
Fidel García. El 7 de junio de 1926 un tranvía atropelló a un hombre triste y silencioso, que caminaba como siempre hacia su trabajo, antes entró, como todas las mañanas en la Iglesia de San Felipe Neri, esta vez para confesarse. Después iba a su trabajo como todas las mañanas; el día anterior había dicho a sus colaboradores, “mañana venid temprano que haremos cosas bonitas”. Iba indocumentado y la Guardia Civil lo confundió con uno de los muchos mendigos que vagaban por las calles, lo trasladó al Hospital de la Santa Creu, donde un sacerdote de la Sagrada Familia, que andaba por allí, lo identificó como Antonio Gaudí. Murió a los 73 años en plena dedicación a la catedral de los pobres. Así es como se conoce popularmente la Sagrada Familia a donde se dirigía cuando sufrió el accidente y para cuyas obras llegó hasta pedir limosna.
Ignacio Buqueras y Bach. Desde el sábado, 29 de mayo, el templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, del genial arquitecto reusense Antonio Gaudí -1852/1926- ha abierto sus puertas después de 7 meses cerrado por la pandemia. Su aforo, por medidas sanitarias, es del 70 %. En principio, solo abrirá por las mañanas los fines de semana. 2.555 personas el sábado de su apertura pudieron admirar: la fachada del Nacimiento, los tres pórticos representando el nacimiento, infancia y adolescencia de Cristo, y dedicadas a las virtudes fe, esperanza y caridad; con dos columnas con escenas de la vida de José y Maria; todo ello con un estilo artístico imposible de clasificar: un estilo gaudiniano, nuevo y único. Gran parte de la obra de Gaudí fue declarada por la UNESCO, en 1984, Patrimonio Mundial, en su primera declaración en relación con España. En 1985 añadió cinco obras más.
