
Finalmente el titular del Juzgado de Instrucción Número 41 de Madrid, Juan Carlos Peinado, ha llamado a declarar como investigada a Begoña Gómez. Lo hará el próximo 5 de julio a las 10:00 de la mañana. La mujer del presidente Pedro Sánchez, tendrá que comparecer en sede judicial por la presunta comisión de los delitos de corrupción en el sector privado y tráfico de influencias. Así ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) en un comunicado.
El presidente del Partido Popular reprocha a Sánchez que supiera la situación judicial de su esposa desde antes del 25 de abril y la tapara, y le exige una explicación por esta investigación por corrupción y tráfico de influencias. “Usted no se fue a reflexionar, se fue a preparar su defensa”, subraya. Recuerda que un alto cargo de su Gobierno investigado reconoce amaños en adjudicaciones, que hace una semana el juez que investiga a su esposa recibió cartas de amenaza y se queja de injerencias de la Fiscalía
Luis Losada Pescador. El PSOE retira su proyecto de Ley de Suelo para evitar un nuevo revés parlamentario que se sumaría al rechazo a su ley anti proxenetismo. Como buen adolescente, el sanchismo responsabiliza a otros de su propia incompetencia y fracaso. En este caso, dirige las culpas al PP, con quien no había negociado la Ley. ¿Pretendían que además pagarán la cama? Ahora toca explicar la parálisis al sector y a los alcaldes que siguen en un limbo jurídico. ¿Para cuando la desregulación que permitiría democratizar la vivienda? Los socios del ‘cambiacolchones’ empiezan a estar hartos. Tienen la sensación de que el sanchismo les ningunea de manera sistemática. “Las lentejas no son buen negocio”, dicen. Vamos, que hay que hablar… El ‘cambiacolchones’ responde deslizando que hay que revisar la vicepresidencia de Yolanda Díaz. Si me subes la apuesta, lanzo un órdago. Jugando fuerte. El problema es no llevar cartas…
Hay una ‘ley de hierro’ del sanchismo: su rendimiento electoral es directamente proporcional al incremento del chantajismo secesionista. Esa ley funciona desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa; el domingo, en Cataluña, también. Los socialistas y medios afines están celebrando con mucho estruendo unos resultados cuya difícil materialización política sería un ‘tripartito de izquierdas’ en compañía del independentismo de la Esquerra y del soberanismo plurinacional de los Comunes. Esa hipótesis aumenta la presión secesionista sobre Sánchez en dos frentes: el autonómico y el nacional. En Cataluña, está por ver que ERC se integre en esa suma y en qué condiciones -desde el punto de vista constitucional, necesariamente imposibles- una vez desplazado el liderazgo del independentismo a Junts.
Luis Losada Pescador. Domingo 12 de mayo. Día D. Las elecciones catalanas decidirán el próximo futuro de España. El político, el económico y el financiero. Veamos. Hay quien dice que Puigdemont no para de subir en las encuestas que le colocan por encima de ERC, pero de momento por debajo del PSC. ¿Y si hace el ‘performance’ de entrar en España antes de las elecciones y tensar la cuerda judicial? En todo caso Alejandro Fernández tiene claro que Illa no será presidente de la Generalitat. No porque no gane las elecciones, sino porque es el “mayordomo” de Sánchez que le pedirá quemarse en la hoguera por aquello de la gobernabilidad del país…
Que este Gobierno está fuera de control empieza a ser una evidencia. Después de la estrafalaria pausa para reflexionar de Pedro Sánchez se proyecta la impresión de que cualquiera hace la guerra por su cuenta. El Gobierno se ha convertido en una tropa sin dirección en la que sólo cuenta la arbitraria voluntad de su presidente quien, a la vista está, únicamente concibe la política como una simple proyección de “su persona”.
Manuel Parra Celaya. Acabado el sainete (o vodevil, esperpento o frustrada rima becqueriana, como deseen) de Pedro Sánchez y sus lamentos de amor, hablaremos de cosas más serias y preocupantes.
¿Puede extrañar a nadie el resultado de las pasadas elecciones autonómicas del País Vasco? Yo no encuentro estupidez más clamorosa que los lamentos por lo que llaman “despego constitucional”, pues se trata de un problema de mucho más calado: de un despego a la noción de España. Y a la vuelta de la esquina -en una semana- contemplaremos, si Dios no lo remedia, otro desentendimiento -o animadversión- semejante, en cuanto se vean los resultados de los comicios en Cataluña.
Luis Losada Pescador. Pedro Sánchez es fácil de entender. Basta con aplicarle el coeficiente inverso. La realidad es exactamente lo inverso de lo que verbaliza. Dice ahora que quiere luchar por una “política limpia”. ¿Por qué no empieza en casa?, ¿que hará para depurar las responsabilidades históricas del EREgate? Más allá del reproche judicial, ¿qué consecuencias internas tendrá sobre Chaves y Griñán? Y más actual, ¿qué sanción tendrán los ministros que participaron en la trama Koldo?, ¿cree que con el sacrificio de Ábalos el cortafuegos está asegurado? Y sobre todo, ¿ayudará a la Justicia a esclarecer los negocios de su mujer y el al menos aparente tráfico de influencias?
El lector del Diario YA tenía razón en la encuesta planteada por este medio. Pedro Sánchez seguirá al frente del gobierno, amenaza veladamente a los jueces que no siguen su doctrina y llega a justificar su decisión para "no relegar a la mujer al ámbito doméstico".
Estas son sus frases más destacable y llamativas:
Se pueden aventurar, con bastante fundamento, tres conclusiones del despropósito al que estamos asistiendo después de que Pedro Sánchez hiciera pública su “Carta a la ciudadanía”, una pieza inclasificable salvo en la irresponsabilidad que delata y la maniobra efectista que conlleva. La primera es que algo grave ha tenido que percibir Sánchez para embarcarse en esta iniciativa. Una gravedad que puede venir de un desfondamiento psicológico -poco probable-, de un desagradable horizonte judicial con casos oscuros de corrupción y relaciones peligrosas de su entorno, o de una complicadísima situación política derivada de los imposibles equilibrios a los que está condenada para mantener una coalición de gobiernos tan disfuncional y destructiva. La segunda es que el plazo que Sánchez se ha dado no tiene explicación si, de verdad, se tratara de un tiempo para reflexionar sobre su futuro. Cinco días son muchos y si fuera cierto que ese es el periodo que Sánchez necesita para decidir sobre su futuro estaríamos ante un dirigente hamletiano, lo que no encaja en absoluto con lo que Sánchez tiene acreditado.