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Diario YA


 

José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

EN EL CREPÚSCULO DE UN VIEJO SOLDADO

Juan Chicharro Ortega 
General de División de Infantería de Marina ( R )

Cuando uno alcanza el crepúsculo de la vida y se detiene a mirar atrás, el corazón se encoge y, al mismo tiempo, se llena de una luz tibia y dolorosa. Casi cuarenta años en la Armada desfilan como una película antigua, con sus colores desvaídos pero aún vibrantes de emoción. Veo al joven teniente que pisó las arenas ardientes del Sáhara, el buceador de combate que descendía a las profundidades oscuras con el pulso firme y el alma en vilo, los innumerables cursos de perfeccionamiento, las noches en vela en Centroamérica y las vigilias en la frontera de Montenegro con  Bosnia- Herzegovina… etc. Cada imagen lleva consigo el eco de disparos lejanos, de camaradas que ya no están, de banderas ondeando bajo cielos que ya no son los mismos.
Y entonces, como si emergieran de la niebla del tiempo, aparecen los rostros de aquellos viejos jefes. Hombres que habían luchado en la Guerra Civil, con la mirada endurecida por el sufrimiento y el pecho repleto de honor. De ellos heredamos algo más que técnicas o tácticas: heredamos virtudes que parecían eternas. Lealtad sin fisuras, amor a España sin condiciones, sacrificio callado, palabra dada que valía más que cualquier contrato. Eran de otra madera, de esa que no se pudre con los años ni se dobla con el viento político. Hoy, al recordarlos, se me humedecen los ojos.
Porque miro la España de ahora y el alma se me parte. Esa España que soñamos defender, que creímos eterna en sus esencias, se derrumba lentamente, como un viejo navío al que le han quitado los mástiles. Se aleja de aquellos ideales por los que nosotros dimos juventud, sudor y, en ocasiones, sangre. Ideas ajenas nos gobiernan, socialistas y comunistas en su raíz, que no entienden ni quieren entender la esencia secular de nuestra Patria: esa mezcla de fe, tradición, valor y sentido del deber que nos hizo grandes durante siglos. Duele verlo. Duele como duele ver morir a un padre.
Y entonces llega la pregunta que nos quita el sueño a tantos veteranos, viejos soldados y estropeados : ¿hemos sido capaces de transmitir estas virtudes a quienes vienen detrás? ¿Los jóvenes oficiales y soldados que hoy visten el uniforme han recibido el testigo completo, o solo una parte descolorida? Muchos de nosotros nos miramos las manos arrugadas, el cuerpo estropeado por décadas de servicio, y nos preguntamos si aún somos útiles. ¿Sigue teniendo valor lo que fuimos y lo que somos para esta sociedad que parece avergonzarse de su propia historia?
Algunos caen en el desánimo. Es humano. Otros, sin embargo, nos aferramos con uñas y dientes al recuerdo de nuestros padres. Ellos sufrieron más. Ellos perdieron más. Y sin embargo, siguieron adelante. Ese recuerdo es nuestra ancla. Por eso seguimos escribiendo, aunque nos llamen antiguos. Por eso permanecemos activos en asociaciones que se desvanecen bajo el embate de las nuevas corrientes que pretenden imponer un único y sectario relato de nuestra historia reciente . Por eso nos negamos a callar. Porque en el fondo de nuestro pecho late todavía la misma llama que nos llevó a las profundidades del mar, a las arenas del desierto y a las montañas de Bosnia.
Nada ha muerto.
Aunque parezca que el viento sopla en contra, aunque las organizaciones se debiliten y las voces se quieran acallar, la esencia de España no se apaga fácilmente. Ha sobrevivido a invasiones, guerras fratricidas y olvidos voluntarios. Sobrevivirá también a esta moda ideológica que, como todas las modas, pasará. Y cuando pase, espero que encuentre a un puñado de viejos soldados, ya muy estropeados pero aún en pie, custodiando la llama para entregársela a quienes, al final, la recogerán.
Porque España no es solo un territorio. Es un sentimiento. Es un compromiso. Es una herencia de honor que, mientras quede uno solo de nosotros respirando, seguiremos defendiendo con la misma pasión de aquel joven teniente que un día, con el corazón henchido, juró servirla hasta el último aliento.
Y así seguiremos, hasta que Dios disponga. Con la esperanza serena de que vendrán tiempos mejores. Tiempos en los que nuestros nietos, o los hijos de nuestros nietos, vuelvan a mirar con orgullo el uniforme que nosotros vestimos con tanto amor. No tengo duda de que así es. Los he visto en operaciones recientes y doy fe de que el testigo está en buenas manos.
España vive ¡ ARRIBA ESPAÑA !

 

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