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José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

El pueblo danés sabe de luchar por su territorio… y de perderlo

DAVID CONTRA GOLIAT: FEDERICO X DE DINAMARCA

Amadeo-Martín Rey y Cabieses
Doctor en Historia y en Derecho

Dinamarca es una vieja nación. Cuando los Estados Unidos de América estaban sólo en la mente divina, los reyes daneses ya reinaban sobre su país desde muchos siglos atrás.
El pueblo danés sabe de luchar por su territorio… y de perderlo. En el caso de Groenlandia no diremos como Lord Palmerston cuando en 1864 el político británico afirmó sobre el caso de Schleswig-Holstein: “Sólo tres personas han entendido realmente el asunto de Schleswig-Holstein: el Príncipe Consorte, que está muerto, un profesor alemán, que se volvió loco, y yo, que he olvidado absolutamente todo sobre el tema”. Pero lo cierto es que el caso groenlandés se ha convertido en un complejo dilema. En 1920, tras un plebiscito, Dinamarca recuperó el norte de Schleswig. La nación del famoso “Hamlet” ha perdido territorio en otros momentos: Escania en 1658 a favor de Suecia, el reino de Noruega cedido a Suecia, en 1814, tras 400 años de unión; o Islandia que se independizó totalmente en 1944. También debo recordar, -y esto tiene que ver con los Estados Unidos- cuando en 1917 vendieron la Indias Occidentales Danesas -hoy Islas Vírgenes- al gigante norteamericano, por 25 millones de dólares.
El asunto groenlandés es diferente. Trump, que entiende que debe preservar a toda costa el hemisferio occidental bajo su poder e influencia, consideraba que, para defenderlo de cualquier pretensión rusa o china, debía ocupar Groenlandia o, al menos, amenazar con hacerlo. A todo eso se sumaba el hecho de que Dinamarca pertenece, como Estados Unidos, a la OTAN, algo que complicaba las cosas. Por el momento, su acuerdo con Mark Rutte ha apaciguado los ánimos. Las consultas diplomáticas entre Copenhague, Nuuk y Washington han servido para rebajar la tensión. Y, por otra parte, se han dejado aparcadas por el momento las pretensiones independentistas groenlandesas. 
En realidad, bastaría con reforzar la presencia estadounidense en la zona. Las tropas danesas estaban listas para el combate, que, afortunadamente no ha sido necesario, aunque en la reciente visita de Federico X a Groenlandia ha estado en  Kangerlussuaq, centro de entrenamiento ártico de las tropas danesas, en claro guiño a la defensa de la soberanía de su país sobre la enorme isla.
En efecto, el monarca danés se ha paseado por los fríos territorios groenlandeses. Y esa visita realizada del 18 al 20 de febrero pasados, no es baladí. De hecho, su presencia despertó en la población local verdadera expectación y hasta pasión. Cuando destacó que el bienestar de los groenlandeses está "muy cerca de su corazón" estoy seguro de que no se trataba de una pose. El monarca danés se siente especialmente unido a ese cuasi subcontinente. Era la segunda vez que lo visitaba en menos de un año y esta vez lo ha hecho luciendo en su anorak las banderas danesa y groenlandesa. El poder de los símbolos: de esas banderas y del propio rey. Sin pronunciarse, sino sólo estando presente entre los suyos, hablaba sin hablar. 
Los reyes no suelen mezclarse en la realpolitik. Su papel está en influir, aconsejar, advertir, arbitrar o moderar, unificar y representar al país… O, como diría Bagehot, “animar, prevenir y ser consultados”, papel de los reyes en monarquías constitucionales y parlamentarias. Ya en 2000 Federico, aún príncipe heredero, recorrió la isla durante cuatro meses en trineo de perros en la patrulla de élite Sirius, de la marina danesa. Ese año la región más septentrional de Groenlandia fue bautizada con su nombre: Kronprins Frederik Land, Tierra del Príncipe Heredero Federico. En junio de 2024 hizo un viaje oficial con su mujer y sus hijos. El príncipe Joaquín, su hermano, le apoya plenamente en ese estar presente en Groenlandia y “mimar” a la población local. 
Federico X tiene un buen ejemplo en su abuelo Federico IX, adalid en la resistencia pasiva de su país ante el régimen nazi. Reinaba aún Cristián X y Federico era príncipe heredero. Con enorme dignidad se opusieron a la ocupación y a la colaboración con Hitler, siendo símbolos de la unidad del pueblo danés frente a la barbarie. Cristián X y Federico permanecieron en Dinamarca durante la ocupación, a diferencia de otros monarcas europeos que prefirieron trasladarse fuera de sus países. El rey danés y su heredero paseaban a caballo o en bicicleta por Copenhague, sin escolta ni armas, en franco desafío a la presión del Tercer Reich.
Por lo que respecta a Groenlandia, Cristián X fue el primer monarca danés en visitarla, en 1921. Pocos años más tarde, en 1933, el Tribunal Permanente Internacional de Justicia dictaminó que toda la isla pertenecía a Dinamarca, se rechazaron las pretensiones noruegas sobre el este de la misma y se llamó “Tierra de Cristián X” a una región al noreste. Bajo el reinado de su hijo Federico IX Groenlandia dejó de ser una colonia convirtiéndose en un distrito danés con representación y se estableció allí, en 1951, la Base Aérea estadounidense de Thule, ahora llamada de Pituffik. 
Todos los monarcas tienen sus retos en sus reinados. En el caso de Federico X, Groenlandia es hoy uno de los principales. A ese añadiré los movimientos soberanistas de las islas Feroe, la búsqueda de la transparencia, su compromiso social y con la sostenibilidad y el cambio climático, mantener altas las cifras de apoyo a la Corona, reforzar la unidad con su esposa la reina María y empeñarse en una correcta preparación del príncipe heredero Cristian. ¡Suerte Majestad!
 

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