Home

Diario YA


 

José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

Cuando la verdad queda oculta detrás de las palabras

 Ángel Gutiérrez Sanz
 Ser buen comunicador hoy día es importante en todos los órdenes de la vida, lo es en el mundo de los negocios, de la publicidad, de la política, de la enseñanza, de las relaciones públicas etc. y la razón es bien sencilla. Vivimos tiempos en donde importa más la forma que el fondo, el relato más que la realidad, la apariencia más que la verdad misma. Por algo Lyotard define a la posmodernidad en que nos está tocando vivir como la era caracterizada por el “pensamiento débil”. Consecuencia inmediata de semejante situación la tenemos en el relativismo generalizado y un cierto sentimiento de animadversión en contra de Verdad absoluta, hasta el punto de ser considerada, enemigo público número uno, por imponerse de forma despótica a todo juicio humano, atentar contra el pluralismo social y cuestionar el sagrado principio de la democracia, según el cual todo se reduce a un juego de opiniones entre ciudadanos libres . ¿Cómo compaginar el sometimiento debido a la Verdad y al Bien objetivos con la voluntad libre y soberana del pueblo para poder decidir según su propia voluntad y gustos? 
Si partimos del hecho de que todas las opiniones son respetables es porque las consideramos legítimas y si esto es así, entonces debiéramos ser respetuosos con todas ellas y no poner trabas a algo que se supone está fundamentado en el derecho natural, pero bien mirado, semejante argumentación no pasa de ser pura falacia que confunde el ser con el parecer. En realidad, respetables en sí solo lo son las personas, en cambio, las opiniones pueden serlo o no, en razón del servicio que puedan prestar a la dignidad personal y no cabe duda que hay opiniones inspiradas en el odio, la venganza, el error o el revanchismo, expresiones, y discursos denigrantes que van en dirección contraria a la dignidad humana.  Recurrir a la libertad de expresión para justificar cualquier tipo de opinión o de discurso sería tanto como abrir las puertas a la maledicencia.     
 Estamos acostumbrados a ver, como los autodenominados demócratas se muestran abiertos, sí, a todas las opiniones que van en su misma dirección, pero se resisten a abrir las puertas del parlamento a quienes no aceptan las reglas de juego que ellos mismos han impuesto. Los disidentes para ellos son reaccionarios que hay que mantener al margen y cerrarles las puertas parlamentarias, hasta acabar con ellos.  Piensan que son peligrosos y lo mejor es tenerlos marginados y amordazados, sin que ello deba ser considerado como represión, sino simplemente un curarse en salud para no poner en riesgo la estabilidad del estado.  Cuando conviene, les oiremos decir que hay que ser pluralistas, porque una sociedad compleja como la nuestra así lo exige, pero cuando les interesa, cambiarán su discurso para trasmitirnos el mensaje de que no se puede respetar el cien por cien la diversidad de opiniones, porque si así se hace, pueden colarse los bárbaros y liberticidas, creando graves problemas de estado. En realidad, una democracia que lo aguante todo no es viable, nunca lo fue, ni nunca lo será. Por tanto, para estos forofos habrá que seguir condenando a muerte al antidemócrata Sócrates, como lo hicieron los sofistas, muy demócratas ellos, para que la juventud no se corrompa y habrá que quemar también a fuego lento, el diálogo “La Republica” de Platón, porque en él, se dicen verdades como puños que nos les gusta escuchar.  
Lo cierto es que las opiniones respetables no lo son en razón de su “pedigrí” democrático, sino porque se corresponde con la sustantividad de los hechos. Así, por ejemplo: La realidad sobre Dios es la que es y no depende para nada de que un parlamento democrático decida negar su existencia. La justicia y moralidad dependen de los dictámenes conformes a la ley natural y no de las leyes positivas caprichosas, que se colocan por encima de ella. Esto que debiera ser principios básicos de convivencia ciudadana, dejó de serlo, desde que Maquiavelo estableció un muro de separación entre ética y política, hasta llegar a decir que, por razón de estado, podía justificase cualquier atrocidad. 
La gente comienza a darse cuenta que algo no va bien en nuestra sociedad occidental y no son pocos los que estarían dispuestos a canjear algunos activos de libertad por una mayor seguridad y confianza. Fue Z. Bauman, una de las mentes más lúcidas de la posmodernidad, quien antes de partir, dejó sentenciado que: “La felicidad no está en ser libres del todo, sino en aprender a vivir con nuestras dependencias.”Debiéramos aprender también que solo somos hombres y que por encima de nosotros hay una Ley Universal que nos gobierna.
 

Etiquetas:Angel Gutierrez Sanz