
Manuel Parra Celaya. Es muy curiosa la concomitancia que existe entre los partidos que gobiernan España -un actualizado Frente Popular- y la estrategia del reino de Marruecos, especialmente en relación con las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Para más inri, ahora está comprobado que la invasión, lejos de ser espontánea, venía organizada desde aquel país.
Por esa misteriosa relación, ninguno de ellos levantó la voz más de lo imprescindible cuando aquel brusco giro del Gobierno de Sánchez con respecto al antiguo Sahara español; y ello después de haberse llenado la boca de solidaridades con los saharauis. En la presente invasión de Ceuta, están haciendo verdaderas filigranas diplomáticas que nunca se puedan interpretar como acusaciones o protestas diplomáticas.
Nadie atina a vislumbrar los lazos (¿nudos corredizos?) que unen a la izquierda en el poder con Marruecos; se habla, soto voce, de “Pegasus”, pero me temo que esas sospechas formarán parte de esos misterios que han llenado la historia de España desde la Transición. Entretanto, el Presidente echa pelotas fuera y carga sobre una supuesta confabulación ruso-israelí, con la inevitable alusión a la ultraderecha; un agudo articulista, hace pocos días, comparó esa alusión con la judeo-masónica del Régimen anterior.
Lo cierto es que los ciudadanos nos quedaremos sin saber el misterio de esos entrañables vínculos de nuestros gobernantes con el reino alauí; el colmo de esa relación, o sumisión, ha sido la petición del PSOE para que sus afiliados no acudan a las manifestaciones de apoyo a la ciudad invadida; los más decentes de ellos han respondido con una higa…
Otros componentes de ese frente popular en vigor no se quedan atrás en bajarse al moro; así, por ejemplo, Podemos y Comuns en Cataluña , que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, convocaron manifestaciones alternativas con la novedosa consigna de “combatir el racismo” (¿), siempre en su órbita de fidelidad al pensamiento woke; en los Ayuntamientos donde tienen predominancia, se cuidaron de que las dos manifestaciones coincidieran, separadas por un espeso muro policial de los Mossos d´Esquadra.
Pero en estas líneas comento el caso de los separatistas en Cataluña (no digo “de Cataluña” porque aquí, como en botica, hay de todo, y muchos de sus fervientes y fanáticos militantes proceden de tierras de allende el Ebro); lo evidente es que han hecho piña con las apetencias marroquíes sobre Ceuta y Melilla, como no podía ser menos si tenemos en cuenta que son capaces de apuntarse a un bombardeo cuando se trata de atacar a España y su integridad; lo demostraron en su manifestación del día 2, frente a la pro-ceutí.
Las simpatías hacia todo lo que sea antiespañol vienen de muy lejos, pero en estas pocas líneas no me voy a remontar a un pasado más o menos lejano, que dejo para los historiadores no sometidos a las memorias democráticas, como el apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos a la independencia de Cuba; de hecho, si las banderas enarboladas por estos eran una copia de la Unión Jack, las de aquellos se inspiraron en los rebeldes cubanos, incluyendo el triángulo y la estrella de cinco puntas masónicos.
Pero miremos mucho más cerca en el tiempo. ¿Recuerdan ustedes a aquel político separatista llamado Àngel Colom? Sí, hombre, haga memoria, aquel que transitó de ERC a un P.I. de vida efímera, y, luego, a C.D.C., y fue nombrado “representante de la Generalidad en Marruecos”; de regreso de su aventura africana, dirigió la Fundació Nous Catalans (nuevos catalanes), con la pretensión de convertir a la sagrada llama del separatismo a todos los inmigrantes islámicos. Nunca sabremos con seguridad en qué acabó todo aquello ni las causas del fracaso de su propósito, pero lo cierto es que contribuyó a la islamización de nuestra Comunidad, por lo que debe merecer el agradecimiento de la actual “Acció Catalana” y de la Sra. Silvia Orriols.
Colom desapareció de la vida política, quizás como consecuencia de su implicación en el caso Palau de la Música o affaire Millet. Como no nos gusta hacer leña del árbol caído, correremos un tupido velo, y solo nos referiremos, de pasada, a los equilibrios del actual Junts (heredero de Convergència) para pactar o enfrentarse con la mencionada Acció Catalana, en vista del sangrado de votos y simpatías. Es una dialéctica que a un servidor no le interesa. Tampoco harán sangre estas líneas sobre el claro racismo (este de verdad) que subyacía en los movimientos separatistas -vascos y catalanes-…hasta el avatar del resultado de la 2ªGM; ahora, se sustituye en ambos casos con el culto al idioma como elemento de segregación.
Dejemos de tratar de esa historia lejana (prehistoria para muchos que han estudiado la ESO) y recordemos que, hace pocos años, concretamente en 2021, el inefable Puigdemont hizo unas declaraciones en que afirmaba que “Ceuta y Melilla eran herencia de un pasado colonial”. Lo dicho: siempre España y su unidad están en el punto de mira del separatismo, aliado del Gobierno sanchista en la actualidad. Parece que ahora ha insistido en el mismo dislate.
Frente a esta amalgama de complacencias, silencios o complicidades con la actual invasión, nos hacemos eco del sacrificio de la población ceutí y de las Fuerzas de Seguridad del Estado, cuyas instituciones no merecen la abnegación que están demostrando policías, sanitarios, bomberos y soldaditos españoles. La evidencia es que el pueblo español, la parte que se siente como tal, ha levantado su voz en las calles y plazas, aunque la sordera de nuestros gobernantes siga siendo una triste constante.