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Salud materno-infantil:

La Fundación Madrina alerta sobre el impacto de la pobreza alimentaria en el desarrollo del bebé

Madrid, 7 de abril de 2026.- Con motivo del Día Mundial de la Salud, la Fundación Madrina —que este año celebra su 25.º aniversario de lucha incansable por la infancia y la maternidad vulnerable— activa una alerta sanitaria de máxima urgencia. La organización advierte que la combinación de pobreza alimentaria, precariedad habitacional y quiebre de la salud mental está generando daños irreversibles en los bebés antes incluso de nacer, convirtiendo la desigualdad social en una condena biológica transmitida de generación en generación.

 

España encabeza el ranking europeo de pobreza infantil: 2,7 millones de niños viven en riesgo de exclusión social y 2 millones padecen inseguridad alimentaria. Detrás de cada uno de ellos, hay una madre que ha gestado en condiciones de carencia extrema.

I. LA DESNUTRICIÓN: UNA HIPOTECA BIOLÓGICA QUE SE COBRA EN EL ÚTERO

Bajo el Enfoque Madrina, la desnutrición no comienza cuando el niño llega al mundo: comienza cuando la madre no puede alimentarse durante el embarazo. La ausencia de nutrientes esenciales —hierro, yodo, ácido fólico, vitamina D— en la dieta materna no es solo un problema de salud pública; es un ataque silencioso al sistema nervioso, al cerebro y a los órganos del bebé en formación.

 

Los datos que maneja la Fundación son alarmantes: se está registrando un repunte de patologías que se consideraban erradicadas, como los defectos del tubo neural (espina bífida), junto con un incremento sostenido de casos de bajo peso al nacer, retrasos madurativos y sistemas inmunitarios gravemente debilitados, que exponen a los recién nacidos a infecciones respiratorias graves y neumonías en sus primeras semanas de vida.

La lactancia materna —escudo biológico insustituible durante los primeros seis meses de vida— también está cediendo ante esta realidad. Actualmente, solo el 28% de las madres españolas logra mantenerla hasta los seis meses recomendados por la OMS, no por falta de voluntad, sino porque la malnutrición materna y la ausencia de políticas reales de conciliación se lo impiden.

 

"Cada vez que una madre no puede amamantar porque su cuerpo no tiene reservas, estamos privando al bebé de su primer sistema de defensa. No es una elección: es una consecuencia de la pobreza."

— Osbel Díaz Luis, médico de la Fundación Madrina

 

II. LA CASA QUE ENFERMA: PRECARIEDAD HABITACIONAL Y ESTRÉS QUE ATRAVIESA LA PLACENTA

Vivir en un piso patera, en una habitación sin ventilación, en un local acondicionado de manera precaria o bajo la amenaza constante del desahucio no es solo una vulneración del derecho a la vivienda. Para una mujer embarazada, es un factor de riesgo clínico de primer orden.

 

La Fundación Madrina ha documentado un mecanismo tan invisible como devastador: el estrés crónico derivado de la inseguridad habitacional eleva los niveles de cortisol en la madre, y esa hormona del estrés atraviesa la placenta. El feto queda así expuesto a un baño hormonal que interfiere directamente en el desarrollo del sistema nervioso central, aumentando el riesgo de alteraciones psicosomáticas, trastornos del comportamiento y dificultades de aprendizaje en la infancia.

 

A esto se suman las consecuencias físicas del entorno: la humedad y la falta de ventilación favorecen las infecciones respiratorias; el frío en invierno y el calor extremo en verano provocan deshidrataciones y complicaciones gestacionales. Las paredes de una infravivienda no son solo un problema de confort: son una amenaza real para dos vidas.

"Vivir en una habitación sin ventanas con el miedo constante al desahucio mientras estás embarazada te quita el aire y el hambre. Sin el apoyo médico y alimentario de Madrina, mi hijo no habría nacido sano."

