de que cada medio eliminaba de raíz cualquier texto que discrepara de la tendencia del periódico en cuestión, de la ideología que predominaba en la trasbotica o de la personal de las manos generosas de los que subvencionaban la publicación. Fui cayendo del guindo, en eso y en otras muchas cosas más o menos por la misma época. 
    Pero como, en el fondo, uno es bastante ingenuo, seguí con la práctica de esmerarme en redactar cartas (breves, eso sí) a los periódicos, dando mi opinión personal sobre muchas cosas; descubrí las crudas realidades: no existe la famosa libertad de prensa y ningún supuesto demócrata admite opiniones disidentes.
    Guardo de aquellos días una voluminosa carpeta donde figuran mis frustrados escritos con vistas a su aparición a la luz pública, los nunca publicados. Y a mucha honra…Curiosamente, solo en una ocasión tuve un pequeño disgustillo, casi doméstico, porque, en contra de la tendencia generalizada, un rotativo me publicó una opinión que no gustó a alguna pequeña jerarquía, pero no pasó de una anécdota que ahora comento con especial gracejo a mis amigos.
    Creo que la tendencia a imponer el silencio continúa, corregida y aumentada; he tenido constancia de que cierto articulista, cuyas opiniones compartía a veces y en una pequeña parte, ha sido expulsado del medio que solía frecuentar, con una seca carta de despedida del director donde se decía que, a partir de ese momento, se prescindía de sus servicios. 
    En esta especie de control son especialmente maestros los periódicos que defienden, en Cataluña, una línea nacionalista, de manera directa o taimada; el caso al que me refería se refiere a una de estas situaciones a las que he aludido; y no tiene nada que ver que la carta del lector vaya escrita en castellano o en catalán; lo dicho por si queda algún ingenuo por el mundo…
    En consecuencia, tengo la sospecha de que, aparte de las supuestas listas negras de que disponga el Ministerio que preside el Sr. Marlaska, cada medio tiene las suyas propias y desecha por sistema cualquier presunta comunicación pública que lleva estampada una firma no deseada. En el fondo, todo periódico es un negocio, y una inversión para los dadores, y no es extraño este proceder de censura en el marco de la sociedad en que estamos instalados; la mentalidad empresarial y financiera está muy por encima de cualquier derecho a la libertad de expresión, por mucho que esté confirmada en la carta de derechos de un ciudadano.
Haciendo omisión de los sistemas dictatoriales y/o autoritarios que pasaron a la historia en el siglo anterior, me parece recordar vagamente un intento (no pasó de ahí) de que fueran los sindicatos de rama de los trabajadores quienes dispusieran de medios propios de comunicación y opinión, y no solo para los sindicados, sino para toda la comunidad nacional; no se asusten, hablo de Perú, si la memoria no me falla, y fue una iniciativa de un estadista de esa nación, creo que se llamaba Alvarado, y se inscribió en los años 60 del siglo XX.
    Su propuesta quedó en el baúl de los recuerdos, del mismo modo que su proyecto de Reforma Agraria, glosado en una bella canción de M.ª Dolores Pradera llamada “Paso de vencedores”, en honor de aquellas frustradas iniciativas, tan políticamente incorrectas ayer y hoy. 
    En fin, a algunos aficionados, nos quedan -de momento- los periódicos digitales, pero estos también tienen enfrente, no solo el amarillismo mencionado de la prensa en papel, sino las famosas listas negras que pretenderán, sin duda, en el futuro, acallar las voces discrepantes en cualquier medio.
 

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