
Eres Rey, pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18,36). Tu señorío, tu majestad, tu dignidad regia, se manifiestan en el escondimiento del seno virginal de María, del pesebre de Belén, de los años de vida oculta en Nazaret, de la Cruz, de la Eucaristía, en las manos del sacerdote, en la vida del alma. Corazón regio de Cristo, que sólo reinas allí donde te ocultas.
Fuiste llevado por el Espíritu al desierto y allí el diablo te tentó durante cuarenta días (cf. Lc 4,1-2). Cuánto enseña la sequedad y la aridez del desierto, sus noches frías y solitarias, sus estíos implacables, y sus soledades
“Su madre conservaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón” (Lc 2,51). Cuánto sabe del Hijo y del Padre el corazón de la Virgen Madre. No ha habido dos corazones más cercanos y unidos que el María y el de su Hijo.
Redacción. Será el cuarto concierto organizado por la Fundación Excelentia para preparar y difundir la JMJ y colaborar en la financiación del ‘Fondo de Solidaridad’ de la Jornada. Tendrá lugar el 23 de junio, a las 19h30, en el Auditorio Nacional de Madrid. Stephen Layton, especialista en música barroca y director de la City of London Sinfonia, dirigirá el concierto.
“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘dame de beber’...” (Jn 4,10). Aquella mujer samaritana que llegó a sacar agua del pozo recibió el don inmenso de conocer a Jesús mientras le ayudaba a saciar su sed
Aquel día, en el monte Tabor, Pedro, Santiago y Juan pudieron contemplar anticipadamente la gloria con la que un día también ellos habrían de ser transfigurados. Sólo le acompañaron a la cumbre de la montaña los mismos apóstoles que después habrían de acompañarle, desde el sueño, en la postración de la noche de Getsemaní.
Obedeciste a la voluntad y al querer del Padre hasta la muerte y una muerte de cruz. Obedecías siempre al Espíritu Santo, que internamente alentaba y ungía de divinidad cada uno de los momentos de tu existencia
¡Cuántos eternos anhelos, escondidos desde siempre en el corazón trinitario de Dios, se vieron colmados y satisfechos aquella tarde en el cenáculo de Jerusalén!
Lo diste todo. Hasta despojarte de tu condición divina y tomar la condición de siervo (cf. Flp 2,7). Te hiciste el más pobre de los hombres sólo porque así quería el Padre que se operase la redención. ¡Cuánta pobreza y cuánta nada en aquel seno virginal de María! ¡Qué corazones tan pobres los de aquellos apóstoles que iniciaron la Iglesia! ¡Cuánta pobreza y cuánto despojo en la Cruz! ¡Cuánta pobreza en las manos del sacerdote que te ofrece en la Eucaristía
Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto (cf. Jn 12,24). ¡Cuánta fecundidad, cuánta vida albergó la tierra al acoger en su seno aquel cuerpo desclavado de la Cruz! Corazón sepultado, anonadado hasta el extremo de confundirse con la tierra y llegar al límite de la nada, sólo por enseñarme el amor del ocultamiento.