— Madre beneficiaria de la Fundación Madrina

 

III. LA SALUD MENTAL: LA CRISIS INVISIBLE QUE NADIE VE VENIR

Tras la pandemia, la Fundación Madrina ha registrado un deterioro acelerado y preocupante de la salud mental entre las madres en situación de vulnerabilidad. Los casos de depresión posparto, ansiedad severa y comportamientos autolíticos se han multiplicado entre mujeres jóvenes y adolescentes, algunas de las cuales presentan estas problemáticas desde los 11 años.

 

La soledad, el estigma social, la falta de red de apoyo y las dificultades administrativas para acceder al sistema público de salud convierten la maternidad en una experiencia al límite para quienes más lo necesitan. Una madre que no recibe atención psicológica adecuada no solo sufre ella: su estado emocional impacta directamente en el vínculo con el bebé, en la lactancia, en la estimulación temprana y en el desarrollo emocional del recién nacido.

 

Los datos de mortalidad confirman el deterioro sistémico: desde 2020, la Fundación ha detectado un repunte de la mortalidad infantil y materna en España, quebrando la tendencia de mejora sostenida que se mantenía desde mediados del siglo XX.

 

IV. LA RESPUESTA DE MADRINA: 2.500 INTERVENCIONES AL AÑO PARA SALVAR VIDAS

Ante la incapacidad del sistema público para dar respuesta a quienes quedan fuera de él por razones administrativas, económicas o sociales, la Fundación Madrina actúa como red de seguridad sanitaria de último recurso. Desde su Centro de Salud Integral, lleva a cabo más de 2.500 intervenciones anuales que incluyen atención ginecológica, pediátrica y psicológica a familias en situación de exclusión.

 

Veinticinco años de experiencia en la primera línea de la exclusión han permitido a Madrina desarrollar el Enfoque Madrina: una metodología integral que entiende la salud de la madre y el bebé como un continuo indivisible, donde la nutrición, la vivienda, la salud mental y el acceso a derechos básicos no son variables independientes, sino factores mutuamente condicionados que deben abordarse de manera simultánea.

 

V. 13 RECOMENDACIONES URGENTES PARA EVITAR UNA GENERACIÓN PERDIDA

La Fundación Madrina insta a las administraciones públicas a adoptar con carácter de urgencia las siguientes medidas:

    Inversión en infancia: elevar el gasto público a un mínimo del 7% del PIB, equiparándonos a las naciones más desarrolladas de nuestro entorno.
    Extensión de la licencia de maternidad: ampliarla a 96 semanas para garantizar la lactancia materna exclusiva y el correcto desarrollo del sistema nervioso central del bebé.
    Salario Base Maternal Universal: ayudas directas para proteger la nutrición y la estabilidad emocional de la madre gestante en situación de vulnerabilidad.
    Acceso universal e incondicional a la sanidad: garantizar el seguimiento obstétrico y pediátrico sin barreras administrativas ni de residencia legal.
    Protección habitacional prioritaria: provisión de suministros básicos —energía, agua, calefacción— para hogares vulnerables con mujeres gestantes o bebés lactantes.
    Red de salud mental perinatal: creación de unidades especializadas en salud mental durante el embarazo y el posparto, accesibles y gratuitas.
    Programas de apoyo a la lactancia materna: con asesoras de lactancia en todos los centros de salud y hospitales públicos.
    Detección precoz de malnutrición materna: mediante protocolos específicos integrados en la atención prenatal del sistema público.
    Alojamiento de emergencia para gestantes sin hogar: con atención médica y psicosocial incluida, sin requisitos de empadronamiento ni situación administrativa regular.
    Comedores y bancos de alimentos gestacionales: con menús diseñados específicamente para cubrir los requerimientos nutricionales del embarazo.
    Formación en salud materno-infantil: dirigida a profesionales sociales, educativos y sanitarios para la detección y derivación tempranas.
    Coordinación interinstitucional efectiva: entre servicios sociales, sanidad y vivienda, para una respuesta integral que no deje a ninguna familia en tierra de nadie.
    Reconocimiento legal del riesgo social como riesgo sanitario: para que la pobreza y la exclusión sean consideradas factores de vulnerabilidad clínica en los protocolos de atención prenatal y pediátrica.